Vuelve Gila.

Por situar la cuestión, el pasado domingo noche, en el programa “Liarla Pardo”, emitido por La Sexta, la reportera se desplazaba a Marinaleda a buscar a los cuarenta y cuatro vecinos que en las pasadas elecciones autonómicas habían votado a VOX. “Vamos a señalar a los 44 votantes de @vox_es en un pueblo como Marinaleda, y a difundirlo en un medio de comunicación”, se refería en redes sociales y, por lo que pudo verse en el programa, a los damnificados no les debía llegar la camisa al cuerpo. “Aquí podría vivir un votante de Vox”, informa. Y hasta la puerta del supuesto votante de Vox se desplaza la periodista con el cámara para tratar de poner voz y rostro a uno de esos votantes. Sólo hubiera faltado que llegaran desde el desvío de Estepa con un megáfono locutando “Señora, ha llegado a su localidad el localizador de votantes de VOX…” por ir creando expectación en un pueblo con ambientillo de parque temático de la Rumanía de Ceaucescu.

Asistamos a este descenso a los infiernos que está significando la posmodernidad, en el que los elementales derechos indiscutibles se van poniendo en fila como bolos ( ayer la presunción de inocencia, hoy el sufragio universal libre y secreto, mañana ya veremos ) para írselos tirando a otros, siempre a otros, al albur del vociferío,  y enmendado la plana a la Declaración de Derechos Humanos de los Demás, porque siempre hay una excusa que coloca en un escalón a mi derecho frente al tuyo, un embudo democrático y virtuoso.

Hoy, la responsable del programa y posteriori a su emisión, ha dejado dicho que el reportaje fue desafortunado y ha pedido disculpas, levantando una ola de solidaridad y comprensión. “Oye, que ha pedido disculpas”. Ah, estupendo.

Mientras, a Paco, el de la tienda de comestibles de Calle San Pedro, ya le habrán contado el chiste de Gila actualizado. “Pues si no te gustan las purgas, vete del pueblo”.