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Esta película ya la he visto

Para mi que esa estadística de pernoctaciones la he visto ya antes...

Esa estadística de pernoctaciones la he visto yo antes…

 

La imagen que tengo, como ciudadano, de la actividad política no es, de entrada, ni buena ni mala: es previsible. Abrir el periódico u oir la radio me causa una extraña sensación de deja vú. “Esto ya lo he oído antes”, pienso, y si no fuera porque el tabaco sube de precio y mis hijas crecen de estatura, creería que me han encerrado en un tortuoso chiste sin gracia que se repite sin principio ni fin.

Hay cosas que se repiten y gustan. Esa canción que cuando suena en la radio subes el volumen, la tapa de ensaladilla rusa que siempre pides o una película imán que no puedes dejar de ver aunque la repongan todas las semanas. Otras, sin embargo, han conseguido arrancarles todo interés, toda curiosidad, hasta el punto que parece siempre la misma canción. Un ejemplo: Fitur. Sus cifras, sus asistentes, las previsiones, la presencia de Málaga, la presencia de Andalucía, su estand, la visita de los Príncipes, la ruptura de la estacionalidad, la ampliación de la oferta, el sol, la playa, el turismo cultural, Picasso. Esas cifras ya las he escuchado yo, ese tonillo, esos latiguillos, esas frases hechas. No se si se aprovechan las crónicas de un año para otro, o los informes, sacándoles el bajo para que sirvan un añito más. ¿Por qué no hacen la prueba de la intrascendencia de esa información? Que salga alguien y diga que el turismo anglosajón ha incrementado su presencia en una ratio inversa de 3, que los turistas toman más helados en agosto, y que se quiere fomentar que los consuman especialmente en Mayo – por exigencias de producción -, que se han firmado convenio de colaboración con el Buró Internacional de Gestores de Trabalenguas y Amigos de la Cria Caballar para potenciar la presencia de Málaga, de Andalucía y de España en los Campeonatos Mundiales de Petanca, que tendrán lugar en Kuala Lumpur en 2020 y que este año, en lugar de cumpleaños feliz, le han cantado al Príncipe “Paquito el Chocolatero”. Nadie se sorprendería, porque nadie habría prestado atención.

Hacer que las cosas importantes resulten tediosas es el arte de la letra pequeña, y nada ata más que el desentenderse.

 

Verdades, ¿universales?, ¿eternas?

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Seguro que han oído hablar del experimento de los monos y los plátanos (aquí lo cuenta Antonio España fenomenal así que no les voy a cansar: Lo privado funciona en la sanidad también) lo explicaron originalmente  Gary Hamel y C. K. Prahalad en su libro Compitiendo por el futuro y creo que demuestra como a veces sin saber porqué se siguen haciendo las cosas de una manera que ni es la mejor ni nos gusta, pero que la rutina se empecina en enquistar, esto pasa en casi cualquier ámbito de la vida pero cuando pasa con la “cosa” pública uno tiene la sensación de que entre todos debemos de cambiarlo.

Existen muchas y seguro que a ustedes se le ocurrirán decenas, una de ellas ocurre en la gestión de proyectos de la administración, se ha establecido como norma ad eternum que el político debe decidir qué se hace y llama a un técnico y éste dice cómo se hace, se forma así una especie de estructura de compartimentos estancos en la que en muchas ocasiones difícilmente se pueden depurar responsabilidades cuando algo ocurre.

Hoy en día desde casi todo se puede modelar (les recomiendo que echen un vistazo cómo se puede aprender de este asunto en Model Thinking) y si bien no se pueden predecir al cien por cien lo que pasará si se pueden tomar decisiones sobre los grandes proyectos con una fuerte dosis de certidumbre, desterrando así el indeseable método de prueba y error, no porque sea un asunto poco científico sino porque cada error en dicho método suele significar una gran cantidad de dinero, por supuesto de los contribuyentes.

Los políticos ya deben saber como hacer las cosas y si no saben, y deben hacerlas los técnicos, sobran.

Las inversiones se pueden hacer en función de parámetros objetivos y basadas en criterios concretos, y así se debe hacer y no al revés buscando informes o estudios que avalen caprichosas decisiones.

Si hace falta un metro se hace un metro y si no se puede pagar, ni siquiera se estudia esa posibilidad,  y si un tranvía es capaz de resolver un problema no se hace un metro.

A la hora de diseñar soluciones casi nunca se usa la solución que resuelve algo en el cien por cien de los casos, no se puede diseñar una red de saneamiento como si todos los días fueran cómo el pasado 17 de noviembre en Málaga, eso sería costosísimo e inútil por mas que los políticos se dediquen a decir  lo contrario de cara a la galería.

Estos son los problemas y las consecuencias de tener un gran numero de responsables públicos cuyo bagaje es más dentífrico que científico, sí dentífrico pues parece que solo saben sonreír para salir en la foto.

Así nos va.

Fotografía de Alexis Miranda Villarán