Reparto de acreditaciones

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A pocas horas de que se conozca si Madrid albergará los Juegos Olímpicos de 2020, en un perseverante cuarto intento, el reparto de acreditaciones de buen español vuelve a  manifestarse como el auténtico deporte nacional, por encima del fútbol,  el tenis y aparcar en doble fila.

Hay que reconocer que ser buen español, y, por extensión, buen andaluz o buen malagueño, se ha venido convirtiendo en un marchamo difícil de obtener y más difícil todavía de mantener, ya que exige una constante voluntad de comulgar con ruedas de molino, y las titulaciones de  perito en interpretar silencios, catador de sapos y aparcero de sueños. Se exige mantener la fila, con pie firme, caiga lo que caiga, y repetir la frase que por turno corresponda. Si toca defender una guerra, una presidenta salida de una chistera o el funcionamiento de una ciudad, no hay ni puede haber crítica, duda o comentario, al estilo de don Antonio Cánovas: “Con la patria se está, con razón o sin ella”.

En un país en el que el engaño de los gobernantes a sus ciudadanos es de manual, en el que no hay verdad dicha en rueda de prensa que cien días dure ni cuerpo que la aguante, en el que la realidad – tan tozuda – pone en evidencia sin sonrojo a unos y otros, el carnet de patriota se reparte por adhesión inquebrantable a los Juegos que pueden ser, y se retira a los que opinan que ojalá no fueran.

Pero pretender que aplaudamos unos Juegos bajo la excusa de que ya está todo prácticamente  hecho y de que generarán indudables beneficios en términos de  ingresos, empleo, turismo o imagen pública, según el informe elaborado por Price Waterhouse Cooper  para la candidatura, sería de risa si no escondiera de nuevo la cruel zanahoria de la recuperación económica. “Créase esto y apláudalo: puede que el trabajo que ahora no tiene esté ahí”.

Yo es que me creí lo de las ayudas a la banca, lo de “para que fluya el crédito”, y que no le costaría ni un euro al contribuyente. No sé si el carnet buen español me lo convalidan con eso o tengo que irme al patio de Monipodio a que me roben otra vez la cartera.