Remitido por El Ofensor del Lector. Los deberes capitales.

San Cristobal

 

 

Por recibido el anterior escrito, firmado por el Sr. Ahab, en su calidad de Ofensor del Lector, únase al hilo de su razón. Se tienen por realizadas las manifestaciones en el mismo contenidas, a los efectos oportunos, y dese traslado de las mismas al aludido, por si quisiera hacer valer su legítimo derecho de réplica.

 

Los deberes capitales.

Esta absurda publicación sigue regodeándose ominosamente en el disparate, incluso a pesar de mi presencia disuasoria, a la par que elegante. El señor Ríos Padrón, del que se rumorea incluso que es abogado, lanza hoy mismo una invectiva desquiciada contra la figura incuestionable de Juan Ignacio Zoido, el alcalde de la capital. El argumento no puede ser más peregrino, “deje de discutir y haga sus deberes”, y solo demuestra una cosa, el muy abyecto ignora por completo cuales son los deberes del alcalde de una capital, los deberes capitales. Sí, sí, no protesten señorías, los ignora por completo.  Pero dejen que les alumbre. Las primeras referencias a los deberes de un buen alcalde de capital las encontramos ya en la Biblia:

Antiguo Testamento, Génesis, 9, 11

El pacto que contraigo con ustedes es que, en adelante, ningún ser viviente morirá por las aguas de un diluvio, ni habrá nunca más diluvio que destruya la tierra.

Antiguo Testamento, Génesis, 4,10

Mira, Señor, que yo nunca he tenido facilidad para hablar, y no me ha ido mejor desde que hablas a tu servidor: soy torpe de boca y de lengua.

Nuevo Testamento, Carta a los Hebreos, 13,17

Obedezcan a sus dirigentes y estén sumisos, pues ellos se desvelan por sus almas (…). Ojalá esto sea para ellos motivo de alegría y no un peso, pues no les traería a ustedes ventaja de ninguna clase.

Nuevo Testamento, San Mateo, 1, 9

Debería haber escrito a la Iglesia, pero le gusta tanto el mando que no nos hace caso.

Antiguo Testamento, Jueces, 15,3

Entonces Sansón les dijo a todos: «Esta vez, si hago algún perjuicio a los filisteos, no les deberé nada».

Antiguo Testamento, Daniel, 8, 13

Debía enviarse una copia de esa carta a cada provincia y darse a conocer a todos los pueblos; en el día señalado los judíos estarán listos para vengarse de sus enemigos.

Pero, si es que esto no dejara ya suficientemente claro el asunto, podemos recurrir también a Santo Tomás de Aquino, que ya en el siglo XIII nos hablaba profusamente de los deberes de un alcalde de capital, “Un deber capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel deber como su fuente principal. Los deberes capitales son aquellos a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada”, e incluso nos los enumera:

  • Orgullo, soberbia.
  • avaricia
  • glotonería
  • lujuria
  • pereza
  • envidia
  • ira

De dónde, sin más extenderse, cualquier ignorante puede ver claramente que Zoido, no solo no ha faltado a sus deberes, sino que los ha cumplido con fruición, entrega e incuestionable devoción. A todas luces. Y espero que desde estas páginas se le sea reconocida debidamente esa innegable labor, y el señor Ríos Padrón entienda que nunca es tarde para disculparse, ni para dejar la abogacía.

Suyo atentamente,

Capitán Ahab,

El Pequod, a 12 de diciembre de 1851.