Qué alegría más grande. Yuju.

imageDoriano Romboni falleció ayer en un accidente en la carrera homenaje a Marco Simoncelli, fallecido en un accidente en carrera. La vida a veces tiene esas imágenes incomprensibles, uno lee la noticia del fallecimiento de un piloto en la carrera homenaje por el fallecimiento de otro piloto y sabe que algo está mal, que algo no cuadra, que algo chirría, no sabe exactamente qué, pero no puede terminar de entender completamente la imagen. Como en los dibujos de Escher, hay algo desencajado, forzado, distorsionado, que perturba todo el cuadro pero que no se ve a simple vista. ¿Habría que hacerle ahora una carrera homenaje a Doriano Romboni, fallecido en una carrera homenaje? Algo va mal, lo que sea.

Lo mismo pasa con el Cubidou, algo no cuadra en el retrato. Se levanta uno y encuentra juntas las noticias sobre la Gran Recogida y la euforia por el anuncio del acuerdo con el Centro Pompidou, y sabe que algo va mal. Málaga tiene ya el Picasso, el CAC, el Thyssen, el Soho, casi un 40% de paro, toda la obra civil enfangada, la asistencia social pública y civil saturada y, de remate, un problema crónico y enquistado con la limpieza. Y la Providencia nos envía otro gran museo, francés. Vale, muy bien, pero algo no termina de cuadrar en la imagen, un nosequé chirría. Uno tiene que alegrarse por la ciudad, y trata de arrancarse por bulerías, pero no termina de verse cantando. Esto atraerá el turismo cultural, colocará a Málaga en el mapa y dejará un retorno seguro. El retorno, el retorno, lo veo. Pero no salen las bulerías. ¿Cuánto aporta marginalmente sumar otro gran  museo a la ciudad de los grandes museos? ¿Se acabarán canibalizando entre ellos? ¿Estaremos perjudicando al Picasso, o al CAC, o al Thyssen, más que sumando mercado?

E incluso da igual, tampoco es posible saber cuánto puede sumar o restar el Cubidou ni siquiera con el proyecto ya funcionando, cuánto menos sobre previsiones. ¿Cuánto ha sumado el Thyssen a la imagen cultural de Málaga y a su mercado turístico? ¿Más o menos de lo que costó, y cuesta? ¿Cuánto suman el CAC o el Picasso independientemente? ¿Cuánto retorna cada uno? Es materialmente imposible saberlo, pero entendemos, de alguna forma, que el CAC y el Picasso son un éxito, y el Thyssen un capricho. Y que quizás ya es suficiente de momento, no va más en apuestas museísticas por ahora. Con la que cae. Y con lo que vemos cada día. Y no porque sea incompatible, o completamente incompatible, con intentar arreglar el resto de problemas de la ciudad, sino porque hace que algo no cuadre, que algo pinte raro. Que no se termine de ver. Venga, va, otro museo. Que sí, vale, pero ¿cuántos tenemos ya? ¿Y lo del Metro para cuándo? ¿Y cómo llevamos lo del paro? Y no es que sea incompatible acabar el Metro o reducir el paro con abrir otro museo más, ni muchísimo menos. Pero deja ya un regusto como si nosotros fuéramos a setas y ellos a rolex, fundado o infundado. Y resulta ya muy jodido, tal y como tenemos el patio, con todo, volver a encontrar euforia e ilusión de nuevo con el nosecuantos gran proyecto museístico para la ciudad. Y ponerte a dar saltos. Entiéndanlo.

Chandler decía que todas las mujeres son iguales, a partir de la novena. Otro gran museo más, qué alegría más grande. Venga. Yuju.