Poemas Gratis

Smith-Corona, Olympia, Olivetti, Adler-Royal, Canon, Brother y Nakajima esta retahila de nombres que bien podían ser tipos de cigarrillos, ginebras modernas o títulos de cine independiente son las más conocidas marcas de máquinas de escribir, que han existido desde que se inventaron, y que ya han dejado de usarse.
Las máquinas de escribir han pasado a formar parte de elementos de adorno tanto en las tiendas de decoración en Tribeca, esas que luego salen en el Telva, como en despachos de abogados nostálgicos esos, que entre ley y ley hablan en latín, y sueñan con desempolvar una Smith-Corona para escribir la novela de la vida que no vivió.
También hay cientos de ellas en los trasteros, a oscuras, tapadas, metida en una caja, algunas no son ni bonitas, no son útiles ni para tirarlas, se quedan a la espera de que una mudanza haga su labor de selección natural y aligere las cada vez menos pertenencias de creación que ni son bits ni generan bits.
Porque una máquina de escribir es un conjunto de minuciosas y precisas piezas de metal que convierte tinta y papel en átomos de novela, ensayos o poesía, únicos e insustituibles.
Y eso eso es lo que el otro día me encontré paseando por el Palmeral de las sorpresas, una sorpresa en forma de poemas gratis.

La curiosidad hizo que me acercara y buscase un poema que sabría que me iba a costar algo, al principió supuse que dinero para el colorado y hambriento sombrero, pero no podía imaginar lo que al final acabó costandome.
Al fondo parecía apreciarse la posible factoría de los poemas, el poeta y su máquina de escribir

Al fondo el puerto donde las gruas mueven contenedores como las plumas de las molestas gaviotas se caen.
Entre tanto cogí un poema…

lo abrí y la suerte quiso que fuera un poema de amor:

El miedo de enamorarse
quizás,
no es ya un poco de amor?

 

y lo que pensé que era una tranquila tarde de paseo que me iba a robar unos euros en forma de donativo al rojo sombrero, acabó siendo un pellizco en forma de poema de amor.
Enamorarse, miedo, amor, duda y Málaga con su Farola de fondo testigo de esta bonita sorpresa que esta vez sí haciendo honor a su nombre me trajo El Palmeral.