Obituarios

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La casualidad había querido reunirlos allí, en ese momento. Cuando llegó, los demás ya lo estaban esperando. A estas cosas uno no sabe cuando va a irse o llegar.  La habitación estaba llena de humo. A su edad y fumando puros, bueno, ya no importa, pensó. Sara siempre ha sido igual. Mito, fetichismo y provocación; para eso estaban allí. Él ya sabía lo que Bigas quería, una historia de amor en la vejez. Las viejas sirenas y su amante lesbiano, vestido de mujer para follárselas o viceversa. El tipo de cosas que atraía a quien, como ellos, profundizan demasiado en la espesura.

A lo largo de su vida, con sus libros, él había profundizado demasiado en la espesura. En los últimos años, su discurso se había liberado del capitalismo caduco y su paternalismo había tenido mucho éxito. Su claro sentido común iluminaba en un tiempo en el que muchos deseaban ser deslumbrados. Sabía que al director solo le interesaba su forma de tratar con viejas sirenas y mujeres mayores, no sus ideas económicas y sociales.

Había una cuarta persona en la habitación, durante su tiempo de agonía no pudo enterarse que la casualidad los reuniría para escribir una última escena. El pelo cardado. La boca pequeña con los labios pintados de rojo, de ese rojo que usan las mujeres de su temperamento. Y ese par de ojos, ojos como puntas de alfiler que se clavan en los de uno.¿Un economista? Pregunta ella entre carcajadas. Un humanista, contesta él. Eso la enfureció. Mírate, no solucionaste nada. Yo me creé a mí misma. A Merkel y los mercados los creasteis vosotros, y no queréis aceptar las consecuencias. Sí, el capitalismo mata, como la vida, por eso estamos aquí. Sus palabras sonaron como un latigazo en la habitación vacía.

Divertida con la teatral escena, Sara da otra calada al puro, mientras sonríe a Bigas al darse cuenta de que le mira las tetas. ¿Estará Bigas, ya, echando de menos el sabor de tortilla de patatas y jamón al mirárselas? Entonces, lo comprenden, la eternidad es lo que transcurre entre calada y calada de Sara; y la verdad, solo es el dibujo cambiante del humo de un puro.