Nuremberg

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Reconozco que tengo una extraña tendencia a alinearme con el bando perdedor. Lo he hecho toda la vida, sintiendo simpatía por los Confederados, los héroes del Baler, la familia del Sha de Persia y el Partido Popular.

 

¿Perdedor el Partido Popular? Si. Por mucho que haya administraciones donde no se recuerde otra alcaldesa o presidente, por mucho que tengamos en cuenta que ostentó las responsabilidades de gobierno de la nación desde 1996 a 2004 y desde 2011 al presente día, tiene un aire de “second best”, de vicepresidente quinto al que, por un azaroso quiebro del destino, lo han colocado al volante del autobús y que sabe que está allí, que está mandando, pero que es sólo una solución vicaria, que un día tocan a la puerta y tiene que recoger los lapiceros, la foto de los niños, la felicitación del día del padre y el pisapapeles que compró en Paris, meterlo todo en una caja de cartón y volver a la quinta planta, a hacer la siempre tediosa pero cómoda oposición.

 

Y así viven, con el corazón como un gorrión, perpetuamente agitado, a que algo pase y que se tenga que ir. No por irse, que ya tiene el cuerpo hecho, sino por ese sofoco de las personas de bien cuando ocupan un asiento en el avión que no es el suyo, esperando a que no se cubra y llega su legítimo titular y lo reclama. “Ese asiento es el mío..Vea…14 A..” “Huy…ejem…pues si…me he debido equivocar”.

 

Fuera del maniqueismo de buenos y malos con que se puede afrontar la política por los ciudadanos, convictos y votantes irredentos, mi particular taxonomía de los partidos los divide entre los que se lo creen y los que no se lo creen. Y el Partido Popular, lamentablemente, no se lo cree. Frente a ellos, los hay mesiánicos como Izquierda Unida que siguen atravesando el desierto convencidos de que ellos son los elegidos, y los titulares, como el PSOE, a los que alguna lesión los aparta del terreno de juego, pero contando con que se recuperan en tres partidos y vuelven con renovado ímpetu. Esa seguridad del PSOE le ha llevado a remontadas apoteósicas y a mantenimientos contra toda apuesta, porque, al fin y al cabo, lo que hayan hecho mal ha sido sin malicia, frente al natural perverso de la derecha, que siempre obra dolosamente. Frente a una misma tangana, la derecha miente, mientras que la izquierda decepciona, siendo juzgada de forma mucho más suave, pues no ha habido intencionalidad.

 

Resulta también que el Partido Popular siempre tiene en viento en contra. Por ejemplo, nadie se ha acordado de argumentar que el incumplimiento de un programa electoral por un partido electo supone la ruptura del “contrato electoral”, la deslegitimación del mismo para gobernar y, en consecuencia, su obligación de dimitir en bloque y convocar elecciones anticipadas hasta que le toca al PP. Nadie se lo reclama al PSOE, por ejemplo, en Andalucía, posiblemente porque no hay incumplimiento: se dice que no habrá recortes en gastos sociales, sanidad y educación; sin embargo, se llevan a cabo – por activa o por pasiva – y si a alguien se le ocurre señalar ese extremo, sale una Consejera o un Consejero, dice que eso no es verdad y desaparece el incumplimiento por ensalmo. Cuestión de convicción en quien lo dice, y de fe en quien lo escucha.

 

En ese viento a contramano se le vienen todas las hojarascas a la cara, y lo que no se habían exigido a otros gobiernos, se lo exigen a ellos. ¿Injusto? Puede. Pero a los gobiernos se viene estudiado y llorado. Estudiado porque no creo que personas inteligentes supongan que el contrario les vaya a dar muchas facilidades, y es su obligación hacer las cosas que hacen los gobiernos con probidad, rectitud, claridad y eficacia, máxime cuando, en el contexto de las elecciones de 2011, el ánimo de sus votantes – y de no pocos de sus no votantes – era encontrar un gobierno que actuara probidad, rectitud, claridad y eficacia.  Con una mayoría absoluta y el público entregado, los penaltis hay que tirarlos con decisión, dando por el hecho que el portero va a hacer lo posible por pararlos. Y al gobierno se viene llorado. ¿Te han engañado con el déficit? Tonto eres, por habértelo creído ¿Te montan huelgas? ¿Critican medidas que son imprescindibles? ¿Critican con dureza tus actos, incluso los más nimios? Nadie te obligó a presentarte, así que cada lamento que lances es tiempo que pierdes en ponerte a trabajar.

 

“Dios mío, dame paciencia, pero dámela YA”

El Partido Popular debería de cambiar de agencia de publicidad. Creo que uno de los problemas fundamentales que tiene es que parece un grupo de amateurs metidos a pilotar un avión, cuando realmente no es así. El que más y el que menos ya tiene la mili hecha, y deberían haber valorado en qué momento entraban en escena, y que esperaba el respetable. Supongo que deberían haber intuido que se les exigían medidas de gobierno, adoptadas para solucionar una gravísima situación económica, y dotadas de las virtudes de los frijoles mágicos: hace usted un hoyito, riega abundantemente, y en tres meses tiene usted el déficit a cero, paro meramente estructural, y todo el mundo contento.

Se han tomado medidas. Que sean acertadas o no, lamentablemente, exigirá esperar a su periodo de maduración, y la garantía de acierto no es predicable de una acción de gobierno, dado que no es una ciencia exacta, ni para el Partido Popular ni para ningún otro. Lo que si se exige es la capacidad de generar confianza que es lo que hace al soldado reprimir su instintivo deseo de disparar a bulto, pero atiende la orden del sargento que espera hasta verle el entrecejo al enemigo. Y hay que reconocer que es difícil mantenerla en situaciones límite, pero, también, es en esas situaciones en las que la desbandada acelera la llegada del mal que se pretendía evitar.

 

“Ola, Mariano, K ase?”

 Si la base de una acción de gobierno eficaz es generar la confianza de quienes esperan soluciones a sus problemas, Rajoy ha dejado que desear. Esperábamos a un salvador y nos hemos encontrado con un señor con barba, al que muchos le han acentuado sus defectos, y que casi nadie le cuenta sus virtudes. Se esperaba un arranque más resolutivo y decidido, exigido por las circunstancias y amparado por una mayoría de gobierno, y, sin embargo ha contemporizado ajustando lo que era urgente y necesario a determinadas situaciones coyunturales, sin que se haya visto verdadera decisión o contundencia en las medidas adoptadas; a vista de pájaro, este año holgado de gobierno me parece titubeante, a medio camino entre hacer las cosas que hay que hacer, pero sin molestar mucho, lo que lleva a que nadie quede contento: ni los que piden la medida, ni quienes la rechazan.

 

Confío – no tengo otra – en que en el tiempo que resta, una cierta mejoría económica permita desahogarse de lo inmediato y buscar esas reformas de gran calado que parecen necesarias.

 

“Toma el dinero y corre”

Hablar del PP y no hablar de Bárcenas y sus papeles me parecería deshonesto. Barcenas no es una criatura nacida al calor de Génova 13: todos los partidos tienen sus Bárcenas, en las salas de máquinas, con su forma de hacer las cosas, que nadie sabe o nadie quiere saber, que ponen una vela a Dios y otra al Diablo. Sus notas, oportunamente filtradas, son una prueba de fuego de la integridad del partido del Gobierno, y del propio Gobierno, y aquel debe dar una respuesta tajante y convincente a este órdago.

 

En las redes y en los medios de comunicación ya he leído verdaderos tratados caligráficos sobre las notas. Ayer, en Génova, solo faltaban teas ardientes para escenificar un linchamiento en toda regla. Parece que todo el mundo formó ayer una convicción sobre los hechos, en base a los datos que se habían publicado, mientras los más cercanos al Partido Popular guardaban silencio, estupefactos. Personalmente tengo mis dudas, posiblemente por deformación profesional, pero tengo una cosa clara: hay una medida de la gravedad de las cosas, y no habría que esperar a la exigencia de responsabilidades para que, de ser cierto que los altos cargos del Partido Popular cobraron sistemáticamente sobresueldos opacos, nadie tenga que decirles que se vayan, sino que motu proprio, vayan saliendo en fila.

 

Pero ¿ qué hacemos con los demás? ¿No es grave el escándalo de los EREs en Andalucía, por ejemplo? ¿Aplicamos la teoría de que eran “unos cuantos golfos” y condenamos a Bárcenas y a uno que pasaba por allí? ¿Dimite el Gobierno andaluz en pleno o nos convencemos de que el “patio” es como el de la canción infantil, que cuando llueve mucho sólo moja a la mitad?. Si hay que poner una raya en el suelo y decir “Hasta aquí hemos llegado”, que sea así y para todos; de lo contrario, no va a ser dignidad, sino vendetta.