Manifiesto

Blade LaMalagaModerna

 

 

MANIFIESTO DE LA MALAGA MODERNA

 

Nos hemos preguntado si para vivir bien en Málaga, más allá de los tópicos de la bondad de su clima, la simpatía de sus ciudadanos y la belleza de sus atardeceres, era necesario emigrar a Australia y echarla de menos. Los problemas para la obtención de visados o de la propia residencia, atendidas nuestras profesiones y empeños, nos han llevado a abandonar ese plan, quedarnos e intentar reflexionar sobre si hay algo que cambiar en Málaga, qué debería cambiar y qué ciudad nos gustaría encontrarnos dentro de cincuenta años.

 

Queremos ser, por tanto, una via no dogmática de debate y propuestas, no una máquina de lanzar panfletos al tuntún. Como no nos pagan por este empeño, lo haremos con cariño y de forma errática. A veces, casi inexistente, fijándonos en pequeñas cosas, proponiendo ejemplos nimios o intentando, con una actitud abierta y respetuosa, cambiar las propias reglas de los debates que, a veces, se suscitan en la ciudad.

 

No servimos a ningún interés, más que al interés de mejorar la ciudad; no elaboraremos ningún Plan Director, ni posiblemente seamos llamados por los poderes públicos para conocer nuestra opinión, máxime porque nuestra función no es alimentar opiniones, sino facilitar que las mismas se manifiesten y se contrasten.

 

Rechazamos el lonchafinismo argumental, ligado directamente al panfletismo. Entendemos que la respetabilidad de las ideas o de las propuestas tienen que venir sustentados en argumentos y datos, expuestos respetuosamente y debatidos si excitan la controversia. Nos parece más interesante una conversación a dos que un megáfono a mil. Más que nada, por el ruido que hace el megáfono. Queremos oir proyectos, no ocurrencias que se agotan en el mismo instante en que se dicen, de mayor trayectoria que el de formar parte de un programa electoral.  

 

Las conclusiones serán las que cada uno sea capaz de extraer. Las opiniones, las que cada uno sea capaz de argumentar y defender. Las consecuencias puede que sean las de, al menos, cambiar las formas de extraer conclusiones, sustentar opiniones, aparejar argumentos o defender los mismos.

 

Como dijo Chandler, “Me gusta la gente con modales, algo de intuición social, una educación ligeramente por encima del Reader’s Digest, gente cuyo orgullo de vivir no se exprese en sus aparatos de cocina o en sus automóviles”. Son a quienes queremos oir, con quieres queremos hablar.