Lo que toca, toca.

Silencio

 

 

Hablemos de lo que toca, porque hablamos de lo que toca. Y lo que toca no lo marcamos ni tú, ni yo, ni ese señor de la esquina. Hablamos de lo que toca cuando toca, ni antes ni después: se forma el revuelo, arden las columnas en un incendio controlado, se apaciguan las aguas y se acabó. Eso ya está más que hablado, con el regusto del periódico de ayer, abandonado en la barra del bar con las manchas de café y el crucigrama hecho.

 

No sé quién organiza la agenda de lo que toca, si hay diferentes “lo que toca” según administraciones, grupos de interés o conciliábulos o si “lo que toca” tiene una vida propia, ajena a los intereses de los ciudadanos, de los contribuyentes y público en general, como una especie de tuits programados, que van saliendo sea cual sea la realidad. Hoy tenía ganas de hablar de la degradación de la zona de Lagunillas, o que, por ejemplo  en Roma y Londres, los niños montan gratis en autobús hasta los 10 años, en Boston no pagan hasta los 14 años, y en París niños entre los 4 y 9 años pagan la mitad de precio.  Tenía ganas de que alguien hablara de lo que esperan encontrar los turistas cuando llegan a Málaga, después de haber visto a grupos desmadejados subiendo por Calle Larios a las nueve de la mañana, y saber qué contarán esos visitantes de esta ciudad cuando vuelvan a su tierra ( “Muy bonitos los estancos”, “El plato típico de Málaga es el helado de yogourt”).

 

Pero parece que toca hablar de Aznar, mientras que los últimos de Filipinas acaban con Mourinho y hay una expedición en Rusia.

 

Menos mal que Montano ha citado a Antonio Hernandez Mancha: me ha alegrado el dia.