Lo importante

Armisticio 2

 

 

 

Hace unos dias, decidí darme unas vacaciones de Twitter. Como eso no ha curado mi insomnio, me he leído tres libros ligeros ( Harry Flashman está viniendo a ser lo que El Corsario Negro era en aquellos veranos sin televisor), he tomado notas para un artículo sobre la vista de calificación en los procedimientos concursales y me estoy planteando si acabar mi doctorado o estudiar otra carrera.

 

Creo que si me doy de baja de Wassap podré estudiar francés con suficiente aprovechamiento como para leer con soltura “El Conde de Montecristo” y discutir con una tendera Normanda sobre la frescura de las zanahorias en su puesto del Marché des Enfants Rouges.

 

Si pongo un poco de empeño y constancia, y me dejo el teléfono en casa, posiblemente pueda completar la caminata de noventa minutos por las pistas forestales del Club Hípico, sin necesidad de tener que llevar una bombona de oxígeno a la espalda, y podré maldecir a quien se le ocurriera hacer unos viales que asustarían a un sherpa.

 

Reservado el ímpetu de dar una opinión, y reconducido a meditarla, he empezado a tener serias dudas sobre la mayoría de los sucedidos de los últimos años, y sobre la totalidad de los que quedan por venir.

 

Y en este prestar más atención a lo reposado, vaya mi enhorabuena a Gabriel Insausti, por el Premio Alcántara de Poesía y, sobre todo, por su maravilloso “Cifras”.

 

Cifras

 

Para Juan, en su octavo cumpleaños

 

Sólo hay en el mundo 400
rinocerontes blancos (quizás alguno menos
cuando llegue al final de este poema).

Hay 300 secuoyas colossalis
que saludan al sol antes del alba,
entre 80 y 90 sinfonías
que justifican la creación del hombre
y 50 películas, tirando por lo alto,
con las que pueda comprarse Stromboli.

Hay 23 ó 24 códices
dispersos a propósito, extraviados
para que llegue siempre en hora
la misma claridad a todas partes
y sólo 11 cuadros de Leonardo
que, cuando se ha cerrado ya el museo,
reordenan minuciosas las miradas 
que han recibido por el día.

A mí, tan poco diestro en matemáticas,
la escasez me supone un acicate:
hay unas pocas -¿8, 9?-
islas en las que el hombre nunca ha estado,
6 continentes, 5 océanos, 2 polos
y un solo tú, irremplazable.

O ni siquiera eso: únicamente
hay este que estás siendo ahora
apoyado en la mesa, con los labios muy prietos
igual que un número quebrado,
mientras hacíamos juntos los deberes
-“Un campo de maíz produce al año…”-
y yo cuento los días que nos faltan.