Las clases medias, el oso pardo y otras especies en vías de extinción

Hartos de pagar

 

 

Tengo unos amigos que, con los ahorros de su trabajo, compraron un apartamento. Ese apartamento- qué tontería, pensar en el futuro – lo compraron con la finalidad teleológica de poder utilizarlo como colchón económico para pagar los estudios de sus dos hijos, de 8 y 6 años. Mientras, lo alquilan por temporadas a turistas que no quieren ir a un hotel, sino que prefieren, por mil motivos distintos, alojarse en el centro de la ciudad, vivir Málaga de una manera distinta, mas cercana y más familiar. Lamentablemente, estos amigos, además de dar un trato personal y exquisito a sus huéspedes  y que, como consecuencia de ello, muchos de ellos repitan de forma cíclica, declaran esos ingresos a la Hacienda Pública, de manera que una actividad que les da no pocos quebraderos ( anuncios, entregas de llaves, reparaciones, atención, información, etc) tiene como remuneración poder pagar parte del préstamo hipotecario que grava el inmueble. Parte.

Posiblemente resultaría más amable a este gobierno decir que tengo unos amigos que forman parte de una banda terrorista. Pero lamentablemente, mis amigos forman parte de una banda a la que Rajoy y sus ministros combate con mucha más dedicación y esfuerzo: la clase media. Esas personas, parejas o familias que son la mortadela entre las dos partes del bocadillo, son esos peces  cautivos en un estanque a las que se el Gobierno les ha puesto precio a su cabeza, y se la está cobrando. Son elementos peligrosos: empleados, funcionarios por oposición, profesionales independientes que no han recibido una subvención ni una ayuda, que ni siquiera van a por una receta de la Seguridad Social por no molestar, que pagan sus impuestos y sus deudas sin haber encontrado más lotería que el trabajo, el ahorro y la economía.

Pues como estos, unos 300.000, según he oído en la radio esta mañana. Y todos en peligro de extinción