La política es como un paquete de chicle…

Cuando era joven tuve la suerte de poder hacer la mili. Digo trabajar en una agencia de publicidad multinacional. Es más o menos lo mismo. (De hecho el director general de la agencia era ex espía). Es más, tuve la enorme suerte de pasar mi tiempo de formación en el grupo que trabajaba para Procter&Gamble. Porque si alguien sabe cómo hacer comunicación, es esta empresa.

Una cosa que recuerdo son las instrucciones muy precisas del Cliente sobre qué se podía y qué no se podía decir que hace el producto. (Queridos estudiantes de Ciencias de la Comunicación, es así de triste). Era muy interesante ver cómo estas instrucciones (llamadas “brief”. No, “briefing” no.) se transformaban en un spot de televisión. Uno que nunca ganaba premios, pero siempre generaba ventas. ¿Os he dicho ya que Procter&Gamble hace comunicación como nadie?

De ahí mi costumbre, al ver un spot, de intentar averiguar qué ponía en el brief del Cliente y cómo consiguen hacernos creer lo que en realidad no pueden decir, pero les gustaría mucho, porque así es como nosotros nos desprenderíamos de nuestro dinero y compraríamos su producto.

El mejor ejemplo son los anuncios de chicle sin azúcar que te hacen pensar que previenen la caries, cuando en realidad lo único que dicen es que su producto “es beneficioso”, “ayuda a equilibrar”, “contribuye a prevenir”. No “imprescindible”, no “equilibra”, no “previene”. Pero claro, te ponen la cara de una chica con dientes perfectos a toda pantalla mientras te lo dicen, y tú te lo crees todo.

He vuelto a pensar en la diferencia entre lo que vemos en una pantalla y lo que pensamos que vemos esta misma mañana, al leer este artículo.

“…Un irreverente discurso que indigesta la comilona…”. Mmmm… A ver el vídeo…

¿Alguien ha visto la reacción del público?… ¿Platos de comida sin tocar en el restaurante del hotel?…

Yo he buscado, pero sólo he encontrado esta foto:

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Entonces empecé a imaginarme el brief…