La amabilidad perdida

La amabilidad es un valor en franca decadencia.

Ya es tendencia que los desabridos alcancen las posiciones más relevantes.  La sociedad interpreta que si usted saluda, dialoga y agradece sinceramente, entonces es un pusilánime destinado a papeles secundarios. Por contra, si se muestra altivo, faltón y desconsiderado, muchos verán en usted a un líder inquebrantable. Cuando alcance la suficiente maestría en el uso de la soberbia y el desdén podrá llegar ser ministro, presidente de un banco o director general de una empresa pública.

Pero el líder del tiempo presente no debe caer en la simpleza del uso indiscriminado de la acritud; los malos modales funcionan tan sólo hacia abajo en la escalera de los intereses político-económicos y serán inversamente proporcionales a la simpatía y adulación que deben ser extendidas hacia el escalón superior.

Así que  si usted aspira a morar cerca del poder olvide el genuino respeto al prójimo por la mera razón de serlo. No desperdicie tiempo y energía siendo amable  y considerado con cualquiera. Claro está, salvo que encuentre un excelente motivo para serlo.