Imágenes del mundo flotante. El rápido vuelo de la vida.

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Con un pie delante y el otro detrás, el peso del cuerpo perfectamente repartido entre ambos en perfecto equilibrio. No es fácil dejar de pensar y mantener la mente en blanco, pero el ritual de montar la flecha en el arco es una buena manera de vaciar la cabeza. Le ayuda mucho mirar la flecha, admirar su ligereza, su belleza e imaginar como será la pureza y perfección del vuelo. Está en un espacio construido solo con sombras, nada le parece material. La gradación de la luz -desde el negro más oscuro hasta la línea más brillante- le ayuda a sentirse aislado, fuera del mundo, sin ninguna distracción, solo concentrado en su objetivo. Empieza a tirar de la cuerda para dar la tensión exacta que necesita para cubrir toda la distancia y clavarse con la suficiente firmeza. Busca el punto de equilibrio necesario para acertar, cuando lo encuentra, la flecha esta colocada y las cuerdas en tensión máxima; la fina línea entre sus dos manos se convierte en el eje de su universo, su cabeza está vacía y no piensa en nada más que en donde va a terminar la flecha. Inmovil. Está preparado. Deja de respirar y suelta el pellizco con el que une la cuerda con cola de flecha. Cierra los ojos y se deja ir con ella. Siente la aceleración, su vuelo, el túnel del vértigo, la punta abriéndose paso el aire. Siente como pincha, los filos cortando y rajando buscando el sitio de donde sacar de la carne, toda la vida los más rápido posible resbalando por la caña y tiñendo de rojo la ropa. El sonido de la flecha al clavarse le ha hecho abrir los ojos. Su corazón, hasta entonces parado, empieza a latir más rápido. Nota la descarga de adrenalina que confunde con el placer y satisfacción que le produce la contemplación de la muerte

Entre el primer recuerdo y el último, el rápido vuelo de la vida.

Y por eso hoy, de mi memoria,
elegir lo mejor de la vida
y su rápido vuelo
que termina como siempre sucede,
demasiado pronto