Ilusión

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La edad nos va haciendo inmunes a la ilusión, esa esperanza que carece de fundamento en la realidad, pero que tanto calienta y alimenta, que tanto nos hace apretar el paso, volver la mirada, esperar en un reflejo, desear una llamada, un “si, quiero”, un abrazo de un amigo, un beso de un ser querido, un “me acordé de ti al ver esto”. Nos vamos aferrando a la realidad cruel de los adverbios que no admiten amparo, y que nuestra falta de fe los hace infalibles. Vencen el nunca y el siempre porque no ha quedado nadie para agitar la bandera del “ y si resultara…”.

 

La ilusión es una mentira para todos los públicos, un tratamiento eficaz contra lo automático de lo irremisible, ese factor sorpresa que desconcierta, un resultado imprevisible, la bella extravagancia de saltarse la regla.

 

Como dijo Pessoa, “Se têm a verdade, guardem-na!”. No quiero el parte meteorológico: solo espero que llueva.