En busca de la canción de amor que nos hará libres I Franco Battiato, la estrategia del derviche

Where´s the love song to set us free? Esta quiere ser una serie de relatos sobre las canciones que guardan polvo en las estanterías de la memoria, en los discos del pensamiento débil, en los cassettes de bucles de cinta, en los archivos que nadie encuentra. Esas canciones sobre las que deslizo los dedos o el cursor del ratón y cambian continuamente de sitio sin avisarme. Esta es la música que sonaría en una tarde de agosto entre los pinos de Ortaköi, en el iPod en el vuelo de Hong-Kong a Osaka o en las calles de Londres bajo la lluvia que ni 100 paraguas son capaces de parar. Es la que bailaba en las pistas subterráneas y después en los campos del amor; con la que me echaban de las discotecas y bares llenos de humo a esas horas en las que no quería que nada terminase. La canción desconocida de aquella película que ahora me acompaña en las noches de insomnio. La banda sonora de una generación que su única identidad es no tener identidad. Y, cómo no, esa canción para ver el mundo, girando despacio, quedarse sin tiempo, y con la que nos quedamos sin tiempo.

Reunámonos en el año 2000.
¿No será extraño al haber crecido completamente?
Ve a las 2 a la fuente, al final de la calle.

A las Puertas del Cielo

¿Te acuerdas cuando los veranos duraban más de un verano? Yo, lo que más recuerdo, de esa época, es esta canción; ni los coches, ni las carreteras, ni las estaciones. Estaba en una cinta de cassette o como se llamase, por una cara tenía grabada a Gigliola Cinquetti y por la otra a Nicola di Bari. No se si el aparato tenía autorreverse o el auto-eject se unía a la pericia del que le daba vuelta, pero la cinta no paraba de girar. Parecía que no existía el tiempo esperando que sonase ella, los climax del viaje llegaban con ese estribillo: “A las puertas del cielo, al confín de los mares”. Todos cantábamos con la Cinquetti, suavemente, mecidos por su voz, imitando su limpio fraseo y sus suaves consonantes. Balanceaba las manos fuera del coche en aquellos tiempos en los que la inocencia y no la seguridad te protegía de los descuidos. Muchos años por la N-340, en las caravanas de ida y vuelta; el aire caliente y los nervios por llegar a la playa en busca de la canción perfecta.

Centro de Gravedad Permanente

En los primeros años 80, mis veranos ya eran más cortos, estaba en otras “cosas” y había olvidado los anteriores a las puertas del cielo. Cinquetti había sido sustituida por la Carrá, Umberto Tozzi, Ricci Poveri y muchos más italianos sin apenas interés, música para usar y tirar.

De pronto, la música empezó a cambiar; new wave británica, tecno-pop, movida española. Entre todas esta nueva ola aparece un extraño e inclasificable personaje, entre la tradición de la música italiana y las nuevas olas británicas: Franco Battiato. Con un solo single en italiano y de difícil primera escucha consigue encumbrarse como uno de los músicos europeos y mundiales más conocidos y respetados. Hoy, todavía, sus canciones se bailan y se cantan como en un karaoke religioso por sus seguidores. Todo entendido o DJ influyente tiene entre sus discos alguno de este italiano.

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Toda una vida dedicada a la música pero no es un músico pop típico de drogas, sexo and rockandroll. Vive con su madre en Sicila, a las faldas del Etna, alejado lde toda la industria discográfica. Battiato es ese músico al que todos conocen y todos desprecian. Al menos a primera vista, si su biografía no es interesante, su pinta lo es menos. Su pinta, su voz y sus letras son poco comprendidas, pero que al final siempre te enganchan, tejen una leyenda de amor y odio. Sus canciones son una decena de píldoras encadenadas que funciona por separado o todas juntas en una mezcla explosiva.

Centro de gravedad permanente. Los vídeos de los ochenta son víctimas de su época, no aguantan el tiempo, parecen un Bitelchus de cinco minutos de Tim Burton. Nariz, gafitas redondas, coletilla, pantalones estilo Steve Urkel y esos bailes tan ochenteros, mejor no recordarlo.

Necesito un centro de gravedad Permanente. Me gusta la mención al las matemáticas, física y geometría como algo que dibuja la perfección de la canción Estribillo cantado por barítonos, gran influencia de la ópera en la música italiana. Desde la primera vez que la escuché se ha convertido en un cdg permanente dodecafonico en mi vida.

Nómadas

En los descansos entre sus viajes, en las noches de invierno, Marco Polo narra a Kublai Kan las maravillas y las costumbres de la gente que vive en “Las Ciudades invisibles”. Quizá el maestro Italo Calvino está en su cabeza o en las de los que lo escuchamos.

Una noche cuenta cómo bailan esas gentes de las ciudades invisibles. Empieza con un suave “Yo Quiero Verte Danzar” y con la estrategia de un derviche, va girando tres veces en torno a la habitación. Con los brazos extendidos, una palma de la mano hacia arriba para recoger la gracia de Dios y otra hacia abajo para repartirla al mundo, girando sobre la espina dorsal para alcanzar el éxtasis y la comunión con dios. El ritmo irá desacelerándose hasta terminar con un vals. Esa noche terminó con un “Sentimiento Nuevo”. Una anatomía de como hacen el amor las civilizaciones de esas ciudades. Tumbado en el diván de Freud el Eros se hace palabra.

Otra noche cuenta las historias de amor, mezclando las suyas con las que ha ido escuchando. Los espejismos de “Los Trenes de Touzeur” que pasas por ciudades abandonadas, ciudades que vieron los ojos de los judíos deportados por Mussolini. Después “La Estación de los Amores” viene y va; y llegará sin avisar, ya verás, te sorprenderá. Volverá y no sabemos lo que durará. Las oportunidades viajan en los trenes de Tozeur, vibles para unos y unos espejismos para otros. Esa noche terminó con “Perspectiva Nievski” mezcla de los días de la revolución rusa. Un suave piano, leve como copos de nieve; Nijinsky, Stravinsky y las danzas rusas

La última noche, antes de partir, con la melancolía de la triste despedida, contará cómo los Nómadas buscan los ángulos de la tranquilidad dibujando la geometría de la inmensidad. El mundo que nos presenta Battiato es un mundo tumultuoso, en el que somos unos nómadas que solo encuentran refugio cruzando el desierto. Las canciones se despliegan sobre un suelo cubierto por miles de alfombras mediante una música dodecafónica en los que no predomina ninguna nota conformando una melodía.

Povera Patria

No sé donde leí una pintada que ponía: “La revolución es el opio de los intelectuales”. Si, en cambio, recuerdo a Battiato cantar: “Las barricadas se alzan por cuenta siempre de la burguesía que crea falsos mitos de progreso” en “Up Patriots to Arms!”, una canción que llamaba, en 1980, a la rebelión porque el agua de los ríos ya descendía muy crecida. Diez años después, en 1.991, un tsunami llamado tangentopoli arrasó la política italiana. Battiato profudiza en el sufismo se deja barba y da los conciertos sentado como si fuese Nusrat Fateh Ali Khan y compone esta maravillosa y triste Povera Patria:

Pobre país, aplastado por el abuso de poder
por gente mala, que no saben lo que es la vergüenza
se creen que son poderosos y que lo hacen bien
y que todo les pertenece

Entre los líderes, cómo bufones perfecta e inútil
Este país está devastado por el dolor…
pero no te dan un poco de dolor
los cuerpos en el suelo, sin más calor?

No va a cambiar, no va a cambiar
no va a cambiar, tal vez va a cambiar.

¿Pero como excusar a esas hienas en los estadios y a esos periódicos?
Hundimiento de la bota en el barro del cerdo,
Me avergüenza un poco y me duele
ver a un hombre como un animal.

No va a cambiar, no va a cambiar
es lo que va a cambiar, se verá que va a cambiar.

Espero que el mundo comparta de nuevo la normalidad
se puede contemplar el cielo y las flores,
ninguno de ellos es más de las dictaduras,
si tenemos un poco más de vida.

¿Les suena? No se vayan todavía, aún hay más. La historia ya sabes si que estamos condenados a repetirla. Berlusconi sube al poder y al cabo del tiempo, la corrupción y los escándalos vuelven a ser cumunes del día a día.  Battiato compone “Inneres Auge”, que le valen la enemistad de todo el grupo del Cavaliere.

Como una manada de lobos que baja de los altiplanos ululando
o un enjambre de abejas hambrientas devoradoras de pétalos olorosos
se precipitan rodando como piedras de altísimos montes en ruina.

Uno dice: ¿qué tiene de malo organizar fiestas privadas
con bellas chicas para agasajar a Líderes y Servidores del Estado?

No lo hemos entendido,
y, ¿por qué habríamos de pagar también los extras a los pelotudos?
¿Qué pueden las leyes donde reina sólo el dinero?

La justicia no es otra cosa que una mercancía pública…
De qué vivirían charlatanes y estafadores
sí no tuvieran dinero en efectivo para echarlo como anzuelo entre la gente.

Totalmente actual. Pasada la primera década del siglo XXI no se cuanto tiempo tendremos que aguantar todo esto. Es difícil hacer la revolución con una canción, pero mientras tanto superaré las corrientes gravitatorias.