El paripé

 

 

 

Magia

 

paripé.

(Del caló paruipén, cambio, trueque).

m. coloq. Fingimiento, simulación o acto hipócrita.

 

Reconozco que soy un ciudadano desinformado: me ha costado un extraordinario esfuerzo romper con las rutinas de leer un par de periódicos al dia, oir la radio o ver los informativos de la televisión, aburrido de encontrarme consignas de uno u otro signo, ideas fuerza digeridas para su consumo inmediato o estímulos bastardos para conseguir una reacción en el último terminal de la red nerviosa de un gabinete de comunicación, que es el ciudadano-consumidor.

Supongo que quienes actúan en la industria de la información han valorado que los destinatarios son sujetos acríticos, adscritos a una opinión, cautivos de unas ideas, ajenos a reflexiones complejas, ante los que basta agitar una bandera para que formen detrás de ella. Parece que funciona, por mucho que algunos nos hayamos escabullido, como si fuéramos esos personajes extraños de las novelas de ciencia ficción que son el error en la fórmula perfecta de la felicidad.

Hay veces en los que los hechos, disfrazándose de noticia, te atropellan, por mucho que intentes evitar el golpe. Ves inadvertidamente – ¡no pude evitarlo!- unas imágenes de alcaldes encerrados en una dependencia oficial, te cruzas por la mañana, cargado de tomates y peras, con un grupo de manifestantes con pancarta y por la tarde lees que ha habido una tangana. La respuesta a la tangana ha ido en la misma dirección pero en distinto sentido, según los unos o los otros: como en los partidos de fútbol –  el defensa alza los brazos al cielo, se rasga las vestiduras y se echa ceniza en la cabeza clamando contra lo que dicen que fue una entrada antirreglamentaria, mientras que el delantero se retuerce de dolor en el suelo, mirando por el rabillo del ojo si toca ya o no levantarse como un muelle – cada cual ha adoptado su rol, ha levantado la bandera y la opinión manifestada se ha abierto en dos, como el Mar Rojo ante Moisés.

Todo paripé. Los unos y los otros. Clamar por el impago, impagar, teatralizar un conflicto, hacer como que no existe, entregar una carta, negarse a recibirla, ser impertinente para que no parezca que soy pusilánime, rechazar con energía la impertinencia, para que no piensen que soy pusilánime. Así, hasta la nausea.

Luego, los debates interminables con 140 balas, el tamaño de la consigna. Y acabado su breve ciclo vital, las partes a su rincón, con la satisfacción del deber cumplido.

El problema está cuando ya se ve el truco, cuando ya no hay suspensión de la incredulidad, cuando sabes que el serrucho no corta realmente a la ayudante del mago, cuando los de una trinchera y la otra se acercan a la tierra de nadie – cada dia más poblada – se intercambian cigarrillos y se preguntan eso de “Bueno …¿y yo que hago en ese agujero pegándole tiros a este señor que está tan preocupado y tan jodido como yo?”.

Si hay algo que agradecer a este teatrillo es haber sembrado y regado con generosidad el brote de escepticismo. Que igual no pasa de brote, pero que nos permite hacer una mueca cada vez que vemos el anticipo de un paripé, dar la vuelta y dedicarnos a otros afanes.

 

 

 

 

 

 

2 thoughts on “El paripé

  1. Lovita dice:

    Ya te veremos pidiendo entrar en listas, simpático.

  2. Diego Ríos Padron dice:

    Querida, la jugada es de peón a reina, no a la inversa.

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