De todo lo visible y lo invisible

Torrijos Luis

Soy primo de Luis Ruiz Padrón y no puedo decir nada malo de él.

 

Posiblemente ésa sea la prueba del nueve de la perfección, y seguro que ninguno de los presentes – ni siquiera el que suscribe – la pasaría.  Seguro que ni la madre Teresa de Calcula o Mahatma Gandhi la pasarían. Siempre aparecería un primo que diría que se copió en un examen, torturó un gato, participó en el genocidio armenio, o ejerció la abogacía, porque los primos, al final, somos los que sabemos lo que los padres no sospechan, lo que los amigos callan, y lo que los hermanos ignoran; somos los que sabemos quién fue, quién lo vió, y quién podría probarlo.

 

Y frente a la erótica del malismo y la refutación de la bondad – que siempre suena a algo aburrido, a habitación ordenada y a niños repeinados que huelen a colonia -, con Luis podría darle la vuelta a esa tendencia como a un calcetín, y provocar oleadas de adhesión a la belleza, al pensamiento limpio y a la honestidad.  Pero no lo haré, porque tendría que contar cosas, y una cosa es saberlo todo y otra cosa muy distinta es contarlo.

 

Hay algo evidente: con esas premisas, Luis estaba predestinado a acabar mal. Y así ha sido. No me detendré en sus facetas públicas de marido, padre, arquitecto, lector o  melómano, por las que será juzgado con la dureza que corresponde, sino en uno de sus mayores defectos: inventarse – al menos – una ciudad.

 

En sus dibujos Luis se inventa una ciudad que no existe, porque los ciudadanos no la vemos desde la ventanilla de nuestro coche o porque, en ese preciso instante en el que la luz se refleja en una esquina y le da todo el esplendor, estábamos mandando un mensaje intrascendente. Son esas calles en derribo que no existen porque los responsables políticos no han pasado por allí ni en campaña electoral, esa ciudad  que nos trae abrazada en cuadernos urgentes, en los que nos muestra y nos cuenta todo lo visible y lo invisible. Cuenta sin dogma siete colinas, rutas insólitas, escenas costumbristas en una servilleta de papel, mares, barcos, y otras pasiones aforadas, y nos recuerda que hay una ciudad que debería estar ahí, aunque no la veamos.

 

Eso, y que una vez aparcó en doble fila.

Pero ya ha prescrito.

Lo de la doble fila. Lo otro sigue vivito y coleando.

 

Luis Ruiz Padrón expone en el Ateneo de Málaga ( Sala Pérez Estrada) del 2 al 27 de Julio, de lunes a viernes y en horario de tarde, bajo el título “La ciudad en un cuaderno”. Más sobre lo que Luis nos enseña en http://luisrpadron.blogspot.com.es/