Chiringuito El Tintero. Playa del Dedo, Pedregalejo, Málaga.

El Tintero

 

 

Cañizo y ruido siempre han sido dos elementos que en un chiringuito no debían faltar. La arena era exigible, si, pero siempre hubo algún moderno que colocaba una losa de hormigón, que con la entrada y salida de público se confundía de playa. Pero eran los menos. Hoy en dia es difícil distinguir entre un chiringuito y un bar de los que desforestan el Amazonas en cada gin tonic, hasta tal punto que si encuentras algo que pudiera parecerse, empiezas a subir fotos a Instagram hasta agotar la tarifa de datos. Este verano, en Almuñecar – donde algunos opinan que están las mejores playas de Málaga – hice un comentario al camarero sobre lo vintage que resultaba estar bajo un chambao de cañizo, con suelo de arena y comiendo una paella. Por hipster, me castigó sin tapa y me puso la Alhambra algo menos fría que a los demás comensales.

 

Poco castigo me pareció.

 

Nos ponemos muy neocastizos, pero nos quedamos al borde del área, desgañitados gritando al hostelero la vuelta de la tapa de magro con tomate que no nos vamos a tomar; reprochamos que no haya bares alfombrados con cabezas de gamba, pero si no tienen Mahou hacemos mohines, y no aceptamos que hoy en dia, para buscar la esencia del neocas – aquí, creando neologismos  – hay que quitarse de prejuicios y zambullirse en la realidad.

 

Y dando ejemplo, me fui a comer con mi familia al Tintero. Y nos resultó divertido, como le resulta divertido y sorprendente a los que nos visitan y no han hecho un master en tempura de salmonetes. Chiringuito grande, con cañizo y ruido garantizados, en el extremo este del Paseo Marítimo de Pedregalejo, a borde de la Playa del Dedo;  su sistema de servicio es cuando menos peculiar: los camareros van “cantando” platos y, si a uno le apetece lo que llevan, lo piden y está servido. Los precios son estandar y según sea plato, bandeja u otro elemento de menaje, así será su precio. Sabrá a quién debe pedir la cuenta, porque va pregonando “¡¡¡Ay, que yo cobro!!! ¡¡¡¡No me queréis ni ver!!!”, que sumará los platos que hay sobre la mesa, escribirá unos signos cabalísticos en el mantel de papel y dará el veredicto.

 

Han abierto establecimiento en Madrid. No me imagino a los castellanos, sin amparo local, bregando con un sistema tan meridional, pero parece que está teniendo éxito.

 

Parece que fue el primero en hormigonar el suelo del chiringuito para evitar que los clientes enterraran los platos en la arena y los sisaran al ojo que cobra.

 

Díganme si eso no es meridional.