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Leo, con el escepticismo que los años me ha pegado como brea, que el turismo ha generado ingresos por valor de 1.300 millones de euros, no recuerdo ya si en Málaga o en su provincia; y la noticia continúa desgranando datos de crecimiento constante, de mejores expectativas, de plena satisfacción de visitantes y de próximas aperturas de establecimientos al albur de tan buenos augurios. Por otra parte, leo las cifras de empleo, me indican las precariedades del sector turístico – por empleados y por empresarios – y me siento como el inocente al que le llega un spam por correo electrónico en el que le indican que ha resultado agraciado con un premio en metálico de la lotería de Microsoft, con la cara de Bill Gates sonriendo, cuando comprueba que tal premio no existe.

Si es así, resultará que el turismo es una especie de espigueo, en el que las migajas de beneficio – entendido en su más amplia acepción – quedan para pocos, algunos ni siquiera locales, y que, por el contrario genera una dependencia casi de monocultivo, una especie de remolacha azucarera que ata a la tierra y cuyo sostenimiento solo es posible a base de ayudas o sacrificios.

Así, hoteles llenos, polígonos industriales vacios, un Parque Tecnológico al que sólo le falta que afloren los carteles en caracteres chinos de todo a cien y mucha foto en la escalinata del ayuntamiento para eventos tech, con la posibilidad de que la próxima haya que hacerla en la grada de La Rosaleda para que aparezca todos “los que están”.

Me imagino una Málaga en la que “los que son” aprovechen las conexiones aéreas para trabajar entre Londres, Berlín y Guadalmar, dando otra versión del binomio sol y playa, dando otra visión a las aceleradoras, viveros, semilleros y demás retórica de cubrir el expediente. ¿No hay espacios? ¿No hay ambiente? ¿No hay quien ya lo hace?. Me imagino una Málaga, una Costa del Sol presente, no en Fitur, sino en FiTech.

Y me saca de la ensoñación una amable chica que, a las 11 de la mañana, ya me ofrece un folleto para tomar tapas en inglés. Y pescaito. También en inglés.

Dos versiones de F. Nicolás

Noviembre 2013. “Es un joven encantador; trabajador, talentoso, con don de gentes, el yerno que todos los padres desearíamos. Pese a su juventud, y gracias a su esfuerzo y habilidad, ha logrado codearse con las más altas esferas de la sociedad e intervenir en asuntos de capital importancia. Entidades como Casa Real, Vicepresidencia del Gobierno,CNI y CEOE -por citar sólo algunas- recurrimos a él para llevar a cabo misiones discretas y delicadas. España necesita jóvenes líderes como él en los más altos puestos del Estado.”  

Noviembre 2014. “Yo sólo le saludé una vez -justo la de la foto- pero su diagnóstico clínico es clarísimo; trastorno delirante megalomaniaco. Eso sí, su enfermedad no le exime a ese niñato de ser un traidor a la patria, un estafador, un embaucador, un caradura y mil cosas más. Esta España que tanto nos ha costado sacar adelante es un país más seguro con tipejos así fuera de circulación. Sólo deseo que se pudra en el psiquiátrico o en la cárcel.”

Nota del autor: Ambas versiones de la descripción de Francisco Nicolás Gómez por por parte de un alto cargo del Gobierno son ficticias. La probabilidad de que alguna o ambas descripciones pueda coincidir con la realidad queda en manos del lector. Sí, de usted.