Carta a un joven profesor.

EscuelaQuerido,

Vengo de una generación en la que “maestro nacional” o “catedrática de instituto” suponían imaginar a los sujetos cargados de medallas y entorchados, revestidos de una dignidad sacramental, y estoy junto a una generación a la que estimulo a estudiar como los anarquistas formaban a los jornaleros: para que no los engañen sisando en la suma o robando su firma en un papel que no podían entender, porque hoy en dia nos siguen sisando en una suma – o en una estadística – y robándonos en papel – o en un extracto – que no podemos entender.

Y entre unos y otros – unos perdidos en la nebulosa amable de la memoria y los otros apremiados por la velocidad del tiempo que pasa y no perdona – quisiera que un profesor o profesora me ayudara a enseñar, en esa casapatio que debería ser el hogar y la escuela, que tener criterio no supone despreciar al que no coincida con éste y, a su vez, saber plantar cara al despreciable; que saber escuchar es un arte y, a la vez, que hay momentos en los que el silencio es complicidad con los malvados, y es cuando hay que hablar fuerte y claro; que pensar es una actividad sana y saludable, no reservada para gente cercana a los cincuenta, que ya estamos más para obedecer; que saber el funcionamiento del sistema circulatorio humano no les evitará las penas que parecerán romperles el corazón, pero que el mundo no se acaba en una playa, por mucho que esta fuera la del Palmar.

Que aspirar a todo lleva como contrapunto aceptar la posibilidad de la derrota en mucho, y que se aprende mucho más limpiándose las rodillas después de caer que culpando a la escalera de la caida.

Recuerdo con agrado a mis profesores, incluso a los de matemáticas, física y química, a quienes agradezco además su infructífera paciencia. Pero especialmente recuerdo a un profesor que nos trataba como a adultos en formación y no como un hierro candente al que ahormar con yunque y martillo. Fue mi profesor de griego.

Para que luego digan que no tenía utilidad.

En el deseo de que ese profesor seas tú, y que ayudes a pensar a esos pequeños adultos que te encomendamos, cuenta con mi reconocimiento, auxilio y un abrazo fuerte.