Salvador Méndez Piñón

¿Fue un muy buen año?

En 2015 se cumplirán sesenta años desde que Frank Sinatra lanzara su album September of my years que contenía la maravillosa canción de Ervin Drake It was a very good year. Desde entonces ha sido interpretada por numerosos artistas pero es la versión de Sinatra la que la elevó a la categoría de clásico. Su título, en español -Fue un muy buen año- hoy me sirve como coartada para despedir 2014.

En la canción Drake y Sinatra nos conducen a lo largo de un nostálgico viaje recordando a las mujeres con las que compartieron diferentes etapas y cómo fue su vida con ellas. Cuando tenía 17, cuando tenía 21, cuando tenía 35… En cada edad y en cada estrofa, la conclusión es la misma; Fue un muy buen año. Esta frase encierra una referencia al mundo del vino en el que es frecuente referirse a una determinada cosecha como un buen año. La metáfora se hace evidente en la estrofa final donde desde la vejez, autor e intérprete contemplan el tiempo vivido como una colección de vinos de grandes cosechas. Una colección de muy buenos años.

En lo personal 2014 ha sido un año, potente, rotundo, lleno de complejidad, de los que no dejan indiferente. Un año de intensos sabores dulces y agrios. Deja aromas leves que deleitan al momento pero desaparecen y otros persistentes que se fijan con fuerza al paladar.

Hoy no podría decir que este haya sido Un muy buen año pero confío en que algún día pueda mirar hacia atrás, entender mejor su complejidad y recordarlo como paso necesario para transitar hacia momentos mejores. Algunos años, como algunos vinos, mejoran con el tiempo y mejora también su recuerdo.

When I was seventeen, it was a very good year
It was a very good year for small town girls and soft summer nights
We’d hide from the light on the village green
when I was seventeen

When I was twenty-one, it was a very good year 
It was a very good year for city girls who lived up the stair
With all that perfumed hair and it came undone 
when I was twenty-one

When I was thirty-five, it was a very good year 
It was a very good year for blue-blooded girls of independent means 
We’d ride in limousines. Their chauffeurs would drive 
when I was thirty-five 

But now the days are short, I’m in the autumn of the year 
and now I think of my life as vintage wine from fine old kegs 
From the brim to the dregs, it poured sweet and clear 
It was a very good year

 

Elogio y refutación del pascuero

Elogio (por @lamalagamoderna)

No sé si fue Sarte, Camús o algún otro mago del humor quien afirmaba que la civilización era un flan, mientras que una pieza de fruta era la molicie, dando a entender que la belleza surgía del homo faber y no de lo que espontáneamente surge de la naturaleza. Con esa desviada premisa, habrá quién prefiera basar la decoración navideña en una bola de cristal sueco con un dibujo artesanal de San Nicolás a un pascuero, ejemplo de hermosura simple, que, junto a los anuncios de turrón El Almendro, nos indican la llegada de la Navidad, así como su final, ya que no se conoce maceta que sobreviva más allá del día de Reyes.

Si El Niño Jesús nació en un portal, lejos de artificios y galanuras, el verdadero espíritu de la Navidad está en la Poinsetia. No he visto a nadie que vaya triste por la calle con su pascuero, bien en celofán, bien recién expoliado de algún arriate municipal, planta que, además, exige pocos cuidados, ya que hagas lo que hagas, se te va a secar aunque le coloques un botánico de guardia. Belleza, alegría y economía: la felicidad viste de rojo.

Refutación (por @salva_mendez_p)

Ningún ser vivo u objeto del universo tiene autorización para ostentar el color “rojo Valentino” a excepción de un vestido del propio Garavani. Esto debería ser razón suficiente para exterminar la Euphorbia pulchérrima y liberar la Navidad de  esta execrable plaga vegetal. Su absurda y pretenciosa languidez convierte cualquier rincón del hogar en un trozo de rotonda urbana, cualquier ventana en un escaparate de perfumería, cualquier mueble en un expositor de bolsos. Pero si a pesar de todo sus cuñados le regalan un rotundo ejemplar de pascuero -me duele hasta escribir esta palabra-,  usted se verá obligado a exhibirlo en su casa.

¡Pero hombre de Dios, quítele ese maldito celofán!

Dos versiones de F. Nicolás

Noviembre 2013. “Es un joven encantador; trabajador, talentoso, con don de gentes, el yerno que todos los padres desearíamos. Pese a su juventud, y gracias a su esfuerzo y habilidad, ha logrado codearse con las más altas esferas de la sociedad e intervenir en asuntos de capital importancia. Entidades como Casa Real, Vicepresidencia del Gobierno,CNI y CEOE -por citar sólo algunas- recurrimos a él para llevar a cabo misiones discretas y delicadas. España necesita jóvenes líderes como él en los más altos puestos del Estado.”  

Noviembre 2014. “Yo sólo le saludé una vez -justo la de la foto- pero su diagnóstico clínico es clarísimo; trastorno delirante megalomaniaco. Eso sí, su enfermedad no le exime a ese niñato de ser un traidor a la patria, un estafador, un embaucador, un caradura y mil cosas más. Esta España que tanto nos ha costado sacar adelante es un país más seguro con tipejos así fuera de circulación. Sólo deseo que se pudra en el psiquiátrico o en la cárcel.”

Nota del autor: Ambas versiones de la descripción de Francisco Nicolás Gómez por por parte de un alto cargo del Gobierno son ficticias. La probabilidad de que alguna o ambas descripciones pueda coincidir con la realidad queda en manos del lector. Sí, de usted.

Lo de Évole

Es tan antiguo como el mundo; el éxito puede resquebrajar los cimientos de la cordura. El espejismo de la omnipotencia produce un deseo insaciable de trascender, de ir más allá, de pasar a la historia. La humanidad está en deuda con este fenómeno por los más sublimes logros y también ha sufrido descomunales debacles por el mismo motivo. El programa “Operación Palace” de Jordi Évole es un claro ejemplo de lo último.

¿Qué pretendían Évole y quienes se prestaron a realizar el programa?, ¿Experimentar con los límites?, ¿Provocar por diversión?, ¿Ser estudiados en las facultades de periodismo?, ¿demostrar que se puede manipular la verdad?

Al servicio de estos fines se recurre a medios como emborronar -aunque sea la memoria de personas fundamentales para nuestra democracia. Alguien muy malpensado podría inferir que se cargan las tintas sobre aquellos no pueden responder como Santiago Carrillo, Manuel Fraga, Gutiérrez Mellado o Sabino Fernández Campo. Especialmente sangrante es la utilización de Adolfo Suárez a quien se retrata como una mezcla entre sumiso mártir y fácil presa de los pérfidos González y Guerra.

Tras el impacto inicial, todos hemos tenido tiempo de colocar este engendro en el lugar adecuado. El propio Évole, una vez salvado con creces el match ball semanal del share, habrá consultado con el espejo o la almohada si ha valido la pena. Si “Operación Palace” pasará a la historia del género junto a Orson Welles y Stanley Kubrick o si creará un género propio. La nada ficción.

2014 para principiantes

El problema de un nuevo año es que es completamente nuevo. Hay una altísima probabilidad de que usted y yo nunca hayamos vivido en 2014 y por tanto no sepamos exactamente qué hacer con cada uno de estos 365 nuevos días. Si IKEA vendiera años todo sería mucho más fácil; vendrían con unas herramientas perfectas, los tornillos justos y unos croquis clarísimos. Lo de empaquetar los meses en paquetes planos es más problemático pero eso daría para otro post.

Hay muchas maneras de enfrentarse a un nuevo año. Entre las más clásicas -y no por ello menos actuales- se encuentran “el año asiento de ajuste” que debe compensar las desdichas del anterior, “el año lámpara de Aladino” al que se le piden tres deseos, el año “trébol de cuatro hojas” del que se espera fortuna infinita y el “año virgencita” al que se le ruega quedarse como se está. Todas estas opciones tienen un elemento común; la responsabilidad de todo que ocurra en cada uno de los 365 días recae en esos omnipotentes superhéroes que encarnar el papel del año 2014 asiento, lámpara, trébol y virgencita-. ¿A que es tentador? Le confieso que a mí me tira mucho la lámpara de Aladino.

El enfoque diametralmente opuesto es el que defienden los gurúes, coaches y demás expertos en la vida del prójimo; sí, usted sabe a quienes me refiero. Ellos le ofrecerán opciones del siguiente tenor; “el año Mandela” en el que usted se hará capitán de su destino, “el año Gandhi” en el que usted debe ser el cambio que quiere ver en el mundo o “el año Viktor Frankl” en el que usted no elegirá sus circunstancias pero sí cómo reaccionar ante ellas. Esta terna cuenta con un hilo conductor igualmente claro pero opuesto. Nuestros superhéroes del año -Mandela, Gandhi y Frankl- girán el espejo en dirección a usted y le presentan al responsable de lo que ocurrirá en 2014.

No doy consejos gratis y menos a quién no me los pide. Tanto si elige a la Virgencita como a Mandela cuenta usted con mi amistad y comprensión. Es más, siéntase libre de mezclar estas opciones a su albedrío o de añadir otras de su elección. Si le place puede pedirle tres deseos a Gandhi, frotar enérgicamente a Viktor Frankl o buscar un Mandela de cuatro hojas. Eso sí, no me diga nunca que no tenía opciones.

Una propuesta chestertoniana

Los hechos:  

Un número creciente de inspectores de alto nivel y altos cargos de la Agencia Tributaria están dejando sus puestos mediante ceses o dimisiones. El ministro Cristobal Montoro manifiesta que esta es una situación absolutamente normal puesto que la AEAT está llena de socialistas.

Una interptetación posible:

El ministro debe procurar que los cargos técnicos de su negociado cumplan con sus funciones interpretando la legislación vigente y tomando decisiones de acuerdo con la carga ideológica y la estrategia electoral de su partido.

Otra interpretación posible:

El contribuyente, grande o pequeño,  debe esperar y exigir que la agencia tributaria se gobierne con criterios técnicos y profesionales objetivos, en los que no puede caber la ideología ni el partidismo.   

 

Una propuesta chestertoniana:

Al igual que el ministro, el ciudadano debe tener  derecho a elegir la ideología o incluso el partido del funcionario que va a atenderle. Proponemos un portal público en el que cada ciudadano seleccione si desea que le atienda un cartero de la Chunta Aragonesista, un cirujano cardiovascular agnóstico o un inspector de hacienda leninista. La propuesta sería factible en el bien entendido que para cuando el portal está activo queden funcionarios de diferentes ideologías.

La amabilidad perdida

La amabilidad es un valor en franca decadencia.

Ya es tendencia que los desabridos alcancen las posiciones más relevantes.  La sociedad interpreta que si usted saluda, dialoga y agradece sinceramente, entonces es un pusilánime destinado a papeles secundarios. Por contra, si se muestra altivo, faltón y desconsiderado, muchos verán en usted a un líder inquebrantable. Cuando alcance la suficiente maestría en el uso de la soberbia y el desdén podrá llegar ser ministro, presidente de un banco o director general de una empresa pública.

Pero el líder del tiempo presente no debe caer en la simpleza del uso indiscriminado de la acritud; los malos modales funcionan tan sólo hacia abajo en la escalera de los intereses político-económicos y serán inversamente proporcionales a la simpatía y adulación que deben ser extendidas hacia el escalón superior.

Así que  si usted aspira a morar cerca del poder olvide el genuino respeto al prójimo por la mera razón de serlo. No desperdicie tiempo y energía siendo amable  y considerado con cualquiera. Claro está, salvo que encuentre un excelente motivo para serlo.