Diego Ríos Padrón

Cruzando precipicios en dos saltos desde 1966.

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Un dia escuchas que el censo de fascistas en España supera los doce millones. Y te ríes.

Otro dia que quién se cree la gente para opinar sobre ensaladillas rusas. Y te ríes.

Otro que si casi te atropella un ciclista que circula por la acera y que además se ha acordado de todos tus difuntos es culpa tuya, y que montar en bicicleta no es ser usuario de la bicicleta. Y te ríes.

Otro que las locas, obra cumbre de la repostería malagueña, deberían aparecer en el escudo de la ciudad. Y te ríes.

Otro, que si te gusta el fútbol, como experto o por echar un vistazo a la tele con los amigos, y no eres del equipo de la ciudad, eres un cateto despreciable. Y te ríes.

Otro, que lo que dije por halagar a mi secretario general  no hay que sacarlo de contexto, especialmente ahora que ese secretario general ha sido defenestrado. Y te ríes.

Hasta que ya no te hace gracia. Y te vas.

 

 

La Málaga ubicua

Dosto

 

“A decir verdad, me dijo que en otras circunstancias, sobre todo con un
cambio de clima y de impresiones, el enfermo podría recobrar la salud. Me dijo
que en España -y esto ya lo he oído yo antes e incluso lo he leído-  hay una isla
extraordinaria, Málaga creo que se llama …. en fin algo que suena a vino, donde
no sólo los enfermos del pecho, sino los verdaderos tuberculosos se curan por
completo con sólo el clima, y que allí van de propósito a curarse los nobles, por
supuesto, y quizá también los comerciantes, pero únicamente los que son muy
ricos. Pero aunque no sea mas que esa Alhambra mágica, esos mirtos, esos
limoneros, esos españoles en sus mulas…,”

 

“El sueño del príncipe”

Fedor Dostoiewski

Adios, Jose.

La Gran

A un amigo desconocido aún.

Yo sólo quiero aprender de ti
algo que pronto se pueda olvidar
pues algún día lo voy a contar
muy lejos de aquí, sí
a otro amigo desconocido aún.

Con la cabeza tan desgastada ya
como la punta de un lapicero muy viejo
y con la lengua enmarañada
y las mejillas tan negras como carbón.

Me las he perdido todas, Jose. Todas tus despedidas. Ni estuve en el hospital, ni en el tanatorio, ni en los homenajes habituales, ni en la misa de difuntos. He sido un espectador ocupado, tan lleno de miedo a la enfermedad, al dolor, al vacío, que me he quedado sin decirte adiós.

Supongo que me perdonarás, no sé.  El hecho es que tampoco tengo mucho espíritu de enmienda: no tengo intención de despedirme de mucha gente, más que nada porque no me gusta. Y, sobre todo, porque parece pretencioso… Pensando que es el otro quien se va a ir, seguro que resbalo en alguna baldosa escurridiza de Calle Larios un extraño dia lluvioso ( a los pomposos el destino siempre nos reserva un final cómico) y dejo a tres o cuatro amigos que hubieran querido despedirse de mí. Y vuelta a empezar.

La verdad es que no. Por mucho que me aterre, sigo haciendo planes de futuro, y me miro en el espejo y veo a un individuo saludable y joven, que no cita a la gente que quiere para darle el mal rato de un adiós porque seguro que nos veremos más pronto que tarde, y porque tampoco sabría que decir. “Oye, que igual mañana resbalo por Calle Larios y me muero y me quería despedir de tí, y que me perdonaras por no haberte felicitado por tu cumpleaños”, por ejemplo. “Pues ponte zapatos con suela de goma y deja de pensar esas gilipolleces” sería una respuesta lógica a tan trascendental preocupación.

Total, Jose. Que he roto la carta y que he guardado el libro. Que he roto todas las cartas a todos los destinatarios que, a estas alturas me habrán perdonado o no me perdonarán, por mucho que les mande cartitas. Me he comprado unos zapatos con suela antideslizante, una nueva libreta de dibujo en La Ecomónica  (que todavía no he estrenado por ese miedo a que las cosas no salgan bien a la primera del que tanto te reias) y en un rato me voy a esas calles a dibujar farolas. Que he abierto de par en par los recuerdos y no huelen a naftalina, ni a lágrima, ni a pena.

Adios, Jose.

Superhéroes de barrio: La Alvaroteca ( calle Gerona, 39, zona Cruz de Humilladero)

Shot'em all

 

Si la actividad de hostelería tiene un punto de heroicidad, la que se desarrolla a pulmón, con imaginación y esfuerzo, alejada de las rutas de caza habituales de los entregadores de flyers que echan la red de arrastre a la marea de cruceristas a ver qué cae, merece una capa de superhéroe.

No todos los egresados de las escuelas de hostelería han entrado en el universo de los cocineros mediáticos a los que siempre hay un suplemento que les da autobombo y les cobra publicidad. Los hay que tiraron por el camino tranquilo, vertiendo en el quehacer modesto las buenas enseñanzas recibidas o quienes deciden huir de la imposible imposición del Centro Histórico y hacen de su barrio su baluarte, buscando un local, adecentándolo, poniendo lo mejor de si y dando de comer y beber con imaginación y honestidad.

Como en las películas americanas, seguro que cuando echan el cierre y han recogido, sacan una libretilla llena de cuentas en la que van sumando hojas a su gran sueño: ojalá más espacio de sala, ojalá una cocina nueva, ojalá lo que no suplen dia a dia con imaginación y una sonrisa. Y la cierran y empiezan a pensar qué van a dar de comer y cenar mañana por 9,90 euros, que guste divierta y, a lo mejor, incluso sorprenda.

Por recomendación de un amigo pasamos por un local en Calle Gerona: La Alvaroteca. Se lo recomiendo. Vayan sin ideas preconcebidas y con el propósito de disfrutar. Miren hacia la cocina, un hervidero de actividad y con el dueño que no quita ojo a los dos lados del negocio, escuchen el menú ( por 9,90 euros, pan y postre aparte) y sobrepónganse a los a veces demasiado historiados nombres de los platos. Si la prueba les convence, tiren de la carta y de las sugerencias de los hiperactivos camareros. Encontrarán un local normalmente lleno, a veces un poco ruidoso, pero lleno de vida y de ilusión por agradar.

Seguro que irán corrigiendo pequeñas cosas ( quitarle dos apellidos por lo menos a cada plato y que los postres sean más limpios y no un batiburrillo epatante ), conservando lo importante. Por eso merece la pena ir y gastar, que es con eso con lo que se construyen los sueños.

 

 

 

 

 

 

Formación imprescindible

gentlemen

 

Master en Conversación Intrascendente, impartido por la London Chamber de la Fundación The Chestertones

PRESENTACIÓN.- El objetivo general del Máster en Conversación Intrascendente es proporcionar conocimientos amplios y sólidos sobre conversaciones vacuas y banales, incidiendo especialmente en las metodologías aplicables a su estudio, investigación, difusión y gestión.

La singularidad de este Programa en el panorama universitario español radica en el exhaustivo tratamiento de la conversación intrascendente. Se trabajan los criterios y conceptos referentes a las diversas modalidades conversacionales, así como las políticas seguidas en Andalucía, España, Europa e Iberoamérica para la recuperación y revalorización del patrimonio histórico, meteorológico, gimnástico y patafísico conversacional.

El tratamiento de los aspectos relativos a esta comunicación, diseño de conversaciones, lugares de desarrollo y la especial referencia a la palabrería aparecen como fundamentales para la capacitación profesional de los egresados, que encuentran una bolsa de empleo muy significativa en las labores relacionadas con estos aspectos de la difusión y comunicación cultural, empresarial, deportiva o simplemente relacional.

DATOS GENERALES

 

Título:

Máster Pluscuamperfecto (Título completamente Inventado, perteneciente al género Fantástico)

 

Duración:

Un pulso académico

 

Créditos:

60 Créditos ECTS ( En Caso de Tos, Sople)

 

Modalidad:

Semipresencial

 

Prácticas en empresa:

 

Rama del conocimiento:

Artes y partes

 

Plazas:

30

 

Centro dónde se imparte:

London Chestertonian Chamber

 

Lengua(s) Utilizada(s):

Español e Inglés a nivel CV.

 

 

 

 

 

Cuando llega agosto

Septiembre

 

A principios de agosto el calor lo envuelve todo, como una melena de fuego que difumina las ideas, perla los cuerpos de sudor y agita la respiración. Parece que el sol se ha abierto como una gran flor, y al atardecer las calles vuelven a su memoria de pueblo, y los ciudadanos amparan al fresco su tertulia, añorando las sillas de anea. Los niños, que siempre van a la carrera, se marcan con heridas de bicicleta cada agosto, como los anillos de los árboles. Hay cola en la parada del autobús, y los ciudadanos tienen ese aspecto de refugiados que da las dos manos ocupadas y una sombrilla de playa.

A principios de agosto creemos que agosto y vacaciones son sinónimos, y que no se acabarán nunca. Creemos que Agosto se quedará siempre, fijo, inalterable, como un rey absoluto, como el calendario de Explosivos Riotinto olvidado en una casa cerrada. Seguimos creyendo eso cuando vienen las primeras lluvias y las ultimas medusas. A la altura de Navidad, aun creemos que es un agosto extraño el de este año. Agosto, desde principios, nos toma de la mano y nos lleva a la fantasía de creer en hoteles maravillosos, compañías aéreas puntuales, playas desiertas y carreteras idílicas. agosto, por principios, es un mentiroso, pero se le disculpa, como al escorpión de la fábula, porque es su naturaleza, ensoñadora, de deseo, de vida, quien nos engatusa. Todos los años.

A principios de agosto se nos llenan las manos de buenos deseos, los paseos se llenan de bicicletas y las bolsas de libros en edición de bolsillo. Se nos llenan los pies de arena, en esas noches de llamas y luna llena, de viento rojo a ras del suelo. Se nos llena el alma de ardor , pensando que si, ahora si, será en agosto, cuando por fin el deseo se cumpla, y sienta sus manos en mi espalda, con la tranquila quietud de lo extraordinario.

A principio de agosto, el sorteo de los deseos y las ilusiones aun no se ha celebrado. Todos mantenemos firmes en la mano nuestras papeletas, abiertas las expectativas, pendientes las miradas.

A principios de agosto, todo es probable.

Pero es en septiembre cuando ocurre lo imposible.

 

 

 

Ira

Cristal roto

 

 

Ira

 

 

Inmovilizado. Atado de pies y manos, indefenso, solo oigo tus pasos por la habitación y un chasqueo que rompe tu paseo constante, como medido por un metrónomo. Chas. Chas. Chas. Siento frío en las entrañas, roto por un bocado de calor en la espalda, que deja un rastro de mil agujas.”¿Recuerdas – dice ella, con voz calma- el sabor de mis lágrimas….?”.