Diego Ríos Padrón

Cruzando precipicios en dos saltos desde 1966.

Échame a mi la culpa de lo que pase.

 

Ruiz Espejo

El pasado lunes, el delegado del Gobierno Andaluz y secretario general del PSOE en la provincia, José Luis Ruiz Espejo dejó dicho en una entrevista “Si el PSOE perdiera la  alcaldía de nuevo sería un fracaso para Málaga”.

Y eso, sinceramente, me ha preocupado porque, como malagueño que soy, me veo en unos meses asumiendo una derrota para la que, a lo mejor, no estoy preparado. Me queda confiar en el buen trabajo que ha hecho el PSOE en la oposición, durante este cuatrienio y los anteriores desde 1995, en la esperanza de que en esta ocasión se va a ganar la alcaldía, y, ¡ojo! no faltan datos que lo auguran.

El PSOE en el ayuntamiento ha permitido una extraordinaria rotación, lo que supone que muchos ciudadanos han conocido a muchos portavoces de ese grupo, lo cuales es muy bueno. Da sensación de equipo, aunque es cierto que han ido pasando por allí previa su asignación a otras responsabilidades diferentes a tener que liderar la oposición en un ayuntamiento que es la séptima capital de España, que es una cosa muy cansada y con muy poco reconocimiento. Han pasado por La Casona como quien pasa por un fotocall, en espera de destino y ahí están; en sus cómodos y cortijeros despachos.

Otro punto a favor es que el último portavoz – al menos, hasta este momento – y candidato a la alcaldía, tomó la iniciativa y  ya se hizo imprimir abanicos para la Feria en los que se autocalificaba como Alcalde. Es cierto que la gente se preguntaba que por qué Dani Rovira se presentaba a las municipales o si eso era el merchandising de una nueva película, pero el impacto ahí está y quienes recuerden esa acción asociarán a que alguien con barba era alcalde o candidato a los Goya.

Es un buen principio. Todo sea porque el PSOE pueda recuperar la alcaldía y los malagueños nos libremos de un fracaso. O que nos libremos del PSOE y así, de paso, de un fracaso que ya dura más de veinte años.

 

Lo turístico

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Si uno lee la prensa – ejercicio de excentricidad – con detalle – excentricidad que ronda sospechosamente la locura – y más allá de los titulares de impulso institucional, cubiertos bajo el aspecto de noticias para que el pie de artículo no quede afeado con un “Remitido” o “Publirreportaje”, observará que empieza a escribirse – acto posterior a percibirse, pensarse y a hablarse – no sólo con escepticismo sino con indisimulada alarma sobre el turismo como elemento de depredación, como una mancha de chapapote que inexorablemente va ocupando espacios y recursos de la ciudad.

A cambio de esa tenaz expansión, nos deja – o dicen que deja,  que  tampoco se sabe a ciencia cierta siquiera si llegan a aportarlos –  lo que se podrían calificar como “calorías” económicas de consumo rápido, beneficios muy localizados, cuyo engorde va a los michelines de la inmobiliaria, la hostelería de depredación y las tiendas de imanes para neveras.

De poco sirve ver los ejemplos de otras ciudades ( Barcelona, Valencia, Granada o Venecia en lo malo; San Sebastián en lo bueno), y si se habla del turismo sin hacerlo con el pecho henchido de orgullo, si acaso asoma un leve “pero”, no hay duda de que le colocan el código de barras del “reventaor”: Tú lo que quieres es que haya miseria y paro.

Y ahí te dejan clavado en la esquina, meditando sobre si tus hijas no tendrán que ejercer de cerilleras si se te ocurre decir que este modelo de explotación turística es una mierda, que no extiende tanto sus efectos económicos, que no sabemos que cuesta, ha costado y costará hacer y mantener este parque temático, y qué nos cuesta a los que vivimos la ciudad hacer del monocultivo turístico intensivo el único altar al que pedir salud y pan.

¿Saben cual es mi miedo? Que ya no sepan cómo pararlo. Que me pongan cara de maquinista del tren descontrolado, se encojan de hombros y digan eso de “Bueno, y ahora ¿qué podríamos hacer, ahora que hemos ahormado la ciudad para ese turista de quita y pon, que completa la cartilla de los museos en una mañana, se cena su Paellador a las 18.00 y sueña con lo bonita que es Granada, la ciudad en la que nació Picasso, con su bella Mezquita Catedral?”.

Esa mentalidad de copo, de echar la red y arramblar con todo lo que haya hoy, que ya mañana peche el que venga, es injusta pero humana. Y tenemos unas administraciones tan cercanas que, incluso, se contagian de nuestras más bajas pasiones.

Ya llega la semana Santa.

Sombras

Me gusta la Semana Santa, posiblemente por cosas nimias.

Me gusta andar por el centro de las calzadas, viendo al final de la calle la aglomeración de una salida. Me gusta esa luz del atardecer en Málaga, que no hay foto capaz de pillarla, que hay que vivirla. Me gusta el calorcito de jersey al hombro, pasar por calles tan alejadas de la ruta habitual que siempre parecen de otra ciudad, avanzar en paralelo a las procesiones, buscar atajos. Me gustan los balcones en los barrios, con amigos, haciendo de una salida la oportunidad de volver a vernos y ponernos al dia. Me gusta el azahar reventando en La Victoria y contemplar, con el sereno acomodo de la cercanía, la fe de mis mayores. Me gusta ver las pandillas de adolescentes, en salida controlada – “Nos vemos a las siete en la puerta del Zaragozano” – y a los padres con carrito pensando “A ver dónde me he metido”. Me gusta pasar a saludar a una Virgen ( la mía) antes de que arranque todo, y dejarme llevar un rato por el amor de los sencillos, aquellos que te aconsejan, cuando te sientas atribulado y solo, entrar un ratito en una iglesia a deshora y dejar que alguien te escuche y te acoja.

El resto, casi todo o casi nada, ya me sobra.