Olga Rusu

El estado del periodismo en tres cartas y un artículo. Carta 2.

Querida Francesca,

A un grupo de amigos y a mi nos gustaría contratarte para escribir un artículo sobre Siria. Se trata del artículo que crees que debería escribirse sobre qué está pasando allí. Necesitaría saber qué extensión tendría y cuánto te gustaría que te pagáramos por el. Pensamos en organizar una campaña de crowdfunding para poder contratarte. Si decides aceptar el proyecto, necesitaríamos un mes más o menos para conseguir el dinero. También nos gustaría traducirlo a tantos idiomas como podamos, dependiendo del dinero que recojamos.

Lo estamos haciendo porque leímos tu artículo “Woman’s work” en Columbia Journalism Review. Al leerlo, me cabreé. Hay muchas cosas que están mal en el mundo y una de ellas es que en algún sitio hay un señor que decide cuánto cuesta tu trabajo y qué exactamente quiero leer.

La realidad es que se equivoca, porque la nueva novia de Berlusconi no me interesa lo más mínimo. Por eso dejé de comprar periódicos hace mucho tiempo. Sin embargo este señor sigue siendo el dueño de la “máquina de publicar”, por eso sigue alimentando a la gente con la misma información de siempre, exigiéndote que bajes tus precios. Porque, en su opinión, este es el problema, los costes. Porque él, en realidad, no se dedica al negocio de la información. Su negocio es el de la publicidad. La información es simplemente lo que separa las páginas de publicidad. Si la consigue más barato, su margen sube. Y me cabrea que piense que nos está engañando.

También me cabrea escuchar quejarse a periodistas vagos por cobrar 5€ por 300 palabras sobre pintauñas, ancianos con novias adolescentes, abejas asesinas o el tiempo, que es muy caluroso este verano, pero no tanto como el verano pasado. Cualquier cosa que se pueda escribir sin dejar tu silla en la oficina. Sinceramente, se lo merecen.

Tu, en cambio, no te los mereces. La gente que quiere entender no se lo merece. Por eso queremos hacerlo. Queremos saltarnos al intermediario de la máquina de publicar.

Espero no haberte quitado demasiado tiempo y que aceptes nuestro encargo. Si es así, te escribiré con todos los detalles técnicos.

Te deseo toda la suerte del mundo y quedo a la espera de tu respuesta.
Saludos,

OR
(más…)

El estado del periodismo en tres cartas y un artículo. Carta 1.



De: OR 10 de julio de 2013 22:14
Para: EGG, DRP, SMP, JAMMAsunto: Proyecto?…
Queridos amigos,

Nuestro historial de proyectos conjuntos llevados a buen puerto es… mejorable. Aún así, me gustaría proponeros otro proyecto, lo que significa una de dos cosas:
- A pesar de lo que pienso de mi, sí soy tenaz y persistente
- No tengo a nadie más a quién acudir
Lo que me gustaría proponeros es hacer una campaña de crowdfunding para recaudar digamos 1.000€. O 1.500€. El dinero se usaría para encargar un artículo serio y extenso sobre la situación en Siria. Se le encargaría a una periodista italiana independiente, Francesca Borri. Y se publicaría en el blog de los Chester Tones.
¿Por qué haría(mos) esto?… Hoy he leído este artículo escrito por ella: http://www.cjr.org/feature/womans_work.php?page=all
Y me he cabreado. En algún sitio en Italia hay alguien que le paga a esta mujer 70€ por artículo desde una zona de guerra. Y cuando piensa que la han secuestrado, pide que le vaya informando por Twitter. Y cuando ella intenta contar lo que piensa que es necesario saber para entender qué pasa en Siria, dice “Jo… Que rollo, no hay sangre en este artículo…”
Mientras tanto en Málaga otro alguien escribe sobre el futuro de la prensa, la fiesta del ajoblanco o la mujer barbuda. Cualquier cosa que no exija levantar el culo del sillón. Total, sólo sirve para separar las páginas de publicidad. Y es el visionario que SABE cómo va a ser el futuro de la prensa.
Para recapitular, por un lado tenemos gente que quiere y sabe contar lo que está pasando, por otro gente que quiere entender lo que está pasando y entre estos dos grupos, el middleman, los editores, que deciden qué queremos leer y cuánto se paga por ello.
Pero también tenemos medios para saltarnos a esta gente.
Por eso propongo montar una campaña de crowdfunding y encargarle a esta chica un artículo en condiciones. El que ella quiere escribir sobre Siria.
Creo que entre todos podemos juntar 1.000 – 1.500 personas para que donen 1€ para financiarlo.
¿Qué opináis?…

La política es como un paquete de chicle…

Cuando era joven tuve la suerte de poder hacer la mili. Digo trabajar en una agencia de publicidad multinacional. Es más o menos lo mismo. (De hecho el director general de la agencia era ex espía). Es más, tuve la enorme suerte de pasar mi tiempo de formación en el grupo que trabajaba para Procter&Gamble. Porque si alguien sabe cómo hacer comunicación, es esta empresa.

Una cosa que recuerdo son las instrucciones muy precisas del Cliente sobre qué se podía y qué no se podía decir que hace el producto. (Queridos estudiantes de Ciencias de la Comunicación, es así de triste). Era muy interesante ver cómo estas instrucciones (llamadas “brief”. No, “briefing” no.) se transformaban en un spot de televisión. Uno que nunca ganaba premios, pero siempre generaba ventas. ¿Os he dicho ya que Procter&Gamble hace comunicación como nadie?

De ahí mi costumbre, al ver un spot, de intentar averiguar qué ponía en el brief del Cliente y cómo consiguen hacernos creer lo que en realidad no pueden decir, pero les gustaría mucho, porque así es como nosotros nos desprenderíamos de nuestro dinero y compraríamos su producto.

El mejor ejemplo son los anuncios de chicle sin azúcar que te hacen pensar que previenen la caries, cuando en realidad lo único que dicen es que su producto “es beneficioso”, “ayuda a equilibrar”, “contribuye a prevenir”. No “imprescindible”, no “equilibra”, no “previene”. Pero claro, te ponen la cara de una chica con dientes perfectos a toda pantalla mientras te lo dicen, y tú te lo crees todo.

He vuelto a pensar en la diferencia entre lo que vemos en una pantalla y lo que pensamos que vemos esta misma mañana, al leer este artículo.

“…Un irreverente discurso que indigesta la comilona…”. Mmmm… A ver el vídeo…

¿Alguien ha visto la reacción del público?… ¿Platos de comida sin tocar en el restaurante del hotel?…

Yo he buscado, pero sólo he encontrado esta foto:

1361105498_0

Entonces empecé a imaginarme el brief…

 

 

Cómo vender más a los clientes rusos

Para empezar me gustaría dejar claro que esta entrada persigue un sólo objetivo: ayudarte a vender más.

Vender es difícil. Es acercarte a una persona que está tan tranquila disfrutando del color del cielo, del magnífico clima que tenemos en Málaga, del olor de las biznagas, del humo de los espetos, de la humedad suave de la brisa y decirle: “25 euros”. Es desagradable. Da mal rollo. Da miedo al fin y al cabo. Miedo al rechazo.

Pero hay atajos. Hay palabras secretas. Al decirlas, se produce un salto cuántico en la relación con el otro. De repente se da cuenta que sois lo mismo, que sois de la misma sociedad secreta o que, por lo menos, eres un gran admirador de su labor.

Para un rusohablante de más de 30 años podría servir “Ezhik v tumane”. Se pronuncia así: yózhik ftumáne. Significa “el erizo en la niebla”.

Sólo una advertencia: una vez dichas estas palabras, deja de vender. Las dos cosas juntas no funcionan. Tú di “Me gusta Yózhik ftumáne” y observa la sorpresa, la mirada de repente más cálida, la relajación de los músculos de la cara y el deseo de hacer algo por ti, para demostrarte el agradecimiento. Aunque ese algo cueste 25 euros.

Ya está.

PD: “Ezhik v tumane” es esto:

 

Imagen: sunnyUK

Alcanzar la trascendencia es fácil, si sabes cómo

rubric_issue_35384

Se preguntaba Percusión por qué no consigue hacer nada, no consigue arrancar. Yo sé perfectamente por qué no consigo hacer nada. Por los atracones.

Me explico.

Yo nací y crecí en la URSS. En ese país había de todo. Inclusive graves problemas de logística y distribución. Inclusive de alimentos. Eso quiere decir que las tiendas eran sitios para quedar más que nada. Siempre había leche y pan, pero para todo lo demás había que pasarse de vez en cuando, para ver qué habían traído. A veces era agua mineral con gas, otras, jamón cocido cortado a cuchillo. Por la pinta que tenía, por estudiantes de charcutería en su primer día de clases. Por lo tanto había que comprar no lo que tenías planeado o lo que te apetecía cocinar, sino lo que habían traido, y en cantidades determinadas por el dinero disponible. No podías reflexionar o planificar, había que actuar en el momento.

Como consecuencia, de vez en cuando en casa había cantidades ingentes de algo. 4 cajas de zumo de zanahoria. 2 cajas de manzanas variedad Richter. Recuerdo una vez que mi madre compró 3 kilos de caramelos. Empecé de manera razonable, un caramelo de vez en cuando. Acabé llenándome la boca de caramelos, un puñado tras otro, hasta acabar los 3 kilos.

Así desarrollé esta característica de mi personalidad: pegarme atracones. Apasionarme por algo. Tragarme todos los libros que pueda encontrar sobre un tema. Pensar y hablar sobre una sola cosa durante 3 meses o, con suerte, 3 años. Empezar comprando “Una historia del pueblo judío” y acabar con “Objetos de culto judaico en los museos rumanos”. Y como el último es un coñazo mal editado con fotos borrosas y texto que mancha los dedos, perder el interés.

Las cosas no se consiguen así.

Para que una cosa se haga hace falta ser aburrido y comedido. Para no desfondarse. ¿Habéis visto los ladrillos firmados en la Mezquita de Córdoba?… Me flipan. La trascendencia se consigue así. Vas por la mañana al trabajo. Haces lo de siempre. Pones ladrillos por ejemplo. Pero ese día te sale todo particularmente bien. Y, contento, vas y firmas un ladrillo. Y luego, 600 años más tarde, resulta que es monumento de valor artístico, histórico y patrimonio de la humanidad y que la gente viaja 5.000 kilómetros para ver tu firma que ni siquiera te ha salido demasiado bien, pero ahí está.

Además es que miramos las cosas equivocadas. Los héroes. Los que se han esforzado un momento, han apretado los dientes 15 minutos, han sufrido lo inimaginable durante 5. Eso no es difícil. Es como hacer puenting. Cierras los ojos, inspiras, y luego las circunstancias lo hacen todo por ti. Es dejarse llevar.

Lo difícil es elegir sufrir un poco todos los días. Otra vez el despertador. Otra vez hacerse el desayuno. Atasco. El niño llorando detrás, no quiere ir a la guarde. Llegas tarde a la oficina. El mismo jefe inepto que ha tenido la suerte de haber coincidido en la carrera con el director general que ha tenido la suerte de tener el mayor rango de toda su panda cuando les echaron de la multinacional en la que estaban. Comer en la cafetería los mismos platos insulsos, mirando con compasión a los ejecutivos con corbatas. Y firmar un ladrillo, si un día te ha salido particularmente bien.

Esta es la receta. Pero las revoluciones son más divertidas.

Imagen: Виктор Скерсис. Пионерки