A single house

La experiencia no es lo que le pasa a un hombre, sino lo que un hombre hace con lo que le pasa.

Siéntese cómodo. Para empezar, hablar de un clásico y de un tópico, 2. 001 Odisea en el espacio; y una secuencia en particular, la final. Después de uno de los viajes más alucinógenos, agobiantes y herméticos de la historia del cine, David Bowman, el protagonista y el espectador, exhaustos, creen llegar al final de su trayecto. Pero se encuentran en una misteriosa habitación, fría en te desnuda en la que parecen superficialmente dispuestos elementos característicos el hábitat humano. Poco a poco se descubre el misterioso objetivo, servir de jaula de observación en la que vivirá el resto de sus días. La escena no sería tan sobrecogedora sin esa misteriosa y milimétrica puesta en escena; la mezcla de vacío y muebles Luis XVI  ideada por el obsesivo Stanley Kubrick. A veces, la escenografía y el decorado se pueden convertir en un actor más de una película. Un buen decorado puede sugerir tanto como un buena construcción de los personajes o una buena actuación. Alimenta la necesidad humana de querer saber más lo que hay detrás del protagonista.

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Siempre me han gustado las casas de las películas, no se si por desviación profesional o porque soy un mirón o un cotilla. Pero, lo que en realidad intento, es saber más de los personajes por el lugar en el que habitan y saber de lugar que habitan por los personajes. La casa de George Falconer, interpretado magistralmente por Colin Firth, el protagonista de A Single Man (2.009) es una de mis obsesiones. La relación vivienda–propietario me parece una de las más interesante del cine de  últimos años.

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La elección del escenario y la relación con el protagonista demuestran la pericia de su director, Tom Ford, adquirida como responsable de los diseños y campañas publicitarias para la marcas de moda Gucci e Yves Saint Laurent. Los trajes, el coche y la casa nos transportan a la vida del protagonista, un elegante profesor de universidad que no puede sobreponerse a la perdida de su pareja:

“El auténtico dolor que supone perder a alguien querido no se produce en el momento traumático de su muerte, sino en los pequeños detalles que, día a día, te van recordando su ausencia. Durante los últimos ocho meses, despertarme ha sido doloroso. La fría certeza de que aun estoy aquí me invade lentamente. Nunca fui de los que saltan de la cama y reciben el día con una sonrisa.”

Los detalles del día a día que contiene la casa, fotografiados con luz anodina provocan los recuerdos del pasado, de una casa viva con una luz limpia y dorada rasante del atardecer.

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La casa Schaffer

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John Lautner (1.911–1.994) es un arquitecto de cine, diseñó las viviendas más fotogénicas y cinematográficas de Los Angeles, que representan la construcción del sueño americano y la época dorada de Hollywood. Los Schaffers compraron una parcela en Glendale, condado de Los Ángeles, al finalizar la guerra. Durante un tiempo la utilizaron para ir los fines de semana y hacer picnic debajo de los frondosos robles que daban sombra en toda la parcela. Enamorados del lugar, al hacer el encargo al arquitecto, lo dejaron bien claro: “una casa en la que me sienta como debajo de los árboles, en un picnic”.

La vivienda se construyó en 1.949. El arquitecto cumplió con los deseos de los clientes o ahora se puede decir eso porque no conocemos sus quejas. La casa tiene una distribución sencilla: tres dormitorios, dos baños, salón, cocina, garaje y lavandería.
Una de las principales características de la casa es que no tiene fachada principal. Una valla es lo único que se puede ver desde la calle. La entrada principal se sitúa al lado del garaje, señal de la integración del automóvil en la sociedad de la época. Dentro de la vivienda, toda la superficie del tejado parecen hojas nervadas que se apoyan en un tronco formado por la chimenea del salón, que a su vez articula los distintos espacios del interior. La situación de la casa en la parcela conforma distintos espacios a los que se abren las habitaciones; a los dos patios principales el salón, con doble orientación y los dormitorios a distintos patios que resguardan su privacidad. Los porches son lugares intermedios entre el interior y el exterior. Los aleros salientes, que dan sombra e intimidad y recogimiento a la casa protegen los grandes ventanales, que dan luz al interior. Las cubiertas superan el espacio delimitado por muros bajos y ventanas longitudinales, que hacen parecer que todo el techo flota sobre la vivienda.

Las grandes superficies acristaladas parecen un gran inconveniente a primera vista, pero todo el suelo de la vivienda es radiante, con lo que se aseguraría una buena temperatura en invierno. En los cálidos veranos de California, la sombra de los árboles, los grandes aleros y las ventilaciones cruzadas garantizarían una buena temperatura.

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En esta, una de las primeras viviendas unifamiliares de Lautner, se deja notar la influencia de su maestro, Frank Lloyd Wright y a través de este, de la arquitectura japonesa. Es una “casa de la pradera”. Se nota claramente la influencia de la Taliesin West, donde trabajó como delineante, en la inclinación del lucernario del techo de la cocina. La influencia de la arquitectura japonesa se hace presente en la graduación de la luz para la división de los espacios y la relación con el paisaje. La horizontalidad, los grandes aleros y el porche como prolongación del jardín integran la casa en el espíritu de la naturaleza o kami, base del sintoismo japonés. El jardín también es de influencia japonesa; utiliza la técnica del Shakkei o paisaje prestado, incorporando el paisaje que hay más allá del jardín como elemento propio. La influencia de Wright y la arquitectura japonesa se unen con la influencia organicista. ¿La forma sigue a la función? Sí, pero lo que importa más ahora es que la forma y la función son una. Las cubiertas como hojas que se posan suavemente en el suelo y la expresividad de los los materiales naturales, como la sequoia roja, madera de esos árboles típicos de California.

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Todo esto conforma una máquina de habitar perfectamente emsamblada, con los materiales cómodos y cálidos. En el interior, la vista busca los ángulos por los que escapar hacia el paisaje, como debajo de un gran árbol.

Affiches. Visite nuestro ambigú.

Me gustaba cuando se colgaban los affiches en las fachadas de los cines. Cada tarde, cuando volvía del colegio, me paraba a mirarlos intentando hilar un argumento para ellos e imaginar cómo era la película. Ahora, al mirar las fotos de esta casa intento hacer lo mismo, hilar un recorrido para comprender mejor su funcionamiento y cómo podría ser la vida de las personas en ella. Es el proceso contrario a la creación arquitectonica; o en realidad, es el mismo, partir de una imagen y crear una historia.

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Foto 1. Entrada. Lo único que se ve desde la calle es el garaje y una valla que protege la vivienda de miradas indiscretas. La entrada a la vivienda no se muestra directamente, se encuentra siguiendo la valla de lamas de madera.

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Foto 2. Entrada vivienda. Doblando la valla de lamas de madera, bajo un techo bajo se llega a la puerta principal de la vivienda. Suelo exterior de hormigón continuo. Hay otra entrada directamente a la cocina desde el interior del garaje, para facilitar la entrada de la compra.

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Foto 3. Recibidor. Desde el recibidor se domina la casa.

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Foto 4. Salón. El techo asemeja una hoja nervada descansando sobre la chimenea.

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Foto 5. Salón. Transparencia y aleros que protegen la casa del sol.

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Foto 6. Exterior. Lucernario de la cocina. Puertas pivotantes.

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Foto 7. Cocina. Esta es “la cocina que enamoró a Frank Ghery” y que copiará en su propia casa. El techo se eleva el inclina para recibir el sol de la mañana. A continuación el comedor, para ser usado cerca de la cocina.

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Foto 8. Pasillo. Pasillo exterior totalmente acristalado que conduce al las habitaciones y baños.

Foto 9. Habitación. Muebles y armarios originales.

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Foto 10. Habitación. Muebles y armarios originales.

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Foto 11.Habitación. De forma triangular, sorprende el gran ventanal con vistas a un patio privado.

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Foto 12. Baño. Sobresale el sorprendente revestimiento de chapa  galvanizada ondulada y los radiadores empotrados. Los focos se encuentran camuflados en una doble viga.

Ya no cuelgan los Affiches en las fachadas de los cines. Me gustaban esas cajas donde se exponían, forradas de terciopelo rojo; pinchadas con alfileres como si fueran insectos, siempre en el mismo sitio, para no descubrir la diferencia de color del terciopelo comido por el sol. En realidad ya no hay cines, se han convertido en la prolongación del centro comercial. Quisiera ser como Julius Shulman el fotógrafo del Movimiento Moderno en Los Ángeles. Su sintonía con el espíritu la arquitectura era tan intenso que cuando empezó a tener encargos de arquitectura posmoderna se sintió tan vacío que decidió dejar de hacer fotos. Me siento vacío cuando voy al cine y cuando veo algunas casas. Casas, cine y el material con el que están hechos los sueños

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The End.

En la actualidad, la casa Schaffer, se encuentra deshabitada y en venta por 1,395 millones de dólares. La crisis económica y su singularidad hacen difícil su venta; nadie quiere comprar una casa donde no pueda colocar su vida, hay casas que tienen vida propia y es difícil imponerles otra. Debajo de sus porches y los árboles de su jardín escuchas a quien te cuenta que los amantes son como los autobuses, que basta con sentarse y esperar a que pase otro; y que hasta de las peores cosas sale algo bueno, como los bellos colores del anochecer fruto de la contaminación. O mejor, como dice George Falconer:

“Unas cuantas veces en mi vida he experimentado momentos de una claridad meridiana. En los que durante unos breves segundos, el silencio ahoga el ruido y puedo sentir en lugar de pensar. Todo parece muy definido, el mundo claro y fresco como si todo acabara de nacer.”

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