El fútbol escolar, escuela de alta política

Rajoy Pescador

 

 

 

Ser un permanente descartado en las selecciones de equipos de fútbol en el colegio me permitió convertirme en un observador del noble deporte del balompié en patio escolar, alcanzando el grado de experto indiscutible, precisamente por tener un desconocimiento absoluto de las reglas que lo regían. El análisis me permitió acceder a la realidad, sin venir mediatizado por opiniones, usos, costumbres o reglas que se daban por entendidas sin necesidad de explicación, y me ha permitido llegar a la edad adulta convencido de que el fuera de juego realmente no responde a posiciones de los jugadores atacantes respecto a los defensas del equipo contrario, sino que viene a sancionar alguna falta moral leve – y por ello, necesitada de un severo reproche – achacable a aquellos.

Las reglas que regían el campo escolar resultaban, en principio, ininteliglibles. pero tras un análisis detallado y muchas horas al sol, aforismos como “penalti gol es gol” o “vale portero delantero” se me revelaron: valía ( o no, según se estableciera) el chut lanzado a bocajarro, y valía que el portero se hiciera ubicuo, asumiendo y librándose de las cadenas que le ataban a la portería según conviniera a los lances del juego; adquirían también razón los reproches que se fijaban a algunos jugadores, siendo el más grave el de “estar a la pescaera”. El jugador “a la pescaera” no participaba del esfuerzo del grupo, sino que se situaba estratégicamente y sin sudar una gota, en la cercanía de la portería contraria, de manera que son un simple movimiento de pie o, colocando su cuerpo en el azar de un balón perdido, terminaba por marcar. Era un oportunista que, sin hacer nada, se llevaba el laurel del triunfo, lo que irritaba a unos y a otros, que con mejor o peor fortuna habían peleado en el juego. Incluido el portero-delantero.

Mariano Rajoy es un presidente “a la pescaera”. Está en el borde del abismo, sin moverse, impertérrito a lo que desde la grada se le pide, se le grita, se le suplica, tanto desde un bando como desde el otro, esperando a que un balón perdido se le aparezca y marque un gol. Al paro, al PIB, al FMI o al lucero del alba. Van avanzando los minutos, y no se mueve de allí, pegado al palo de la portería, haciendo como que sigue el juego con atención. Pero no se le ve pegar una carrera, convencido de que queda partido, que quedan minutos hasta que el Hermano Angel toque el silbato y se disuelva el encuentro sin dilación, y que le llegará el balón providencial. Y así seguimos.

Lo peor es que ni se le va a poder aplicar la regla de “el que la tira va a por ella”, porque a por la pelota vamos a tener que ir todos los demás.

 

One thought on “El fútbol escolar, escuela de alta política

  1. fjcristofol dice:

    Interesante aportación Diego. Sin embargo, me temo que aunque Rajoy esté ‘a la pescaera’ estamos en una situación en la que todo su equipo está echando balones fuera… Tantos y tan fuera que se han ‘empeñado’ ya casi todos. El problema va a estar cuando el lenguaje deje de darles balones con los que sortear la inteligencia de su mayoría.

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