Monthly Archives: septiembre 2016

La Málaga ubicua

Dosto

 

“A decir verdad, me dijo que en otras circunstancias, sobre todo con un
cambio de clima y de impresiones, el enfermo podría recobrar la salud. Me dijo
que en España -y esto ya lo he oído yo antes e incluso lo he leído-  hay una isla
extraordinaria, Málaga creo que se llama …. en fin algo que suena a vino, donde
no sólo los enfermos del pecho, sino los verdaderos tuberculosos se curan por
completo con sólo el clima, y que allí van de propósito a curarse los nobles, por
supuesto, y quizá también los comerciantes, pero únicamente los que son muy
ricos. Pero aunque no sea mas que esa Alhambra mágica, esos mirtos, esos
limoneros, esos españoles en sus mulas…,”

 

“El sueño del príncipe”

Fedor Dostoiewski

Adios, Jose.

La Gran

A un amigo desconocido aún.

Yo sólo quiero aprender de ti
algo que pronto se pueda olvidar
pues algún día lo voy a contar
muy lejos de aquí, sí
a otro amigo desconocido aún.

Con la cabeza tan desgastada ya
como la punta de un lapicero muy viejo
y con la lengua enmarañada
y las mejillas tan negras como carbón.

Me las he perdido todas, Jose. Todas tus despedidas. Ni estuve en el hospital, ni en el tanatorio, ni en los homenajes habituales, ni en la misa de difuntos. He sido un espectador ocupado, tan lleno de miedo a la enfermedad, al dolor, al vacío, que me he quedado sin decirte adiós.

Supongo que me perdonarás, no sé.  El hecho es que tampoco tengo mucho espíritu de enmienda: no tengo intención de despedirme de mucha gente, más que nada porque no me gusta. Y, sobre todo, porque parece pretencioso… Pensando que es el otro quien se va a ir, seguro que resbalo en alguna baldosa escurridiza de Calle Larios un extraño dia lluvioso ( a los pomposos el destino siempre nos reserva un final cómico) y dejo a tres o cuatro amigos que hubieran querido despedirse de mí. Y vuelta a empezar.

La verdad es que no. Por mucho que me aterre, sigo haciendo planes de futuro, y me miro en el espejo y veo a un individuo saludable y joven, que no cita a la gente que quiere para darle el mal rato de un adiós porque seguro que nos veremos más pronto que tarde, y porque tampoco sabría que decir. “Oye, que igual mañana resbalo por Calle Larios y me muero y me quería despedir de tí, y que me perdonaras por no haberte felicitado por tu cumpleaños”, por ejemplo. “Pues ponte zapatos con suela de goma y deja de pensar esas gilipolleces” sería una respuesta lógica a tan trascendental preocupación.

Total, Jose. Que he roto la carta y que he guardado el libro. Que he roto todas las cartas a todos los destinatarios que, a estas alturas me habrán perdonado o no me perdonarán, por mucho que les mande cartitas. Me he comprado unos zapatos con suela antideslizante, una nueva libreta de dibujo en La Ecomónica  (que todavía no he estrenado por ese miedo a que las cosas no salgan bien a la primera del que tanto te reias) y en un rato me voy a esas calles a dibujar farolas. Que he abierto de par en par los recuerdos y no huelen a naftalina, ni a lágrima, ni a pena.

Adios, Jose.