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Superhéroes de barrio: La Alvaroteca ( calle Gerona, 39, zona Cruz de Humilladero)

Shot'em all

 

Si la actividad de hostelería tiene un punto de heroicidad, la que se desarrolla a pulmón, con imaginación y esfuerzo, alejada de las rutas de caza habituales de los entregadores de flyers que echan la red de arrastre a la marea de cruceristas a ver qué cae, merece una capa de superhéroe.

No todos los egresados de las escuelas de hostelería han entrado en el universo de los cocineros mediáticos a los que siempre hay un suplemento que les da autobombo y les cobra publicidad. Los hay que tiraron por el camino tranquilo, vertiendo en el quehacer modesto las buenas enseñanzas recibidas o quienes deciden huir de la imposible imposición del Centro Histórico y hacen de su barrio su baluarte, buscando un local, adecentándolo, poniendo lo mejor de si y dando de comer y beber con imaginación y honestidad.

Como en las películas americanas, seguro que cuando echan el cierre y han recogido, sacan una libretilla llena de cuentas en la que van sumando hojas a su gran sueño: ojalá más espacio de sala, ojalá una cocina nueva, ojalá lo que no suplen dia a dia con imaginación y una sonrisa. Y la cierran y empiezan a pensar qué van a dar de comer y cenar mañana por 9,90 euros, que guste divierta y, a lo mejor, incluso sorprenda.

Por recomendación de un amigo pasamos por un local en Calle Gerona: La Alvaroteca. Se lo recomiendo. Vayan sin ideas preconcebidas y con el propósito de disfrutar. Miren hacia la cocina, un hervidero de actividad y con el dueño que no quita ojo a los dos lados del negocio, escuchen el menú ( por 9,90 euros, pan y postre aparte) y sobrepónganse a los a veces demasiado historiados nombres de los platos. Si la prueba les convence, tiren de la carta y de las sugerencias de los hiperactivos camareros. Encontrarán un local normalmente lleno, a veces un poco ruidoso, pero lleno de vida y de ilusión por agradar.

Seguro que irán corrigiendo pequeñas cosas ( quitarle dos apellidos por lo menos a cada plato y que los postres sean más limpios y no un batiburrillo epatante ), conservando lo importante. Por eso merece la pena ir y gastar, que es con eso con lo que se construyen los sueños.