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Domingo en el jardín de la Duermevela

Poseía un talento líquido que llenaba cada uno de los personajes que caían en sus manos, era capaz de meterse bajo una piel hasta que el espectador conseguía olvidar su aspecto y lo confundía con el papel que interpretaba. Cómo un dandy, un predicador o un escritor homosexual; se sobreponía a su pinta de perdedor revelando esa lucha interior que mantenemos cada día al interpretar nuestro personaje. Quizá ese era su encanto, una mezcla química e inestable de genialidad y fracaso, que identifica a su generación.

A esa edad los domingos son insoportables. El domingo es el día del descanso sagrado menos de uno mismo. Ni los fríos, ni los templados, ni los lluviosos, ni mucho menos la preciosa luz dorada del sol al atardecer; todo recuerda a la inmensa pérdida de tiempo que es la vida. Pero lo más insoportable de todo es la angustia. La angustia recorriendo el camino del estómago a la garganta de arriba abajo y de abajo arriba. La angustia que empieza un poco antes del sábado y se va sedimentado domingo tras domingo a lo largo de toda una vida medio vivida. Una angustia que es, simplemente, la angustia de no saber cuál puede ser el límite.

Se queda embobado mirando las flores que forma la sangre al mezclarse con el liquido de la jeringuilla. Empuja el émbolo y rápidamente las flores se meten dentro de la carne y empiezan a correr por su sangre. Las rosas le pinchan en las venas con sus espinas, el azahar deja un olor imperceptible e irreconicible y las orquídeas confirman que el olor es a la destrucción corriendo directa al corazón. Se concentra y escucha los latidos, son los primeros compases de la música de un hermoso baile microscópico, a ese tamaño todo pude ser hermoso. Las flores, aceleredas por la presion de los capilares cada vez mas pequeños, llegan al cerebro. Si se fija con detenimiento puede ver que las flores estan formadas por hexágonos de diacetilmorfina unidos por enlaces covalentes. Inundan todo su cuerpo y ahora empiezan a convertirse en pequeños hexaedros sólidos. Esplendorosa y mágica geometría, homotecias, alquimia que transmuta unas cosas en otras, piensa que la solución a todo es la geometria . Se mira el cuerpo, ve que sus piernas y sus manos están ahora formadas por miles de exaedros negros, siente el frio del material llenando su cuerpo y está aterrado, nota como sus ojos se van convirtiendo y se va quedando ciego. El frío del material se convierte en un flash, que rompe el calor que lo inundaba.

[Ella llega cabalgando a lomos de un caballo negro, negro sobre negro. Solo se distingue el brillo del pelo de ambas bestias como chispas eléctricas en las oscuridad. Lleva los brazos en cruz, desnuda, montando a pelo. Lleva una lanza, con una mano sostiene el extremo y con la otra coge la punta afilada para apuntarle]

Está todo oscuro. No sabe donde está. La verdad es que le importa poco, muy poco, nada, y así lo gríta. En vez de voz sale un liquido de sus pulmones. Conforme va saliendo ese líquido se siente cada vez menos angustiado y aliviado de la presión del domingo. Intenta recordar lo que hay fuera. Su mujer, de la que solo se acuerda para preguntarse por qué se casó con ella; sus hijos, de los que solo se acuerda para intentar atarse al mundo. Le da igual o simplemente ya no le producen ningún dolor. Se pregunta por sus hijos, su mujer, sus padres y se da cuenta que son ideas por las que ahora no siente nada. Esta es la única forma que conoce de no sentir nada. Alguna forma habrá para salir de ahi, cuando lo haga arreglará su vida ya ha visto como hacerlo; siempre ve como hacerlo, pero cuando despierta lo olvida. Mañana, cuando se levante, todo volverá a estar bién. Es sábado, pero eso no importa, vivir es simplemente una cuestión de cuantos domingos se es capaz de aguantar.

[C'mon and save me
Why don’t you save me
If you could save me
From the ranks of the freaks
Who suspect they could never love anyone]

Playlist: http://open.spotify.com/user/jammarq/playlist/7n8AX5BFg9BMPpImKqzjLX