Monthly Archives: enero 2014

Carta a un joven profesor.

EscuelaQuerido,

Vengo de una generación en la que “maestro nacional” o “catedrática de instituto” suponían imaginar a los sujetos cargados de medallas y entorchados, revestidos de una dignidad sacramental, y estoy junto a una generación a la que estimulo a estudiar como los anarquistas formaban a los jornaleros: para que no los engañen sisando en la suma o robando su firma en un papel que no podían entender, porque hoy en dia nos siguen sisando en una suma – o en una estadística – y robándonos en papel – o en un extracto – que no podemos entender.

Y entre unos y otros – unos perdidos en la nebulosa amable de la memoria y los otros apremiados por la velocidad del tiempo que pasa y no perdona – quisiera que un profesor o profesora me ayudara a enseñar, en esa casapatio que debería ser el hogar y la escuela, que tener criterio no supone despreciar al que no coincida con éste y, a su vez, saber plantar cara al despreciable; que saber escuchar es un arte y, a la vez, que hay momentos en los que el silencio es complicidad con los malvados, y es cuando hay que hablar fuerte y claro; que pensar es una actividad sana y saludable, no reservada para gente cercana a los cincuenta, que ya estamos más para obedecer; que saber el funcionamiento del sistema circulatorio humano no les evitará las penas que parecerán romperles el corazón, pero que el mundo no se acaba en una playa, por mucho que esta fuera la del Palmar.

Que aspirar a todo lleva como contrapunto aceptar la posibilidad de la derrota en mucho, y que se aprende mucho más limpiándose las rodillas después de caer que culpando a la escalera de la caida.

Recuerdo con agrado a mis profesores, incluso a los de matemáticas, física y química, a quienes agradezco además su infructífera paciencia. Pero especialmente recuerdo a un profesor que nos trataba como a adultos en formación y no como un hierro candente al que ahormar con yunque y martillo. Fue mi profesor de griego.

Para que luego digan que no tenía utilidad.

En el deseo de que ese profesor seas tú, y que ayudes a pensar a esos pequeños adultos que te encomendamos, cuenta con mi reconocimiento, auxilio y un abrazo fuerte.

Volvemos, tenemos un pan y sabemos como usarlo.

Mecanografia 2

 

 

 

Han sido unas buenas Navidades. Con el bolsillo menos alegre que la anterior (en ese decrecendo que viene caracterizando a las economías domésticas desde que a alguien se le ocurrió decir que la crisis ya se estaba acabando), con ningún compromiso social, he podido disfrutar más de la familia y los amigos, sin pasar por ese calvario moderno que se llama “almuerzo o cena de empresa”, y pudiendo por tanto elegir quién, dónde, qué y cuánto.

 

Y los dóndes han sido variados. Con nuevas incorporaciones ( como el Juanito Juan, en Av. Salvador Allende 26, de la República Independiente de El Palo, que ha venido para quedarse, sumando la experiencia de sus propietarios en la hostelería a una materia prima tratada con cariño superior, un servicio afectuoso, unos precios imbatibles y una ensaladilla rusa absolutamente adictiva), y alguna que otra decepción, por descenso en calidad de alguna de las barras míticas de esta ciudad ( como la de La Reserva, sin ir más lejos), no son las fechas pasadas el mejor momento para experimentos, que ya tendré oportunidad de hacerlos y contarlos.

 

¿Qué pasará por aquí en el 2014? Pues seguiremos a la búsqueda del buen restaurador, en el arco que va desde el casticismo a la innovación, y para ello viajaremos tanto en la provincia como fuera de ella. Hay pendiente un especial Ronda, hay pendiente un paseo por Córdoba, hay mucha curiosidad por las sugerencias de perfiles como @alrebalaje, @coinfusion o @Espetoblog, entre otros, con quienes me gustará compartir opiniones sobre el futuro de la gastronomía y restauración en Málaga, que se integrará en ese especial de La Málaga Futura que esperamos poder tener acabado antes de que se nos vaya el primer trimestre. Moderaremos nuestro entusiasmo y, en alguna ocasión, el Pan Nuestro de Cada Dia será más “Dar la vida y el alma a un desengaño” de Lope, que “La dulce boca que a gustar convida” de Góngora, hablando de lo bueno, pero también de lo malo – que no es poco – que nos encontremos en barras y mesas.

 

Y hablo del futuro en plural porque espero que seamos más los que podamos compartir nuestras experiencias, siempre personales, siempre desde la anónima honestidad del cliente común, sin púlpitos ni “gañotes”.

 

¡Disfrutemos!

 

La Navidad va a ser lo que yo te diga.

predicadorc

 

En el último trance de la Navidad católica ( y digo católica porque, para los muy fanes de este periodo, todavía pueden engancharse a la Navidad ortodoxa que empieza precisamente hoy) que es la Noche de Reyes, todavía le quedan pilas al altavoz de los quejosos habituales para que, en el catálogo de infamias que recitan como la tabla del nueve, añadan el haber convertido la Epifanía en una vorágine de consumo, en una estéril carrera de mallrats que gastan lo que no tienen, comprando lo que no saben para regalar a quienes no lo quieren, señalando con el dedo, ese dedo permanente, inquisidor en automático, a la cola entera de una gran superficie comercial.

La Navidad, de punta a cabo, tal y como yo la veo, es una suma imperfecta de momentos, unidos por el hilo conductor de una tradición, que nos permite a quienes somos creyentes – no de tan buena calidad y cantidad como los inquisidores, pero ahí vamos, haciendo lo que buenamente se puede – añadir un sentido trascendente. Yo no necesito berrear que Jesús nació en un establo para alegrarme de que un amigo, con quien a lo mejor sólo hablo de año en año, aproveche esa ocasión para llamarme y desearnos felicidades; no necesito hacer votos escandalizados contra la gula para preparar con mimo una cena, pensando que mi familia disfrutará de algo que he elegido con cuidado y he servido con esmero, procurando que todos estemos bien, para poder recordarlo cuando no todos estemos; no me voy a sentir una víctima del materialismo si me anduve cuatro librerías buscando ese concreto ejemplar, con el que demostrar a quien lo reciba que, al menos durante ese proceso, pero posiblemente durante todos los minutos del año, he pensado en ella, en sus gustos y colores, y que mi forma de demostrarlo es así o con una Monster High más fea que pegarle a un padre.

No soy perfecto, ni por asomo, pero me encuentro bastante cómodo en mi imperfección. Mi amor a Dios no será tan puro: tendré que envolverlo en las irregulares maneras de un papel de regalo que no hay forma de doblar sin que se rompa, y esperar a que alguien juegue con esa muñeca, lea ese libro, se abrigue con esa bufanda, acaricie el borde de esa copa o rompa un cristal con esa pelota y sonría.

Y Dios, mientras tanto, como escribió Jardiel, tomándose un limón helado.

Edith y Egon

image

Se miró las manos, le dolían tanto los huesos que casi no podía ni coger el lápiz. El calor de la fiebre le nublaba los ojos. Ella estaba en la cama, rodeada de sábanas revueltas. Miró su cuerpo reteniendo las lineas principales de su postura. Intentó concentrarse en el silencio de la habitación para calmarse un poco. Miró el dibujo, paseó sus ojos por el espacio en blanco dentro de los contornos perfilados con el lápiz. La expresión de las líneas y la distancia precisa entre ellas dibujaban un terreno conocido. Con un par de lineas el lápiz comenzó a dividir la geografia. Todo encajaba, dibujaba un mapa que conocía bien, la cara de su mujer. Un mapa destinado a desaparecer -pensó- como el del imperio en el que había nacido, ahora solo una bandera hecha jirones sucios, despedazada en las mil batallas perdidas.

image

El pelo pelirrojo de Edith siempre le recordó al de su hermana, quizá por eso se casó con ella. Había dibujado cientos de mujeres con la misma pasión y siempre comenzaba igual. Una suave línea como el nacimiento del pelo, después tanteaba con la punta del lápiz el lugar donde iba a dibujar la ceja, después el ojo, la nariz, la boca, la barbilla… Era un rito desde que utilizaba a su hermana, menor de edad, como modelo. Primero era como un juego en el despertar de la sexualidad, después se convirtió en una obsesión morbosa. Le gustaba dibujar niñas, como un mirón desnudaba su inocencia mientras ellas no se daban cuenta. Le gustaba ir engañándolas lentamente para que fueran levantando, cada vez un poco más, sus faldas hasta dejar al descubierto lo que él quería dibujar. Eso le excitaba, saltarse las barreras, dibujar lo prohibido, llegar un poco más allá en cada dibujo.

image

Edith… Pronuncia su nombre y ella no se mueve. ¡Edith!… Levanta un poco más la voz y ella no contesta. ¡¡Edith!!… Grita hasta que el dolor se hace insoportale, pero ella sigue sin contestar. Empieza a toser por el esfuerzo. Siente el ahogo, el sabor a hierro de la sangre subiendo por la garganta. El dolor le hace recordar lo ocurrido unas horas antes, cuando ella lo abandonó. Se vuelve a sentir como un voyeur, dibujando a una mujer, distraida en su inocencia, que no se da cuenta de que unos ojos la observan. Quiere levantar las sábanas para dibujarla desnuda, pero la frontera de su conciencia, que tantas veces ha abierto, se cierra ante la posibilidad de que se enfríe el cuerpo muerto.

image

Conforme el grafito perfila el rostro de su mujer sobre el blanco del papel va teniendo la certeza de no poder escapar del destino. Sobrevivieron a la guerra pero ahora está seguro que no sobrevivirán a lo que viene. Nunca se habían enfrentado a nada igual. La guerra -con sus balas y bombas- demolió todo lo que tenían y eran; ahora sin nada, algo tan pequeño, casi invisible iba a acabar con sus vidas. No quiere llamar a nadie, ni tampoco tiene a quien llamar. Primero habían muerto sus amigos; ahora Edith, lo único que lo unía al mundo. Está derrotado, abandonado, no le consuela ni su gloria como el mejor pintor de Viena. Solo sabe hacer una cosa y eso es lo que le queda por hacer, hasta que se le agoten las fuerzas. Arranca la hoja en la que estaba dibujando y empieza en otra, como ha hecho toda su vida. El nacimiento del pelo, la ceja, el ojo… Cada línea tiene un sentido, reducida su mínima expresión pero con el máximo significado. La frustración es cada vez mayor; había visto morir al viejo mundo pero no le quedaba tiempo para ver nacer al nuevo que había ayudado a crear.

image

2014 para principiantes

El problema de un nuevo año es que es completamente nuevo. Hay una altísima probabilidad de que usted y yo nunca hayamos vivido en 2014 y por tanto no sepamos exactamente qué hacer con cada uno de estos 365 nuevos días. Si IKEA vendiera años todo sería mucho más fácil; vendrían con unas herramientas perfectas, los tornillos justos y unos croquis clarísimos. Lo de empaquetar los meses en paquetes planos es más problemático pero eso daría para otro post.

Hay muchas maneras de enfrentarse a un nuevo año. Entre las más clásicas -y no por ello menos actuales- se encuentran “el año asiento de ajuste” que debe compensar las desdichas del anterior, “el año lámpara de Aladino” al que se le piden tres deseos, el año “trébol de cuatro hojas” del que se espera fortuna infinita y el “año virgencita” al que se le ruega quedarse como se está. Todas estas opciones tienen un elemento común; la responsabilidad de todo que ocurra en cada uno de los 365 días recae en esos omnipotentes superhéroes que encarnar el papel del año 2014 asiento, lámpara, trébol y virgencita-. ¿A que es tentador? Le confieso que a mí me tira mucho la lámpara de Aladino.

El enfoque diametralmente opuesto es el que defienden los gurúes, coaches y demás expertos en la vida del prójimo; sí, usted sabe a quienes me refiero. Ellos le ofrecerán opciones del siguiente tenor; “el año Mandela” en el que usted se hará capitán de su destino, “el año Gandhi” en el que usted debe ser el cambio que quiere ver en el mundo o “el año Viktor Frankl” en el que usted no elegirá sus circunstancias pero sí cómo reaccionar ante ellas. Esta terna cuenta con un hilo conductor igualmente claro pero opuesto. Nuestros superhéroes del año -Mandela, Gandhi y Frankl- girán el espejo en dirección a usted y le presentan al responsable de lo que ocurrirá en 2014.

No doy consejos gratis y menos a quién no me los pide. Tanto si elige a la Virgencita como a Mandela cuenta usted con mi amistad y comprensión. Es más, siéntase libre de mezclar estas opciones a su albedrío o de añadir otras de su elección. Si le place puede pedirle tres deseos a Gandhi, frotar enérgicamente a Viktor Frankl o buscar un Mandela de cuatro hojas. Eso sí, no me diga nunca que no tenía opciones.