2014 para principiantes

El problema de un nuevo año es que es completamente nuevo. Hay una altísima probabilidad de que usted y yo nunca hayamos vivido en 2014 y por tanto no sepamos exactamente qué hacer con cada uno de estos 365 nuevos días. Si IKEA vendiera años todo sería mucho más fácil; vendrían con unas herramientas perfectas, los tornillos justos y unos croquis clarísimos. Lo de empaquetar los meses en paquetes planos es más problemático pero eso daría para otro post.

Hay muchas maneras de enfrentarse a un nuevo año. Entre las más clásicas -y no por ello menos actuales- se encuentran “el año asiento de ajuste” que debe compensar las desdichas del anterior, “el año lámpara de Aladino” al que se le piden tres deseos, el año “trébol de cuatro hojas” del que se espera fortuna infinita y el “año virgencita” al que se le ruega quedarse como se está. Todas estas opciones tienen un elemento común; la responsabilidad de todo que ocurra en cada uno de los 365 días recae en esos omnipotentes superhéroes que encarnar el papel del año 2014 asiento, lámpara, trébol y virgencita-. ¿A que es tentador? Le confieso que a mí me tira mucho la lámpara de Aladino.

El enfoque diametralmente opuesto es el que defienden los gurúes, coaches y demás expertos en la vida del prójimo; sí, usted sabe a quienes me refiero. Ellos le ofrecerán opciones del siguiente tenor; “el año Mandela” en el que usted se hará capitán de su destino, “el año Gandhi” en el que usted debe ser el cambio que quiere ver en el mundo o “el año Viktor Frankl” en el que usted no elegirá sus circunstancias pero sí cómo reaccionar ante ellas. Esta terna cuenta con un hilo conductor igualmente claro pero opuesto. Nuestros superhéroes del año -Mandela, Gandhi y Frankl- girán el espejo en dirección a usted y le presentan al responsable de lo que ocurrirá en 2014.

No doy consejos gratis y menos a quién no me los pide. Tanto si elige a la Virgencita como a Mandela cuenta usted con mi amistad y comprensión. Es más, siéntase libre de mezclar estas opciones a su albedrío o de añadir otras de su elección. Si le place puede pedirle tres deseos a Gandhi, frotar enérgicamente a Viktor Frankl o buscar un Mandela de cuatro hojas. Eso sí, no me diga nunca que no tenía opciones.