Monthly Archives: diciembre 2013

Una propuesta chestertoniana

Los hechos:  

Un número creciente de inspectores de alto nivel y altos cargos de la Agencia Tributaria están dejando sus puestos mediante ceses o dimisiones. El ministro Cristobal Montoro manifiesta que esta es una situación absolutamente normal puesto que la AEAT está llena de socialistas.

Una interptetación posible:

El ministro debe procurar que los cargos técnicos de su negociado cumplan con sus funciones interpretando la legislación vigente y tomando decisiones de acuerdo con la carga ideológica y la estrategia electoral de su partido.

Otra interpretación posible:

El contribuyente, grande o pequeño,  debe esperar y exigir que la agencia tributaria se gobierne con criterios técnicos y profesionales objetivos, en los que no puede caber la ideología ni el partidismo.   

 

Una propuesta chestertoniana:

Al igual que el ministro, el ciudadano debe tener  derecho a elegir la ideología o incluso el partido del funcionario que va a atenderle. Proponemos un portal público en el que cada ciudadano seleccione si desea que le atienda un cartero de la Chunta Aragonesista, un cirujano cardiovascular agnóstico o un inspector de hacienda leninista. La propuesta sería factible en el bien entendido que para cuando el portal está activo queden funcionarios de diferentes ideologías.

Imágenes del mundo flotante. El rápido vuelo de la vida.

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Con un pie delante y el otro detrás, el peso del cuerpo perfectamente repartido entre ambos en perfecto equilibrio. No es fácil dejar de pensar y mantener la mente en blanco, pero el ritual de montar la flecha en el arco es una buena manera de vaciar la cabeza. Le ayuda mucho mirar la flecha, admirar su ligereza, su belleza e imaginar como será la pureza y perfección del vuelo. Está en un espacio construido solo con sombras, nada le parece material. La gradación de la luz -desde el negro más oscuro hasta la línea más brillante- le ayuda a sentirse aislado, fuera del mundo, sin ninguna distracción, solo concentrado en su objetivo. Empieza a tirar de la cuerda para dar la tensión exacta que necesita para cubrir toda la distancia y clavarse con la suficiente firmeza. Busca el punto de equilibrio necesario para acertar, cuando lo encuentra, la flecha esta colocada y las cuerdas en tensión máxima; la fina línea entre sus dos manos se convierte en el eje de su universo, su cabeza está vacía y no piensa en nada más que en donde va a terminar la flecha. Inmovil. Está preparado. Deja de respirar y suelta el pellizco con el que une la cuerda con cola de flecha. Cierra los ojos y se deja ir con ella. Siente la aceleración, su vuelo, el túnel del vértigo, la punta abriéndose paso el aire. Siente como pincha, los filos cortando y rajando buscando el sitio de donde sacar de la carne, toda la vida los más rápido posible resbalando por la caña y tiñendo de rojo la ropa. El sonido de la flecha al clavarse le ha hecho abrir los ojos. Su corazón, hasta entonces parado, empieza a latir más rápido. Nota la descarga de adrenalina que confunde con el placer y satisfacción que le produce la contemplación de la muerte

Entre el primer recuerdo y el último, el rápido vuelo de la vida.

Y por eso hoy, de mi memoria,
elegir lo mejor de la vida
y su rápido vuelo
que termina como siempre sucede,
demasiado pronto

Una conversación pendiente. Pastelería DAZA. C/ Virgen de las Candelas, nº 24. Málaga

Panettone

 

A estas alturas del mes de Diciembre sólo faltan días para que volvamos a escuchar los tópicos del azahar en las calles, la belleza de los palios, la llegada de la primavera, las fotos de pies en la arena, los atardeceres reventando en rojos, las primeras castañas y el alumbrado navideño. Una vez más habremos hecho una muesca en la culata, y la madriguera de conejo de Alicia nos volverá a arrojar a otro año distinto, que se nos pasará volando, con la lista de buenos deseos intacta y el gimnasio pagado sin estrenar.

 

Todo tan rápido.

 

A mi se me acumula el trabajo, con esa premura que imprime jugar en el minuto 86 del partido, con dos goles en contra y un expulsado. Repaso que me he quedado sin muchas actividades extraescolares – todas las que me susurraba ZAZ en “Je Veux” y algunas más de mi propia cosecha – que pasarán intactas a la nueva lista, con esa convicción de incumplimiento seguro que da la prórroga automática, pero convencido de que lo realmente preocupante sería si no las tuviera como meta un año más. Compruebo que un año más no me ha hecho más sabio, y que la lista de errores crece con disciplina prusiana, al amparo de mi falta absoluta de arrepentimiento de todos los que fueron cometidos con buena fe y justa causa ( se me libran tres, y uno por los pelos).

 

De todas, mi preferida sigue siendo la lista de conversaciones pendientes, llena de conclusiones, aclaraciones, con un “espíritu de la escalera” que ha trabajado a destajo, amordazado por la prudencia, la cortesía, la natural tendencia a eludir malas obras o la sospecha de que aclarar una situación iba a ser inútil en el mejor de los casos, pero con la convicción de que muchas veces el pecho duele por no haber dicho.

 

Siempre he fantaseado con la idea de dejar una cantidad ingente de cartas en las que acabase esas conversaciones, ofreciera aquellas disculpas, aceptase las explicaciones que ajustaban una situación pasada, molesta e incomprensible; pero al precio que se han puesto las comunicaciones postales puede que uno de mis propósitos de nuevo año sean dejarlas hechas, por no cargar a mis herederos de más deudas, acabando de propia mano las tareas pendientes.

 

Y como pendiente tenía hablar de la Pastelería Daza, allá vamos.

 

Creo que la pastelería y la repostería en Málaga tienen una revolución pendiente. En mi opinión, se está en un terreno intermedio que media entre lo tradicional, acusado de tosco, pero salvado por lo artesano, y los excesos de una pretendida modernidad que terminan con una presentación tan homogénea que hace indistinguibles unos y otros, y en los que los sabores no se aprecian como debieran, primando más el aspecto que la verdadera esencia de lo dulce. No hay sorpresa, y en muchos casos, hay una ejecución “de cubrir el expediente” que llevan a que los cupcakes se confundan con magdalenas con un pegote de algo colorido encima, que los macarons puedan usarse como fichas para jugar al poker, o que las galletas sean sólo un elemento de decoración, que no haya matices en los chocolates y que, al final todo termine siendo lo mismo, lo que lleva a que se confundan “buenos” y “malos”.

 

Nos hemos olvidado del sabor, tanto los que elaboran como los que consumimos, creando una única categoría: lo dulce, sin muchos matices. Y resulta paradójico que sean los pequeños más que los grandes quienes, con menos medios, pero con mucho más amor al producto, con ideas más rompedoras – posiblemente por la necesidad de hacerse un hueco en el mercado los que vienen a aportar nuevas ideas, nuevos caminos, o, en algunos casos, la mejor y más esforzada ejecución de productos clásicos: nadie ha dicho que una tartaleta de pera no sea preferida por los consumidores frente a un rectángulo de color chocolate con filigrana, si la primera aporta un sabor pleno y el segundo no aporta nota distintiva alguna.

 

Y entre los grandes “pequeños” está Daza.

 

Me llamaron la atención sus postres en la carta del Restaurante Oleo – sobre el que ya me tenido oportunidad de hablar aquí – con cuatro propuestas frescas, de las que me resultó más llamativa su lemon pie ( un poco oscurecido por el exceso del fondo de dulce de leche). Lo uno lleva a lo otro, y me decidí a probar más especialidades. De todas ellas, significar su tarta de queso – muy equilibrada y sabrosa – y sus panettones ( de naranja, chocolate y chocolate y naranja), esponjosos, sabrosos y muy “Torreblanca”, corregidos en cuanto a su sequedad en una segunda hornada. Mi preferido fue el de naranja, más que el de chocolate solo o el de chocolate y naranja – siendo éste último muy notable – posiblemente por mi saturación de chocolates.

 

 

 Sus restantes propuestas tienen una ejecución y presentación intachables, que no dudo que satisfarán a sus clientes, pero que a mí me resultaron correctos dentro de la línea señalada de falta de sorpresas, siendo de destacar el semifrío de frambuesa, por salirse un poco de la línea.

 

En resumen, creo que Daza puede estar – si quiere – a la cabeza de un salto de calidad en la repostería en Málaga, por técnica y por espíritu, partiendo de que la calidad no va a ser aportar apuestas estrambóticas, sino posiblemente apegarse al fondo, definido, ejecutado con precisión y cariño, más que a la forma.

 

Esto es: volver a lo importante.

 

Feliz adiós

Una despedida suele ser algo triste, una ruptura casi siempre es un fracaso.

Pero podemos mirar hacia adelante y  fijarnos en el futuro en lugar de en el pasado, porque para que las cosas nuevas lleguen, lo viejo debe desaparecer.

Elecciones buenas  o malas pero con la certeza de haberlas tomado siempre con la mejor de las intenciones, a sabiendas de que romper era ganar, olvidar era avanzar y lo que parece fracasar no es más que el principio de un nuevo logro.

Esto es lo que transmite esta canción de Pepo Scherman, artista que con esta pieza, te hará bailar y probablemente llorar a la vez, reír tristemente y llorar con alegría, una mezcla de sentimientos de esperanza y nostalgia que sólo Tornatore ha conseguido provocarme con Cinema Paradiso.

Esta canción pertenece al LP ida/vuelta y se titula “Es así”

Qué alegría más grande. Yuju.

imageDoriano Romboni falleció ayer en un accidente en la carrera homenaje a Marco Simoncelli, fallecido en un accidente en carrera. La vida a veces tiene esas imágenes incomprensibles, uno lee la noticia del fallecimiento de un piloto en la carrera homenaje por el fallecimiento de otro piloto y sabe que algo está mal, que algo no cuadra, que algo chirría, no sabe exactamente qué, pero no puede terminar de entender completamente la imagen. Como en los dibujos de Escher, hay algo desencajado, forzado, distorsionado, que perturba todo el cuadro pero que no se ve a simple vista. ¿Habría que hacerle ahora una carrera homenaje a Doriano Romboni, fallecido en una carrera homenaje? Algo va mal, lo que sea.

Lo mismo pasa con el Cubidou, algo no cuadra en el retrato. Se levanta uno y encuentra juntas las noticias sobre la Gran Recogida y la euforia por el anuncio del acuerdo con el Centro Pompidou, y sabe que algo va mal. Málaga tiene ya el Picasso, el CAC, el Thyssen, el Soho, casi un 40% de paro, toda la obra civil enfangada, la asistencia social pública y civil saturada y, de remate, un problema crónico y enquistado con la limpieza. Y la Providencia nos envía otro gran museo, francés. Vale, muy bien, pero algo no termina de cuadrar en la imagen, un nosequé chirría. Uno tiene que alegrarse por la ciudad, y trata de arrancarse por bulerías, pero no termina de verse cantando. Esto atraerá el turismo cultural, colocará a Málaga en el mapa y dejará un retorno seguro. El retorno, el retorno, lo veo. Pero no salen las bulerías. ¿Cuánto aporta marginalmente sumar otro gran  museo a la ciudad de los grandes museos? ¿Se acabarán canibalizando entre ellos? ¿Estaremos perjudicando al Picasso, o al CAC, o al Thyssen, más que sumando mercado?

E incluso da igual, tampoco es posible saber cuánto puede sumar o restar el Cubidou ni siquiera con el proyecto ya funcionando, cuánto menos sobre previsiones. ¿Cuánto ha sumado el Thyssen a la imagen cultural de Málaga y a su mercado turístico? ¿Más o menos de lo que costó, y cuesta? ¿Cuánto suman el CAC o el Picasso independientemente? ¿Cuánto retorna cada uno? Es materialmente imposible saberlo, pero entendemos, de alguna forma, que el CAC y el Picasso son un éxito, y el Thyssen un capricho. Y que quizás ya es suficiente de momento, no va más en apuestas museísticas por ahora. Con la que cae. Y con lo que vemos cada día. Y no porque sea incompatible, o completamente incompatible, con intentar arreglar el resto de problemas de la ciudad, sino porque hace que algo no cuadre, que algo pinte raro. Que no se termine de ver. Venga, va, otro museo. Que sí, vale, pero ¿cuántos tenemos ya? ¿Y lo del Metro para cuándo? ¿Y cómo llevamos lo del paro? Y no es que sea incompatible acabar el Metro o reducir el paro con abrir otro museo más, ni muchísimo menos. Pero deja ya un regusto como si nosotros fuéramos a setas y ellos a rolex, fundado o infundado. Y resulta ya muy jodido, tal y como tenemos el patio, con todo, volver a encontrar euforia e ilusión de nuevo con el nosecuantos gran proyecto museístico para la ciudad. Y ponerte a dar saltos. Entiéndanlo.

Chandler decía que todas las mujeres son iguales, a partir de la novena. Otro gran museo más, qué alegría más grande. Venga. Yuju.