Monthly Archives: diciembre 2013

El año que vivimos chestertonianamente.

Nadavidad

 

Hace casi un año, cinco amigos bastante desconocidos nos juramentamos en un único propósito: no juramentarnos jamás. Después cenamos bastante bien en un restaurante italiano – lamentablemente ya cerrado -, tomamos algunas copas, nos hicimos una foto y creamos este club de swingles, tan singles como swingers, en el que compartir todo lo que no teníamos. Desde entonces, no recordamos haber comentado ningún asunto que haya sufrido de unanimidad y sí muchos en los que se han expuesto hasta seis opiniones.

Pese a esa disparidad queríamos dejar una pequeña nota sobre el año que se va y el año que se nos viene, y posiblemente no haya mejor manera de hacerlo que como Dickens, iniciaba su “Historia de dos ciudades”: “Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos”.

Ha sido un año en el que las alegrías y las penas han ido por barrios y por escalas;  en el que las enfermedades de unos se han solapado por las altas hospitalarias de otros, con resultado de pruebas que contiene la palabra “miedo”, y con el sonido de la aorta silbando que ha pasado cerca. En estos meses hemos visto los éxitos y fracasos profesionales y los punto y finales empresariales de propios y extraños, la ilusión y el abatimiento, la esperanza en la recuperación y la duda razonable sobre si ésta llegará alguna vez a producirse. Lo bueno y lo malo se nos ha mostrado en un continuo, y no hemos podido apreciar absolutos, sino matices.

Hemos sido incapaces de ser dogmáticos, ni siquiera fingirlo, frente a quienes parecen ostentar la opinión, pública o privada, cuya percepción de infalibilidad goza de una extraordinaria salud, y así lo hacen saber. Hemos intentado sostener una razonablemente inquebrantable fe en la conversación respetuosa y en el acercamiento de puntos de vista como medios para encontrar opiniones comunes, sin que ello suponga renunciar a las diferencias.

Hemos intentado ser amables, y posiblemente hayamos fracasado estrepitosamente al conseguirlo. Hemos pasado desapercibidos, y con toda seguridad lo hemos conseguido.

Hemos sentido. Y tanto que sí.

Hemos. Nosotros y vosotros, que somos casi nadie y casi todos, que no somos los de siempre, seguiremos por aquí y con ganas de conversación.

Seguro que coincidimos.

Con nuestros mejores y peores deseos para el año 2014.

 

 

 

Onírica

Ripley

 

 

Atado al cabecero de una cama, inmovilizado de la cabeza a los pies con ataduras que son corbatas regimentales, expuesto la vista de los invitados de una fiesta con música suave que se desplazan, entre risas quedas, vaso en mano, del inmenso salón a la terraza con piscina que se pierde en el horizonte de una noche con luces como escenario. Nadie le presta atención, nadie se sorprende ni auxilia: no existe. Ella está sentada sobre su abdomen, vestida como Ripley al despertar en la Nostromo, como si emergiera de él, Nascita di Venere.

 

Sus manos sangran: no las ve, pero siente el calor que se derrama. Ella le muerde los labios, agrietados, y siente el sabor de su propia sangre en la boca. La nota secándose en las comisuras y en la barbilla, emergiendo en cada latido lacerante, resbalando como gotas de lluvia que corrieran en un cristal.

 

para ella el acto sosegado
los poros sabios
la espera no muy lenta los lamentos no demasiado largos la ausencia
al servicio de la presencia
los pocos jirones de azul en la cabeza las punzadas al fin muertas del corazón
toda la gracia tardía de una lluvia que cesa
con la caída de una noche
de agosto

para ella vacía
él puro
de amor

 

 

 

 

Cerrado por festivo

carta de ajuste

 

 

Por celebrarse hoy el dia de Santa Lucía, patrona de los oculistas, los modistas y las personas de temperamento tozudo, no se publicará El Pan Nuestro de Cada Día, para alivio de todos.

Aprovechamos para felicitar a las Lucías,  Aristones, Edburgas, Elías y Judocos, Eusreacios, Auxencios, Mardarios, Orestes, Eugenios y Antíocos, Audvertos, Ursicinos, Columbas, Odilias y Arsenios, en la mayoría de los casos por tener unos padres con tan marcado sentido del humor.

Disfruten del silencio.

La ineludible réplica

The New Statesman

 

 

El recurso facilón de intentar escandalizar demuestra que el Sr. Ahab se quedó anclado en aquellos años en los que una portada de Interviú paralizaba el tráfico y los pulsos, no encontrando otra explicación a las menciones que realiza a la Biblia o a la Alta Escolástica, o a la digna profesión del que suscribe.  De ese confuso argumentarlo sólo se puede sacar como corolario que la Biblia es más completa que El Capital de Carlos Marx, dando por tanto más juego para citas y descartes, y que Santo Tomas de Aquino fue un mandado de San Raimundo de Peñafort, a quién encargó la redacción de la Summa contra gentiles, siendo una obviedad recordar que San Raimundo es venerado patrón de juristas y abogados.

Pero, considerando a quién va dirigida la presente, es necesario recordarlo: San Raimundo es venerado patrón de juristas y abogados, y Santo Tomás de Aquino, un mandado.

Es por ello que los argumentos del Sr. Ahab, amparados por ambos estandartes, son falaces, por torticeros unos y por delegados otros,  y que siendo todos ellos desechables por poco afortunados, lo serían en todo caso de raíz por el error que los preside, pues todo su argumento pretende esparcir la simiente de que nuestros mandatarios han de hacer el mal, no por vicio, sino por hacer de su cargo ejercicio.

Hacer del mal lo ordinario y obligado por el simple hecho de que ostenten un cargo público, es aceptar que son malos por obligación del cargo, que sufren una transmutación moral al ostentar sus funciones y que lo abrazan con la resignación del que sufre los extraordinarios dolores de, por ejemplo, una extracción de sangre, confiado en que ese sacrificio servirá para hallar la cura a sus males, o en este caso, la solución a los males de la ciudadanía a la que gobiernan. Y todo ello cómo si el argumento a combatir fuera que yo, en algún momento, hubiera exigido la bondad de los gobernantes.

Nada más lejos de la realidad.

Yo exigía – y exijo – cortesía. Educación. Corrección. Si exigiera bondad, estaría bajo un manzano leyendo a Thoreau y filosofando sobre la revolución pendiente. Yo exigía – y exijo – menos fuegos de artificio y más ponerse de espaldas a la galería, menos declaraciones y más acciones, sin aspavientos y sin argumentarlos de premura, a unos y a otros, rehusando el dicho imaginero de “A mal Cristo, mucha sangre”, y deseando condenar a quienes lo practican a asistir, en visionado continuo, a sesiones del Parlamento Británico en las que los hachazos se envuelven en papal de seda y se coronan con un lazo precioso.

Ese deseo, esa regla, obviamente coarta severamente mi carrera como polemista, en la que, sin duda alguna, veo un futuro lleno de éxitos, personales y profesionales al Sr. Ahab, del que me despido con el respeto y consideración que merece.

Remitido por El Ofensor del Lector. Los deberes capitales.

San Cristobal

 

 

Por recibido el anterior escrito, firmado por el Sr. Ahab, en su calidad de Ofensor del Lector, únase al hilo de su razón. Se tienen por realizadas las manifestaciones en el mismo contenidas, a los efectos oportunos, y dese traslado de las mismas al aludido, por si quisiera hacer valer su legítimo derecho de réplica.

 

Los deberes capitales.

Esta absurda publicación sigue regodeándose ominosamente en el disparate, incluso a pesar de mi presencia disuasoria, a la par que elegante. El señor Ríos Padrón, del que se rumorea incluso que es abogado, lanza hoy mismo una invectiva desquiciada contra la figura incuestionable de Juan Ignacio Zoido, el alcalde de la capital. El argumento no puede ser más peregrino, “deje de discutir y haga sus deberes”, y solo demuestra una cosa, el muy abyecto ignora por completo cuales son los deberes del alcalde de una capital, los deberes capitales. Sí, sí, no protesten señorías, los ignora por completo.  Pero dejen que les alumbre. Las primeras referencias a los deberes de un buen alcalde de capital las encontramos ya en la Biblia:

Antiguo Testamento, Génesis, 9, 11

El pacto que contraigo con ustedes es que, en adelante, ningún ser viviente morirá por las aguas de un diluvio, ni habrá nunca más diluvio que destruya la tierra.

Antiguo Testamento, Génesis, 4,10

Mira, Señor, que yo nunca he tenido facilidad para hablar, y no me ha ido mejor desde que hablas a tu servidor: soy torpe de boca y de lengua.

Nuevo Testamento, Carta a los Hebreos, 13,17

Obedezcan a sus dirigentes y estén sumisos, pues ellos se desvelan por sus almas (…). Ojalá esto sea para ellos motivo de alegría y no un peso, pues no les traería a ustedes ventaja de ninguna clase.

Nuevo Testamento, San Mateo, 1, 9

Debería haber escrito a la Iglesia, pero le gusta tanto el mando que no nos hace caso.

Antiguo Testamento, Jueces, 15,3

Entonces Sansón les dijo a todos: «Esta vez, si hago algún perjuicio a los filisteos, no les deberé nada».

Antiguo Testamento, Daniel, 8, 13

Debía enviarse una copia de esa carta a cada provincia y darse a conocer a todos los pueblos; en el día señalado los judíos estarán listos para vengarse de sus enemigos.

Pero, si es que esto no dejara ya suficientemente claro el asunto, podemos recurrir también a Santo Tomás de Aquino, que ya en el siglo XIII nos hablaba profusamente de los deberes de un alcalde de capital, “Un deber capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel deber como su fuente principal. Los deberes capitales son aquellos a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada”, e incluso nos los enumera:

  • Orgullo, soberbia.
  • avaricia
  • glotonería
  • lujuria
  • pereza
  • envidia
  • ira

De dónde, sin más extenderse, cualquier ignorante puede ver claramente que Zoido, no solo no ha faltado a sus deberes, sino que los ha cumplido con fruición, entrega e incuestionable devoción. A todas luces. Y espero que desde estas páginas se le sea reconocida debidamente esa innegable labor, y el señor Ríos Padrón entienda que nunca es tarde para disculparse, ni para dejar la abogacía.

Suyo atentamente,

Capitán Ahab,

El Pequod, a 12 de diciembre de 1851.

 

 

 

Lo Zoido.

Medallas

 

 

Las declaraciones del alcalde de Sevilla sobre las bondades y encantos de la capital hispalense frente a la eventual designación de Málaga como destinataria de una delegación del Museo Pompidou han causado extrañeza e irritación en propios y extraños. No por su contenido, fundamentalmente porque lo de la rivalidad entre ambas ciudades supera el bostezo, sino por la forma, que ha hecho temernos lo peor:  el Sr. Zoido puede ser el llamado “paciente cero” de una terrible pandemia que pudiera convertir alcaldes en hooligans. Y eso ya sería el acabose.

 

Vale que haya que aguantarles discursos, ocurrencias y dislates, disparates económicos y errores de programación, cada cual al suyo o a la suya. Vale ya casi todo, en un progresivo agotamiento de la capacidad crítica del ciudadano del común, que los terminamos escuchando como el que escucha “La del manojo de rosas”. Pero, eso sí, exigiendo que no pierdan la compostura intentado abrir el tarro de las esencias patrias de Villarriba frente a Villabajo, y sin abrir el desfile de bellezas y virtudes que nadie duda, como aquellas familias que sacaban a regañadientes al niño frente a las visitas para que tocara el piano.

 

Los alcaldes no están para encabezar el “Y yo más”, que es la cara del “Y tú menos”, sino para sacar la sonrisa del ultimo bolsillo, aceptar con deportividad el resultado del partido y olvidarse de criticar al árbitro, al manguerazo del césped o a la brisa que sopla de poniente. Toca un “Sevilla y Málaga, cada día más cerca por su oferta cultural”, por ejemplo, y que cada uno lo lea y entienda con la cicatería o la generosidad que quiera.

 

Como dijo Goncourt “No perdáis vuestro tiempo ni en llorar el pasado ni en llorar el porvenir. Vivid vuestras horas, vuestros minutos. Las alegrías son como flores que la lluvia mancha y el viento deshoja.”. O como le digo yo a mis hijas “Dejad de discutir, y poneos a hacer los deberes”.

 

Y parece que pega más lo segundo que lo primero.