Monthly Archives: octubre 2013

Chiringuito El Tintero. Playa del Dedo, Pedregalejo, Málaga.

El Tintero

 

 

Cañizo y ruido siempre han sido dos elementos que en un chiringuito no debían faltar. La arena era exigible, si, pero siempre hubo algún moderno que colocaba una losa de hormigón, que con la entrada y salida de público se confundía de playa. Pero eran los menos. Hoy en dia es difícil distinguir entre un chiringuito y un bar de los que desforestan el Amazonas en cada gin tonic, hasta tal punto que si encuentras algo que pudiera parecerse, empiezas a subir fotos a Instagram hasta agotar la tarifa de datos. Este verano, en Almuñecar – donde algunos opinan que están las mejores playas de Málaga – hice un comentario al camarero sobre lo vintage que resultaba estar bajo un chambao de cañizo, con suelo de arena y comiendo una paella. Por hipster, me castigó sin tapa y me puso la Alhambra algo menos fría que a los demás comensales.

 

Poco castigo me pareció.

 

Nos ponemos muy neocastizos, pero nos quedamos al borde del área, desgañitados gritando al hostelero la vuelta de la tapa de magro con tomate que no nos vamos a tomar; reprochamos que no haya bares alfombrados con cabezas de gamba, pero si no tienen Mahou hacemos mohines, y no aceptamos que hoy en dia, para buscar la esencia del neocas – aquí, creando neologismos  – hay que quitarse de prejuicios y zambullirse en la realidad.

 

Y dando ejemplo, me fui a comer con mi familia al Tintero. Y nos resultó divertido, como le resulta divertido y sorprendente a los que nos visitan y no han hecho un master en tempura de salmonetes. Chiringuito grande, con cañizo y ruido garantizados, en el extremo este del Paseo Marítimo de Pedregalejo, a borde de la Playa del Dedo;  su sistema de servicio es cuando menos peculiar: los camareros van “cantando” platos y, si a uno le apetece lo que llevan, lo piden y está servido. Los precios son estandar y según sea plato, bandeja u otro elemento de menaje, así será su precio. Sabrá a quién debe pedir la cuenta, porque va pregonando “¡¡¡Ay, que yo cobro!!! ¡¡¡¡No me queréis ni ver!!!”, que sumará los platos que hay sobre la mesa, escribirá unos signos cabalísticos en el mantel de papel y dará el veredicto.

 

Han abierto establecimiento en Madrid. No me imagino a los castellanos, sin amparo local, bregando con un sistema tan meridional, pero parece que está teniendo éxito.

 

Parece que fue el primero en hormigonar el suelo del chiringuito para evitar que los clientes enterraran los platos en la arena y los sisaran al ojo que cobra.

 

Díganme si eso no es meridional.

 

 

 

 

 

Ilusión

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La edad nos va haciendo inmunes a la ilusión, esa esperanza que carece de fundamento en la realidad, pero que tanto calienta y alimenta, que tanto nos hace apretar el paso, volver la mirada, esperar en un reflejo, desear una llamada, un “si, quiero”, un abrazo de un amigo, un beso de un ser querido, un “me acordé de ti al ver esto”. Nos vamos aferrando a la realidad cruel de los adverbios que no admiten amparo, y que nuestra falta de fe los hace infalibles. Vencen el nunca y el siempre porque no ha quedado nadie para agitar la bandera del “ y si resultara…”.

 

La ilusión es una mentira para todos los públicos, un tratamiento eficaz contra lo automático de lo irremisible, ese factor sorpresa que desconcierta, un resultado imprevisible, la bella extravagancia de saltarse la regla.

 

Como dijo Pessoa, “Se têm a verdade, guardem-na!”. No quiero el parte meteorológico: solo espero que llueva.

Oh my snail!

“Oh my snail!” es una iniciativa de The Chester Tones para impulsar la industria del caracol malagueño y ayudar a potenciar las sinergias entre el sector agroganadero y sectores como el empresarial, gastronómico y cultural. Consiste en la exposición de caracoles malagueños desde la visión particular de varios destacados artistas locales. Los caracoles que ven en estas imágenes están vivos y han sido liberados a su albedrío por los bares , tabernas y edificios públicos de Málaga.

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La música de The Chestertones

 

Musica The ChestertonesOs invitamos a que colaboréis con nuestras listas de Spotify.

De momento tenemos dos y estarán siempre disponibles en nuestra home, al fondo a la derecha como el cuarto de baño de los bares.

Todas nuestras listas son colaborativas, puedes añadir las canciones que consideres que encajan. Estaremos encantados de recibir la música que os guste.

Desamor y Astigmatismo: No lo veo claro

Viernes, Julio Viernes

Una cosa seria: La Destilería C/ Obispo Osmundo, Ponferrada, León.

La Destileria

 

 

Hay lugares en los que la hostelería es una cosa muy seria, donde ser dueño de un bar causa estado, como el sacerdocio, y hay que satisfacer a los feligreses dia sí y dia también. No es el caso de Málaga, ciudad en la que,  en muchos casos y salvadas las notables excepciones, el cliente de los establecimientos de hostelería es un forastero que posiblemente no vuelva, por lo que el retorno del cliente es algo que preocupa poco. Meseta adentro, donde el turista es un fenómeno más o menos inusual, el hostelero ha de fajarse y atender conforme a su leal saber y entender, y como dice el juramento o promesa de los Letrados, si lo hacen bien, los clientes lo premiaran con su fidelidad, y si no, le reprocharan su deslealtad.

 

Capital del Bierzo, quinta provincia gallega según dicen, donde vienen a mezclarse lo castellano y lo gallego sin solución de continuidad, Ponferrada es una ciudad bravía, con un censo de bares y de librerías semejante al de Málaga. El aperitivo, de mediodía o de tarde noche es ritual de obligado cumplimiento y los establecimientos son duramente juzgados por la calidad de los pinchos, aperitivos gratuitos que se acompañan a la consumición por cortesía de la casa y por la de la limonada ( bebida endemoniada realizada a base de limonada y vino de uva Mencía macerado, que es costumbre tomar en Semana Santa y cuyos efectos permiten asistir a epifanías a la tercera ingesta y a proclamar la tercera República a partir del sexto).

 

Es habitual que un mal pincho condene a un establecimiento al ostracismo, y que los locales de nueva regencia se llenen, premiando la concurrencia un sprint de pinchos excelsos, pero sin dejar de exigir que la calidad se mantenga. Hay locales de pincho estable y reconocido, como el Veracruz, con su tortilla al estilo de Betanzos recién hecha, o el Gundín, con su tapa de oreja con cachelos, que mantienen el maillot verde a la constancia de años, con una clientela apacible y fija, y otros que no ponen pincho, como el Bodegón, que mantienen su éxito a base de una receta  para las patatas bravas cuyo secreto debe ser el mejor guardado tras la fórmula de la Coca-Cola.

 

En todos hay una defensa de lo propio: cuando el vino del Bierzo era un vino hosco, acreedor del dicho que afirmaba que “En el Bierzo, al azufre con agua lo llaman vino”, hasta en el local más apartado y misérrimo, siempre había botellas de Bierzo abiertas para copear, algún Godello de Valdeorras y un tinto foráneo para los raros. Hoy que la Denominación de Origen ha sacado a la Mencía de las garrafas de Cooperativa y ha aquietado su dureza – haciendo que pierda, eso si, parte de su corazón –  con más razón preside con orgullo los mostradores de bares y restaurantes.

 

Romana, musulmana y templaria, pero siempre con un punto de socarronería irreductible, Ponferrada es ahora plaza fuerte del turismo jacobeo, sin que ello haya alterado en demasía su carácter y el de sus hosteleros. El turista de adecua con gusto a sus cosas, y no a la inversa, haciendo que la experiencia sea más completa y que Paellador no haya invadido ese remanso de equilibrio natural.

 

Para quien pase por Ponfe, dejo mi recomendación personal: el Bar La Destilería, bar en sesión continua que abre a las 6.00 de la mañana para dar desayunos completos y cierra cuando tu ángel de la guarda te dice que ya es hora de ir a acostarse. Precios razonables, carta circunstancial y más que suficiente para salir del paso, buena música, decoración que va desde memoralia de la Ponferradina a una vitrina bizarra de objetos de decoración navideña o paredes llenas de recuerdos de rock’n roll, en la misma barra coinciden los que salen, los que vuelven o los que discurren con amabilidad que pueden hacer con su vida, delante de un gin tonic con pincho de chorizo del Bierzo tutiplén.

 

Ellos mismos dan nueve razones que lo encumbran como el mejor bar del mundo aquí , y yo sólo puedo añadir un deseo: ojalá una Destilería en Málaga.

 

Vilhelm Hammershøi, el espacio entre nosotros.

El día nublado y los cristales empañados dan la sensación de que nada existe fuera, de que la casa está colgando en medio del vacío. El codo apoyado en el aire, pivotando en un punto invisible. Hace frío en la habitación. Por el color de su piel parece que tiene las manos frías. Pese a la temperatura que hace se ha remangado la camisa para sentir el brazo menos pesado, más libre y preciso. Él la observa a corta distancia. Ella todavía no se ha dado cuenta de su presencia. Le divierte verla concentrada, desde donde está puede contemplar mejor el brillo de su pelo, el brillo de sus labios y el brillo de sus ojos ocupados en las puntadas precisas. Hay tanto silencio que solo se escucha el susurro que del hilo hace al rozar contra el resto de hilos de la tela. Se imagina el momento en el que ella alce la mirada; o mejor, cambiando su deseo como un niño caprichoso, desea que se pinche con la aguja, para contemplar sus movimientos de pajarillo y la expresión de su cara. En décimas de segundo, los mismos que la aguja tarda en atravesar su blanca piel, él rompe el espacio entre ellos, se pone de rodillas y lame esos dedos finos, como un perro, para demostrarle la infinita ternura que le ha provocado tan extraño deseo.

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