Monthly Archives: julio 2013

El estado del periodismo en tres cartas y un artículo. Carta 2.

Querida Francesca,

A un grupo de amigos y a mi nos gustaría contratarte para escribir un artículo sobre Siria. Se trata del artículo que crees que debería escribirse sobre qué está pasando allí. Necesitaría saber qué extensión tendría y cuánto te gustaría que te pagáramos por el. Pensamos en organizar una campaña de crowdfunding para poder contratarte. Si decides aceptar el proyecto, necesitaríamos un mes más o menos para conseguir el dinero. También nos gustaría traducirlo a tantos idiomas como podamos, dependiendo del dinero que recojamos.

Lo estamos haciendo porque leímos tu artículo “Woman’s work” en Columbia Journalism Review. Al leerlo, me cabreé. Hay muchas cosas que están mal en el mundo y una de ellas es que en algún sitio hay un señor que decide cuánto cuesta tu trabajo y qué exactamente quiero leer.

La realidad es que se equivoca, porque la nueva novia de Berlusconi no me interesa lo más mínimo. Por eso dejé de comprar periódicos hace mucho tiempo. Sin embargo este señor sigue siendo el dueño de la “máquina de publicar”, por eso sigue alimentando a la gente con la misma información de siempre, exigiéndote que bajes tus precios. Porque, en su opinión, este es el problema, los costes. Porque él, en realidad, no se dedica al negocio de la información. Su negocio es el de la publicidad. La información es simplemente lo que separa las páginas de publicidad. Si la consigue más barato, su margen sube. Y me cabrea que piense que nos está engañando.

También me cabrea escuchar quejarse a periodistas vagos por cobrar 5€ por 300 palabras sobre pintauñas, ancianos con novias adolescentes, abejas asesinas o el tiempo, que es muy caluroso este verano, pero no tanto como el verano pasado. Cualquier cosa que se pueda escribir sin dejar tu silla en la oficina. Sinceramente, se lo merecen.

Tu, en cambio, no te los mereces. La gente que quiere entender no se lo merece. Por eso queremos hacerlo. Queremos saltarnos al intermediario de la máquina de publicar.

Espero no haberte quitado demasiado tiempo y que aceptes nuestro encargo. Si es así, te escribiré con todos los detalles técnicos.

Te deseo toda la suerte del mundo y quedo a la espera de tu respuesta.
Saludos,

OR
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El estado del periodismo en tres cartas y un artículo. Carta 1.



De: OR 10 de julio de 2013 22:14
Para: EGG, DRP, SMP, JAMMAsunto: Proyecto?…
Queridos amigos,

Nuestro historial de proyectos conjuntos llevados a buen puerto es… mejorable. Aún así, me gustaría proponeros otro proyecto, lo que significa una de dos cosas:
- A pesar de lo que pienso de mi, sí soy tenaz y persistente
- No tengo a nadie más a quién acudir
Lo que me gustaría proponeros es hacer una campaña de crowdfunding para recaudar digamos 1.000€. O 1.500€. El dinero se usaría para encargar un artículo serio y extenso sobre la situación en Siria. Se le encargaría a una periodista italiana independiente, Francesca Borri. Y se publicaría en el blog de los Chester Tones.
¿Por qué haría(mos) esto?… Hoy he leído este artículo escrito por ella: http://www.cjr.org/feature/womans_work.php?page=all
Y me he cabreado. En algún sitio en Italia hay alguien que le paga a esta mujer 70€ por artículo desde una zona de guerra. Y cuando piensa que la han secuestrado, pide que le vaya informando por Twitter. Y cuando ella intenta contar lo que piensa que es necesario saber para entender qué pasa en Siria, dice “Jo… Que rollo, no hay sangre en este artículo…”
Mientras tanto en Málaga otro alguien escribe sobre el futuro de la prensa, la fiesta del ajoblanco o la mujer barbuda. Cualquier cosa que no exija levantar el culo del sillón. Total, sólo sirve para separar las páginas de publicidad. Y es el visionario que SABE cómo va a ser el futuro de la prensa.
Para recapitular, por un lado tenemos gente que quiere y sabe contar lo que está pasando, por otro gente que quiere entender lo que está pasando y entre estos dos grupos, el middleman, los editores, que deciden qué queremos leer y cuánto se paga por ello.
Pero también tenemos medios para saltarnos a esta gente.
Por eso propongo montar una campaña de crowdfunding y encargarle a esta chica un artículo en condiciones. El que ella quiere escribir sobre Siria.
Creo que entre todos podemos juntar 1.000 – 1.500 personas para que donen 1€ para financiarlo.
¿Qué opináis?…

Responsabilidad Social Sustitutoria

 

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Somos una empresa moderna, en la que la jerarquía sólo sirve para asumir responsabilidades, no para imponer criterios. Nos gusta conocer opiniones dispares y aceptamos de buen grado la crítica desde el interior, porque entendemos que nos enriquece. Abrir un debate sobre qué hacemos y cómo podríamos mejorarlo es abrirnos a otros puntos de vista que, en mayor o menor grado, nos enfrentar a retos actuales o futuros, y nos permiten encontrar soluciones a los mismos. La mayor experiencia supone aportar el dato de situaciones iguales o similares vividas y disponer de una visión cuasi estadística pero, dado que las cosas nunca son idénticas, ese valor se tamiza prudentemente. Nos gusta saber que somos horizontales, y que la opinión de un becario es tan tenida en cuenta como la de un ejecutivo senior, y que la suma de ambas nos servirá para mejorar no sólo nuestros resultados económicos, pues servimos a nuestros accionistas por vía de nuestros clientes, sino también para cumplir con la misión que la sociedad nos demanda y desde hace siglos nos tiene encomendada.

Pasa por Administración y recoge el finiquito.

 

El contrato del dibujante

 

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No ha tardado en encontrar el punto de vista adecuado, ya lleva pensando en él muchos días. Ha calculado la trayectoria de la sombra, cuando haga más calor, la tendrá encima. Se alegra de no haber traído el sombrero, menos cosas con las que cargar. Abre el cuaderno, busca una hoja es blanco, la observa detenidamente por si tiene algún defecto. Vuelve a pensar si el encuadre es el adecuado. Se ha acostumbrado a estar de pie. Cargar con una silla de allá para acá se había convertido un verdadero suplicio. En su casa tiene un armario lleno de sillas, cómo resultado de la buena intención de familia y amigos. A veces se pregunta si no es su afición la que provoca una auténtica obsesión en los demás. El rotulador empieza a volar sobre el papel. Poco a poco ha ido aligerando el equipaje, sin tantas cosas que cargar se siente mucho mejor, más rápido, más liberado para enfrentarse a lo que va a dibujar.

 

En el tiempo en que ha pasado ya ha colocado las líneas de encaje en papel. Por vicio profesional son las que más le gustan, definen la proporción de los elementos del dibujo y su trama ya le transmiten la abstracción de la idea. A continuación fija los puntos y líneas de fuga para dar profundidad. La perspectiva, lo que le va a dar realismo y proporción al dibujo, es el legado de los teatrales escenarios de los maestros renacentistas. Un escenario donde se relacionan los actores. Pero los escenarios inventados para el lucimiento de los pintores poco o nada tienen que ver con la realidad de las ciudades del siglo XXI que él dibuja y los actores son personas reales que no dejan de moverse en el escenario sin argumento aparente.

 

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Siente que pierde la concentración, alguien se ha parado a su lado, en realidad lo estaba esperando. Capta, con el rabillo del ojo, el típico movimiento de interés del cuello y se abre un silencio tenso a la espera de que alguien lo rompa. Nota la dificultad que existe para decir lo que uno se ve en la obligación de decir. Cuando empezó, dibujando en la escuela de arquitectura, siempre llamaba la atención de los niños. Se arremolinaban alrededor para ver como dibujaba. Le hacía mucha gracia, siempre había alguno que tenia un hermano que dibujaba mejor que él. Recuerda las clases del catedrático de Procedimientos, de los retos que proponía: dibujar agua, ropajes, dibujar los reflejos sobre un grifo, todas las semanas un reto. Recuerda las tediosas clases de Análisis de Formas en las que tuvo que dibujar mil veces una espiral o un paquete de Ducados arrugado. Se ríe cuando lo piensa, ahora eso no seria políticamente incorrecto. Olvidándose de su admirador,  mira a los demás sketchers, algunos compañeros de esos años de escuela y otros, simplemente, nuevos amigos. Se pregunta que estarán dibujando. Conoce bien sus estilos, sus líneas y colores; cada uno ha desarrollado una forma personal de dibujar. Los ha estudiado bien y ha aprendido de ellos trucos desarrollados por la intuición de cada uno. Su admirador ha desaparecido sin  lograr decir nada, desde luego hay gente muy tímida, piensa.

 

Sus ojos van frenéticos de la realidad al papel y del papel al modelo. Después de tantos años domina la técnica. ¿Qué busca entonces en los dibujos? Se sabe que arquitectos y dibujantes firman contratos con su vida, en sus dibujos se esconden el compromiso de los artistas y de ellos mismos con su propia obra. Capaces de hacer de una obsesión, a veces incomprendida, una meta en la vida. Siente muchas cosas. La satisfacción del tatuador al notar como la tinta va penetrando en la piel y se va a quedar ahí para siempre. Los movimientos de la mano como la de un chaman intentando conjurar el tiempo para que se detenga. Le gusta la simplificación de los gestos repetidos como signos; así es cómo dibuja molduras, hojas de árboles, plantas y aves.

 

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No entiende a los fotógrafos, perdiendo lo mejor de la vida detrás de una mirilla, como si les diera miedo enfrentarse cara a cara con la realidad; con esa prisa por no dejar escapar nada. “Hay cosas que se han descrito, inventariado, fotografiado, contado o enumerado; pero queda por describir el resto”. El resto es lo que intenta mostrar en los dibujos

 

Ya está terminando. Sus ojos ya van más despacio. A veces los entrecierra para emborronar su visión y comprobar mejor la concordancia del dibujo con el modelo. Le gustaría cerrar los ojos y como el ciego y su amigo del cuento de Carver dibujar una Catedral, y al abrir los ojos, descubrir que es la más bella que haya visto nunca.

 

“Un dibujo, aparentemente inocuo, también puede sacar a la luz detalles, indicios, pistas que sólo se encuentran en la mente de algunos observadores: reflejos de sus pecados, de sus depravaciones: la conciencia puesta en un espejo resulta una visión insoportable”

 

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No tengo claro que estas sean las circunstancias de Luis Ruiz Padrón. Lo que se dibuja, lo que se escribe tiene mucho que ver con lo que se refleja en el papel y con lo que se es. Observando sus dibujos me he dado cuenta que vive en el mismo edificio que el que yo vivía cuando era pequeño. Me he topado de pronto con la casa de la curva, el monte de las tres letras, el seminario, las nubes de golondrinas, el sol rasante de la tarde y el olor de la dama de noche en los veranos eternos. La verdad es que es un lugar extraño, una zona residencial señorial del siglo XIX con grandes mansiones en las que parece no vivir nadie, convertida en zona expansión del siglo XX. Comprendo lo que es subir todos los días la misma calle y sentir la necesidad de sacar el papel o la cámara para captar la fragilidad de esos momentos, para ser testigo del último siglo de la arquitectura y de la decadencia del lugar donde una vez estuvo situado el paraíso.

 

 

Devolver la visita: Córdoba

Cordoba Mezquita

 

 

Eso de ser destino receptor de turismo es un término que está muy bien, pero no hace distingos. Que la Costa del Sol sea uno de los destinos preferidos para el turista nacional está estupendo, pero también parece demasiado genérico. Es como si a los clientes habituales de una cafetería, en la que los camareros conocen al dedillo sus costumbres y hábitos ( el café, sombra doble, templado y con sacarina, el pitufo de zurrapa, poco tostado, un vasito de agua y el Marca, si está a mano) no hubieran tenido la cortesía de saber cómo se llama el parroquiano, para,  por lo menos, saludarlo y despedirlo por su nombre.

Me parece descortés englobar en este título de turismo nacional a los ciudadanos de la bella Córdoba que no sólo nos visitan, sino que habitan entre nosotros con tanta fidelidad y entrega que, según cuentan, en agosto, se vende más el Diario de Córdoba en Fuengirola que en la propia Ciudad Califal. Sea verdad o exceso, la presencia de cordobeses en la Costa del Sol es patente y extraordinariamente agradable. Es un turismo familiar y rumboso, que gusta de trasladar al borde del mar sus hábitos de salir y entrar, haciendo suyo el chiringuito como prolongación de la barra de la tasquita en la que sienta sus reales la tertulia el resto de los meses de año, declarándose convictos y confesos apasionados de esa que fue gastronomía nímia y marenga  que es el pescaito frito.

Porque Córdoba, pasando el mes de Mayo, apunta a plomo hirviendo y cumple en la diana. Recuerdo tres días en los finales del mes de Julio en esa ciudad que me llevaron a hacer el sagrado juramento de no volver a quejarme del más cruel terral que en Málaga sufriera. En esas condiciones, puede que cualquier costa sirva como trinchera, pero sea por el motivo que fuera, nos premian con su visita y como amigos son bienvenidos.

Pero ya es hora de devolver la visita.

La excusa del calor tiene fecha de caducidad, y con una autovía que sirve para maestrear el metro de platino iridiado del Museo de Pesas y Medidas de Paris y una excelente conexión ferroviaria ( que en menos de una hora, de puerta a puerta, y con distintas tarifas), no hacer una visita a Córdoba es más que un pecado: es una descortesía.

Siempre monumental, cada día más bella y cuidada, permite enlazar el paseo pausado con una gastronomía pujante que no pisa la tradicional, sino que la complementa ( ahí está el ejemplo de Choco, unido material e inexorablemente a su bar antecesor, y sin que el que suscribe pueda distinguir dónde disfrutó más), y en las que, como corresponde a quien es orgulloso con motivo de lo suyo, disponen y se ofrecen los vinos de la tierra.

Con iniciativas ciudadanas extraordinarias ( como los Paseos Urbanos que @MarianoAguayo nos ha relatado amablemente por twitter ) y sus tradiciones remozadas, como los Patios, aderezada este año con su puntito de polémica, puedo asegurarles que en tan pocas ocasiones un viaje tan corto en el espacio les va a proporcionar un disfrute tan largo en el tiempo.

Hay que darse un saltito a Córdoba.

En cuanto refresque.

De lo humano y del vino

Un viaje se compone de caminos, lugares, momentos y personas, al menos este viajero lo entiende así. La cuestión es gozar intensamente de cada uno de estos elementos o simplemente ir, visitar y regresar.  Cuando el camino es conversación y universidad, los lugares escenarios de momentos embriagadores y las personas generosos maestros, nada más se puede pedir. Emprender un largo viaje en coche es una apuesta por disfrutar de la ruta y la compañía. Los kilómetros y las horas pasan rápido cuando se llenan de grandes historias. El viajero no quisiera llegar al destino sino seguir aprendiendo de las vivencias apasionantes de sus compañeros. Momentos de otras vidas que tomar prestados e incorporarlos como si fueran propios.

En el destino esperan encuentros y experiencias inimaginables. El maestro enólogo que creó para grandes bodegas vinos aclamados mundialmente hoy vive despacio amando pocas hectáreas y barricas. “No es necesario palacio para hacer un gran vino”, nos dice. Recorremos la modesta bodega sintiendo que asistimos a la gestación de una gran obra. Al escuchar las virtuosas explicaciones el viajero trata de comprender la complejidad de un oficio en el que operan arte, ciencia amor y magia. El maestro nos habla de la tierra con devoción. “Nada que haga el hombre le da al vino tanto como la tierra”.

Acompañados por el maestro cambiamos de escenario y viajamos unos kilómetros . “Antes uvas que cubas” solía ser el lema de una familia que durante cuatro generaciones proveyó uvas de calidad a la bodega más prestigiosa del país.  En los ochenta Don Luis rompe con la tradición y decide adquirir “cubas para sus uvas” creando así una bodega modélica. Visitamos la sala de barricas de la mano de la orgullosa enóloga que este año trasiega su primer gran reserva especial 2001. Nos conduce hasta una angosta puerta que al abrirse descubre el jardín que su madre ha creado pacientemente durante décadas. El viajero se embriaga por segunda vez; quisiera tener la elocuencia precisa para describir la exquisita mixtura de pinos, chopos, encinas, rosales, hortensias, fuentes entre setos de boj… todo dispuesto por la sobria generosidad de la de  una gran dama castellana.

Refugiados del rigor de la tarde bajo una pérgola arbórea se nos van las horas escuchando absortos a quienes consagran su vida al vino. Nos hablan de sus añadas y sus cosechas; de las buenas y de las que enseñan. La conversación se ilustra con botellas abiertas con el corazón que bebemos con el alma. Los enólogos catan los vinos del otro y no dicen nada; cruzan sus miradas y se sonríen cómplices como si fuera más que suficiente. El bodeguero aparece acunando un objeto entre sus manos; una botella ánfora con letras doradas y corcho lacrado; su Gran Reserva Especial. -”No lo decantes!” -dice el enólogo-. “Decantar un vino es desnudar a una mujer desgarrándole la ropa”, -añade-. Nada que objetar. Nos sirven en copas nuevas y todos esperamos un gesto del maestro para saber cuando el vino de 2001 ya se ha despojado de lo innecesario mostrando su gloriosa y rotunda desnudez. Indescriptible.

En el camino de regreso un compañero de viaje evoca a Jorge Guillén; “el mundo está bien hecho”. Un sólo día nos ofrece incontables oportunidades para refutar al poeta, y el siguiente nos demuestra abrumadoramente que el verso es incontestable. Quizá la vida sea un viaje a través de los días para llegar hasta algunos instantes como este.

Siempre quise ir a L.A.

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Siempre quise ir a L.A. dejar un día esta ciudad.
Cruzar el mar en tu compañía.

Pero ya hace tiempo que me has dejado, y
probablemente me habrás olvidado.
No sé que aventuras correré sin ti.

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Y ahora estoy aquí sentado en un viejo
Cadillac, segunda mano junto al Mervellé, a
mis pies mi ciudad

Y hace un momento que me ha dejado, aquí
en la ladera del Tibidabo, la última rubia
que vino a probar el asiento de atrás.

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Quizás el martini me ha hecho recordar
nena, ¿por qué no volviste a llamar?
Creí que podía olvidarte sin
más y aún a ratos, ya ves.

Y al irse la rubia me he sentido extraño,
me he quedado solo, fumando un cigarro,
quizás he pensado, nostalgia de ti

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Y desde esta curva donde estoy parado me he
sorprendido mirando a tu barrio, y me han atrapado
luces de ciudad.

El amanecer me sorprenderá dormido,
borracho en el Cadillac, junto a las palmeras luce
solitario

Y dice la gente que ahora eres formal y yo
aquí borracho en el Cadillac bajo las
palmeras luce solitario. Y no estás
tú, nena.

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Yo la sentaba en mi regazo,
enloquecía sólo a su contacto.

La he conservado en la memoria.
Tal como estaba.
Siempre a mi lado.

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Nunca me juró su amor
lo creía eterno yo.
Y ella me sonreía y
miraba hacia el mar.

Me emborrachaba entre sus brazos
ella nunca bebía, ni la vi llorando,
yo hubiera muerto por su risa.
Hubiera sido su feliz esclavo.

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Qué dolor sucio y traidor
me envenena el corazón.
Sé que ella nunca enloqueció.
Jamás perdió el control.

Quiero verla bailar entre los muertos,
la cintura morena que me volvió loco,
llevo un velo de sangre en la mirada,
y un deseo en el alma,
que jamás la encuentre.

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Sólo quiero que una vez
algo la haga conmover.
Que no la encuentre jamás
o sé que la mataré.

Por favor sólo quiero matarla.
A punta de navaja
Besándola una vez más.