Monthly Archives: junio 2013

De todo lo visible y lo invisible

Torrijos Luis

Soy primo de Luis Ruiz Padrón y no puedo decir nada malo de él.

 

Posiblemente ésa sea la prueba del nueve de la perfección, y seguro que ninguno de los presentes – ni siquiera el que suscribe – la pasaría.  Seguro que ni la madre Teresa de Calcula o Mahatma Gandhi la pasarían. Siempre aparecería un primo que diría que se copió en un examen, torturó un gato, participó en el genocidio armenio, o ejerció la abogacía, porque los primos, al final, somos los que sabemos lo que los padres no sospechan, lo que los amigos callan, y lo que los hermanos ignoran; somos los que sabemos quién fue, quién lo vió, y quién podría probarlo.

 

Y frente a la erótica del malismo y la refutación de la bondad – que siempre suena a algo aburrido, a habitación ordenada y a niños repeinados que huelen a colonia -, con Luis podría darle la vuelta a esa tendencia como a un calcetín, y provocar oleadas de adhesión a la belleza, al pensamiento limpio y a la honestidad.  Pero no lo haré, porque tendría que contar cosas, y una cosa es saberlo todo y otra cosa muy distinta es contarlo.

 

Hay algo evidente: con esas premisas, Luis estaba predestinado a acabar mal. Y así ha sido. No me detendré en sus facetas públicas de marido, padre, arquitecto, lector o  melómano, por las que será juzgado con la dureza que corresponde, sino en uno de sus mayores defectos: inventarse – al menos – una ciudad.

 

En sus dibujos Luis se inventa una ciudad que no existe, porque los ciudadanos no la vemos desde la ventanilla de nuestro coche o porque, en ese preciso instante en el que la luz se refleja en una esquina y le da todo el esplendor, estábamos mandando un mensaje intrascendente. Son esas calles en derribo que no existen porque los responsables políticos no han pasado por allí ni en campaña electoral, esa ciudad  que nos trae abrazada en cuadernos urgentes, en los que nos muestra y nos cuenta todo lo visible y lo invisible. Cuenta sin dogma siete colinas, rutas insólitas, escenas costumbristas en una servilleta de papel, mares, barcos, y otras pasiones aforadas, y nos recuerda que hay una ciudad que debería estar ahí, aunque no la veamos.

 

Eso, y que una vez aparcó en doble fila.

Pero ya ha prescrito.

Lo de la doble fila. Lo otro sigue vivito y coleando.

 

Luis Ruiz Padrón expone en el Ateneo de Málaga ( Sala Pérez Estrada) del 2 al 27 de Julio, de lunes a viernes y en horario de tarde, bajo el título “La ciudad en un cuaderno”. Más sobre lo que Luis nos enseña en http://luisrpadron.blogspot.com.es/

 

Queer Trades 22

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Número 22 de la revista de The ChesterTones. Un resumen de lo encontrado por aquí y por allá. Con vocación semanal pero periodicidad errática.

Noma
Restaurante de Copenhague, considerado uno de los mejores del mundo. Cerrado en febrero por intoxicación alimentaria. La gastronomía entendida como algo vivo, y tan vivo que provocó la intoxicación de 63 personas. “En un esfuerzo por dar forma a nuestra manera de cocinar, miramos a nuestro paisaje y profundizamos en nuestros ingredientes y la cultura, con la esperanza de volver a descubrir nuestra historia y nuestro futuro “.
Web: http://noma.dk

Invita la casa
La revista “Invita la casa” es una publicación científica semestral editada por el Colegio Oficial de Arquitectos de Málaga. Dedicada al estudio de la arquitectura desde enfoques diversos, propone una completa vinculación entre la investigación y la práctica profesional del arquitecto.
Web: http://www.invitalacasa.com

Doctor Ojiplático
Ojos de plato mirando esta página de arte. Una educación sentimental para la niña de tus ojos.
Web: http://www.doctorojiplatico.com

La Junta de Carter
Definida como una revista de arte y literatura, nace en formato web para, en el futuro, pegar el salto a papel. “Dentro del equipo de la Junta de Carter, se encuentra Inma Aljaro, periodista y narradora, viajera incansable de todos los rincones del mundo, en cada uno de ellos ha tomado las historia y las ha convertido en literatura; Pablo Esguevillas García, narrador humanista y dibujante de historias, vive y trabaja en Barcelona; Albert Rubio Costa, filósofo y narrador, buscador empedernido de cómics olvidados del imaginario colectivo, voraz lector de fantasía y ciencia ficción y; Eduardo Ruiz Sosa, ingeniero de carrera y narrador de vocación, su obsesión por la memoria y los experimentos imaginarios lo ha llevado a generar una narrativa tan impactante que el lector morirá con sus personajes”.
Web: http://lajuntadecarter.com

Monoskop
Libros y revistas en formato digital sobre arte, cultura y medios. Todo para descargar. Merece la pena dar una vuelta de vez en cuando para piratear libros que no se van a leer.
Web: http://monoskop.org/log/

Nassim Taleb
Entrevista en The Independent con Nassim Taleb sobre asumir riesgos y cisnes negros.
http://www.independent.co.uk/news/business/analysis-and-features/nassim-taleb-the-black-swan-author-in-praise-of-the-risktakers-8672186.html

Poemas Gratis

Smith-Corona, Olympia, Olivetti, Adler-Royal, Canon, Brother y Nakajima esta retahila de nombres que bien podían ser tipos de cigarrillos, ginebras modernas o títulos de cine independiente son las más conocidas marcas de máquinas de escribir, que han existido desde que se inventaron, y que ya han dejado de usarse.
Las máquinas de escribir han pasado a formar parte de elementos de adorno tanto en las tiendas de decoración en Tribeca, esas que luego salen en el Telva, como en despachos de abogados nostálgicos esos, que entre ley y ley hablan en latín, y sueñan con desempolvar una Smith-Corona para escribir la novela de la vida que no vivió.
También hay cientos de ellas en los trasteros, a oscuras, tapadas, metida en una caja, algunas no son ni bonitas, no son útiles ni para tirarlas, se quedan a la espera de que una mudanza haga su labor de selección natural y aligere las cada vez menos pertenencias de creación que ni son bits ni generan bits.
Porque una máquina de escribir es un conjunto de minuciosas y precisas piezas de metal que convierte tinta y papel en átomos de novela, ensayos o poesía, únicos e insustituibles.
Y eso eso es lo que el otro día me encontré paseando por el Palmeral de las sorpresas, una sorpresa en forma de poemas gratis.

La curiosidad hizo que me acercara y buscase un poema que sabría que me iba a costar algo, al principió supuse que dinero para el colorado y hambriento sombrero, pero no podía imaginar lo que al final acabó costandome.
Al fondo parecía apreciarse la posible factoría de los poemas, el poeta y su máquina de escribir

Al fondo el puerto donde las gruas mueven contenedores como las plumas de las molestas gaviotas se caen.
Entre tanto cogí un poema…

lo abrí y la suerte quiso que fuera un poema de amor:

El miedo de enamorarse
quizás,
no es ya un poco de amor?

 

y lo que pensé que era una tranquila tarde de paseo que me iba a robar unos euros en forma de donativo al rojo sombrero, acabó siendo un pellizco en forma de poema de amor.
Enamorarse, miedo, amor, duda y Málaga con su Farola de fondo testigo de esta bonita sorpresa que esta vez sí haciendo honor a su nombre me trajo El Palmeral.

Lo importante

Armisticio 2

 

 

 

Hace unos dias, decidí darme unas vacaciones de Twitter. Como eso no ha curado mi insomnio, me he leído tres libros ligeros ( Harry Flashman está viniendo a ser lo que El Corsario Negro era en aquellos veranos sin televisor), he tomado notas para un artículo sobre la vista de calificación en los procedimientos concursales y me estoy planteando si acabar mi doctorado o estudiar otra carrera.

 

Creo que si me doy de baja de Wassap podré estudiar francés con suficiente aprovechamiento como para leer con soltura “El Conde de Montecristo” y discutir con una tendera Normanda sobre la frescura de las zanahorias en su puesto del Marché des Enfants Rouges.

 

Si pongo un poco de empeño y constancia, y me dejo el teléfono en casa, posiblemente pueda completar la caminata de noventa minutos por las pistas forestales del Club Hípico, sin necesidad de tener que llevar una bombona de oxígeno a la espalda, y podré maldecir a quien se le ocurriera hacer unos viales que asustarían a un sherpa.

 

Reservado el ímpetu de dar una opinión, y reconducido a meditarla, he empezado a tener serias dudas sobre la mayoría de los sucedidos de los últimos años, y sobre la totalidad de los que quedan por venir.

 

Y en este prestar más atención a lo reposado, vaya mi enhorabuena a Gabriel Insausti, por el Premio Alcántara de Poesía y, sobre todo, por su maravilloso “Cifras”.

 

Cifras

 

Para Juan, en su octavo cumpleaños

 

Sólo hay en el mundo 400
rinocerontes blancos (quizás alguno menos
cuando llegue al final de este poema).

Hay 300 secuoyas colossalis
que saludan al sol antes del alba,
entre 80 y 90 sinfonías
que justifican la creación del hombre
y 50 películas, tirando por lo alto,
con las que pueda comprarse Stromboli.

Hay 23 ó 24 códices
dispersos a propósito, extraviados
para que llegue siempre en hora
la misma claridad a todas partes
y sólo 11 cuadros de Leonardo
que, cuando se ha cerrado ya el museo,
reordenan minuciosas las miradas 
que han recibido por el día.

A mí, tan poco diestro en matemáticas,
la escasez me supone un acicate:
hay unas pocas -¿8, 9?-
islas en las que el hombre nunca ha estado,
6 continentes, 5 océanos, 2 polos
y un solo tú, irremplazable.

O ni siquiera eso: únicamente
hay este que estás siendo ahora
apoyado en la mesa, con los labios muy prietos
igual que un número quebrado,
mientras hacíamos juntos los deberes
-“Un campo de maíz produce al año…”-
y yo cuento los días que nos faltan.

 

 

Beber veneno

Tragando

 

 

 

“Beber veneno por licor suave”

Desmayarse, de Félix Lope de Vega.

 

 

El oficio de pesimista es de alto riesgo en los tiempos que corren. Pese a que la credibilidad de un político – de cualquiera, sin distingos de credo ni de altura en el escalafón – ya no está siquiera en entredicho, no creer las llamadas a la esperanza, la bonanza o la mejora coloca al escéptico en el bando de los cenizos, máxime cuando el optimismo se configura hoy en día como el más poderoso motor de la economía. La economía, según parece, hoy no se rige por acciones materiales, sino por estados de ánimo, de manera que si todos nos convencemos de que “la cosa” va bien, la cosa irá, necesariamente bien. Como decían en aquella película de Kevin Costner, “Campo de sueños”, “Si lo construyes, él vendrá”. Si decimos que todo va bien, todo irá bien.

 

¿Qué debemos hacer? Si no trasladamos nuestra visión más optimista, si no alabamos cuantos datos puedan interpretarse de forma positiva, si no atendemos a las visiones a corto, si expresamos nuestras dudas y temores – temores  y dudas propios, de nuestro propio futuro, del futuro de nuestros hijos – estamos alimentando la profecía autocumplida: no deseaste con suficiente empeño que las cosas mejoraran, no te alegraste de las mejorías que se te presentaban, y has conseguido que el sueño se esfume.

 

Por el contrario, no atender a los hechos, grandes y pequeños, no quedarte con la mirada perdida pensando qué va a pasar en dos, cinco o diez años, en qué va a cambiar lo que hasta ahora pensábamos que no cambiaría nunca salvo a mejor, es como pensar que el traslado al Ghetto de Varsovia es una simple medida por nuestra seguridad y que, en unos dias volveremos a casa, a nuestra vida cotidiana. De hecho, los Rossenthal ya han vuelto, porque salieron el otro dia todos juntos con sus maletas y no han retornado. No confiar en ello es desconfiar por desconfiar, ser la quinta columna de saboteadores que sólo conseguirán dinamitar con sus dudas el inicio de una recuperación indudable.

 

Debo, por tanto, entre otras y por el bien de mi patria, escuchar a Niño Becerra hablar de que, para salvar el futuro de las pensiones (¡de las pensiones, aquel último reducto!) debe desaparecer un 70% de la población perceptora y triplicar la productividad con un desprecio olímpico, y servirme una copa larga de veneno, a ver si con hielo, cardamomo, pimienta rosa, cáscara de lima, fresas de Lepe y una mata hierbabuena me pasa por licor suave.

 

Y dejar la botella en la mesa, para seguir leyendo la prensa.

Cuando llegamos a una ciudad nos gusta mezclarnos con su gente

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No me gusta dejar las ventanas abiertas cuando abandono la habitación.

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Me paso días mirando y leyendo guias para olvidarme de todo en cuanto salgo por la puerta.

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Cuando llegamos a una ciudad nos gusta mezclarnos con su gente.

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En este punto no sé que camino tomar. Creo que por el que voy está bien, pero el otro puede estar mejor. Siempre tendré la sensación que elegí el peor camino. Por eso vuelvo mil y una veces a los mismos cruces.

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En esta ciudad hay muchas princesas azules, ellas se tatuaron los nombres de sus príncipes para no olvidarlos. De eso hace ya tanto tiempo que, de lo que se olvidaron, fue cómo se leen los nombres.

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Me gusta como andan. Pisando sobre sus tacones. Tacón, punta, cimbreo y las faldas rozando sus muslos. Parece que no se acuerdan de como dar el siguiente paso, eso es lo que me atrae, ese momento en el que el cuerpo no sabe que hacer para recordarlo rápidamente.

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Intento no volver por donde he venido y cuando llego pienso en lo que voy a hacer mañana, en los reflejos que he dejado escapar. Mañana volveré a por ellos. Solo paseo para mirar la ciudad reflejada en los cristales, cada día una distinta sin salir de la misma.