Monthly Archives: abril 2013

El fútbol escolar, escuela de alta política

Rajoy Pescador

 

 

 

Ser un permanente descartado en las selecciones de equipos de fútbol en el colegio me permitió convertirme en un observador del noble deporte del balompié en patio escolar, alcanzando el grado de experto indiscutible, precisamente por tener un desconocimiento absoluto de las reglas que lo regían. El análisis me permitió acceder a la realidad, sin venir mediatizado por opiniones, usos, costumbres o reglas que se daban por entendidas sin necesidad de explicación, y me ha permitido llegar a la edad adulta convencido de que el fuera de juego realmente no responde a posiciones de los jugadores atacantes respecto a los defensas del equipo contrario, sino que viene a sancionar alguna falta moral leve – y por ello, necesitada de un severo reproche – achacable a aquellos.

Las reglas que regían el campo escolar resultaban, en principio, ininteliglibles. pero tras un análisis detallado y muchas horas al sol, aforismos como “penalti gol es gol” o “vale portero delantero” se me revelaron: valía ( o no, según se estableciera) el chut lanzado a bocajarro, y valía que el portero se hiciera ubicuo, asumiendo y librándose de las cadenas que le ataban a la portería según conviniera a los lances del juego; adquirían también razón los reproches que se fijaban a algunos jugadores, siendo el más grave el de “estar a la pescaera”. El jugador “a la pescaera” no participaba del esfuerzo del grupo, sino que se situaba estratégicamente y sin sudar una gota, en la cercanía de la portería contraria, de manera que son un simple movimiento de pie o, colocando su cuerpo en el azar de un balón perdido, terminaba por marcar. Era un oportunista que, sin hacer nada, se llevaba el laurel del triunfo, lo que irritaba a unos y a otros, que con mejor o peor fortuna habían peleado en el juego. Incluido el portero-delantero.

Mariano Rajoy es un presidente “a la pescaera”. Está en el borde del abismo, sin moverse, impertérrito a lo que desde la grada se le pide, se le grita, se le suplica, tanto desde un bando como desde el otro, esperando a que un balón perdido se le aparezca y marque un gol. Al paro, al PIB, al FMI o al lucero del alba. Van avanzando los minutos, y no se mueve de allí, pegado al palo de la portería, haciendo como que sigue el juego con atención. Pero no se le ve pegar una carrera, convencido de que queda partido, que quedan minutos hasta que el Hermano Angel toque el silbato y se disuelva el encuentro sin dilación, y que le llegará el balón providencial. Y así seguimos.

Lo peor es que ni se le va a poder aplicar la regla de “el que la tira va a por ella”, porque a por la pelota vamos a tener que ir todos los demás.

Atardecer

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Un, dos, mil, mil ochocientos veinte, veinte mil escalones; levanto el pie derecho veintidós centímetros exactamente, ni uno más ni uno menos, echo el cuerpo hacia adelante, doblo la rodilla, veinte un mil un escalones, ni uno más ni uno menos, levanto el pie izquierda, la misma altura exacta, veinte mil dos, cada vez estoy más cerca.

Siempre encuentro lo que no busco, una puerta donde hay una ventana, una ventana donde hay un cuadro; puertas, ventanas y cuadros que dan a otros mundos, otras vidas dentro de la mía.

Ojos negros como el azabache, mirada vacía como la de un animal en la que me veo reflejado como en un ojo de pez; nunca me había imaginado así, petrificado, convertido en estatua de sal.

En medio de la tormenta no distingo entre el blanco del negro, ya ni siquiera a pleno sol puedo distinguir un gris de otro; y aún así, con todas las luces del día, tengo la certeza de que esté en lo cierto.

Obituarios

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La casualidad había querido reunirlos allí, en ese momento. Cuando llegó, los demás ya lo estaban esperando. A estas cosas uno no sabe cuando va a irse o llegar.  La habitación estaba llena de humo. A su edad y fumando puros, bueno, ya no importa, pensó. Sara siempre ha sido igual. Mito, fetichismo y provocación; para eso estaban allí. Él ya sabía lo que Bigas quería, una historia de amor en la vejez. Las viejas sirenas y su amante lesbiano, vestido de mujer para follárselas o viceversa. El tipo de cosas que atraía a quien, como ellos, profundizan demasiado en la espesura.

A lo largo de su vida, con sus libros, él había profundizado demasiado en la espesura. En los últimos años, su discurso se había liberado del capitalismo caduco y su paternalismo había tenido mucho éxito. Su claro sentido común iluminaba en un tiempo en el que muchos deseaban ser deslumbrados. Sabía que al director solo le interesaba su forma de tratar con viejas sirenas y mujeres mayores, no sus ideas económicas y sociales.

Había una cuarta persona en la habitación, durante su tiempo de agonía no pudo enterarse que la casualidad los reuniría para escribir una última escena. El pelo cardado. La boca pequeña con los labios pintados de rojo, de ese rojo que usan las mujeres de su temperamento. Y ese par de ojos, ojos como puntas de alfiler que se clavan en los de uno.¿Un economista? Pregunta ella entre carcajadas. Un humanista, contesta él. Eso la enfureció. Mírate, no solucionaste nada. Yo me creé a mí misma. A Merkel y los mercados los creasteis vosotros, y no queréis aceptar las consecuencias. Sí, el capitalismo mata, como la vida, por eso estamos aquí. Sus palabras sonaron como un latigazo en la habitación vacía.

Divertida con la teatral escena, Sara da otra calada al puro, mientras sonríe a Bigas al darse cuenta de que le mira las tetas. ¿Estará Bigas, ya, echando de menos el sabor de tortilla de patatas y jamón al mirárselas? Entonces, lo comprenden, la eternidad es lo que transcurre entre calada y calada de Sara; y la verdad, solo es el dibujo cambiante del humo de un puro.

Giróvagos

Una de dos

 

 

 

 

 

Una mala tarde la tiene cualquiera.

Estás en el lugar que no debes,

y te toca enfrentarte a un juicio

moral

y sumarísimo.

 

 

 

 

 

 

Te vigilan

Al otro lado

Merkel

Senderos

 

 

Y, al final, sólo nos queda confiar en que aparezca un justo. Y rezar para que el justo no seamos nosotros.

 

Fotografías remitidas por Olga Rusu, Salvador Mendez, Enrique Gonzalez de Gor y Jose Antonio Marquez.

Textos de los mismos en el mismo orden.

Caligrafía de las monjas del Colegio de la Sagrada Familia de El Monte.

Diligencia de cierre gracias a Stanley Kubrick.

 

Cuatro microrrelatos ilustrados.

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Mírala, ahí sigue, aguantando embestidas de las olas a diario, soportando la intemperie, el silencio, contemplando las nubes que mañana serán diferentes, pero ella seguirá ahí fiel a su consistencia aun sabedora de que el horizonte que ve es inalcanzable. Ella es la verdad.

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Uno, dos, mil, mil ochocientos veinte, veinte mil escalones;levanto el pie derecho veintidós centímetros exactamente, ni uno más ni uno menos, echo el cuerpo hacia delante, ahora todo el peso está sobre ese pie, veinte un mil escalones, ni uno más ni uno menos, cada vez estoy más cerca.

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Tras un año terrible resistiendo lo inevitable congregó a sus alumnas. Ellas creían que era para anunciar el montaje de una nueva obra. La noticia heló sus corazones y llenó la vieja tarima de lágrimas adolescentes. En ocasiones el espectáculo no puede continuar.

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” La confundí con una gaviota.” dijo.
Pude concluir el atestado señalando que, además de por ser un cabrón que había disparado a una cigüeña, debían retirarle el permiso de armas por sus evidentes problemas de visión. O que por sus evidentes problemas de visión había disparado a una cigüeña, por lo que debían retirarle el permiso de armas a este cabrón. Sírvase Usted, Sr. Instructor.

Fotografías, Salvador Méndez. Textos, Enrique González de Gor, José Antonio Moreno Diego Ríos Padrón y Salvador Méndez.

 

 

 

 

Montaje

Encontré estos fotogramas quemados junto a las anotaciones en su maleta, creo que eran de la película que había estado intentando montar durante toda su vida.

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Rachel no era una replicante. Fumar demuestra que apostaba por la Inmortalidad como cualquiera de nosotros.

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No existe el infierno, ni el cielo, solo personas que lo son, si fuiste cielo, serás recordado como cielo, y allí estarás, esa es la inmortalidad, el recuerdo de lo que hiciste sentir.

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Todos piensan que debo sentirme afortunado. Que al menos puedo distinguir formas sencillas y apreciar la luz y el movimiento. Si pudiera llegar a olvidar el volumen, el color y la horizontalidad… Brasilia no es ciudad para un arquitecto lisiado.

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