Monthly Archives: febrero 2013

Nada te turbe, nada te espante.

Santa Teresa de Jesús

Nada te turbe,

nada te espante,

todo se pasa,

Dios no se muda,

la paciencia todo lo alcanza,

quien a Dios tiene nada le falta,

sólo Dios basta.

 

 

 

Esta bellísima oración de Santa Teresa de Jesús es un tesoro de valor incalculable que contiene cuanto necesitamos para soportar los momentos de zozobra que atravesamos.

Si el que fuera tesorero del partido que gobierna tu país (presuntamente)  ha amasado una pingüe fortuna debidamente ubicada en un paraíso fiscal, “nada te turbe”.

Si el que fuera presidente la Generalitat de Catalunya, sólo o en compañía de sus hijos, (presuntamente) ha forjado durante su mandato un patrimonio de más de un centenar de millones de euros, “nada te espante”.

Si el que fuera director general de empleo de la Junta de Andalucía (presuntamente)  concedió hasta un millar de subvenciones y ayudas, arbitrariamente y sin control alguno, incluyendo a su propio chofer, “todo se pasa”.               

Si el yerno de tu Rey  (presuntamente) traficó con sus influencias sobre las instituciones públicas y se enriqueció desmedidamente mientras ocultaba su capital en redes societarias opacas ante la miopía generalizada de todo su entorno, “Dios no se muda”.   

Si el gobierno endeuda a tu país para rescatar ayuntamientos, comunidades autónomas y bancos negando el rescate las familias y pequeñas empresas, “la paciencia todo lo alcanza”.

No es conveniente  indignarse, rebelarse, ni siquiera cambiar el sentido del  voto, “quién a Dios tiene nada le falta”.

Algún día encontraremos el sentido a todo este dolor que nos manda la divina providencia y no habra sido necesario hacer nada. “Sólo Dios basta”.  

Cómo vender más a los clientes rusos

Para empezar me gustaría dejar claro que esta entrada persigue un sólo objetivo: ayudarte a vender más.

Vender es difícil. Es acercarte a una persona que está tan tranquila disfrutando del color del cielo, del magnífico clima que tenemos en Málaga, del olor de las biznagas, del humo de los espetos, de la humedad suave de la brisa y decirle: “25 euros”. Es desagradable. Da mal rollo. Da miedo al fin y al cabo. Miedo al rechazo.

Pero hay atajos. Hay palabras secretas. Al decirlas, se produce un salto cuántico en la relación con el otro. De repente se da cuenta que sois lo mismo, que sois de la misma sociedad secreta o que, por lo menos, eres un gran admirador de su labor.

Para un rusohablante de más de 30 años podría servir “Ezhik v tumane”. Se pronuncia así: yózhik ftumáne. Significa “el erizo en la niebla”.

Sólo una advertencia: una vez dichas estas palabras, deja de vender. Las dos cosas juntas no funcionan. Tú di “Me gusta Yózhik ftumáne” y observa la sorpresa, la mirada de repente más cálida, la relajación de los músculos de la cara y el deseo de hacer algo por ti, para demostrarte el agradecimiento. Aunque ese algo cueste 25 euros.

Ya está.

PD: “Ezhik v tumane” es esto:

 

Imagen: sunnyUK

Nuremberg

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Reconozco que tengo una extraña tendencia a alinearme con el bando perdedor. Lo he hecho toda la vida, sintiendo simpatía por los Confederados, los héroes del Baler, la familia del Sha de Persia y el Partido Popular.

 

¿Perdedor el Partido Popular? Si. Por mucho que haya administraciones donde no se recuerde otra alcaldesa o presidente, por mucho que tengamos en cuenta que ostentó las responsabilidades de gobierno de la nación desde 1996 a 2004 y desde 2011 al presente día, tiene un aire de “second best”, de vicepresidente quinto al que, por un azaroso quiebro del destino, lo han colocado al volante del autobús y que sabe que está allí, que está mandando, pero que es sólo una solución vicaria, que un día tocan a la puerta y tiene que recoger los lapiceros, la foto de los niños, la felicitación del día del padre y el pisapapeles que compró en Paris, meterlo todo en una caja de cartón y volver a la quinta planta, a hacer la siempre tediosa pero cómoda oposición.

 

Y así viven, con el corazón como un gorrión, perpetuamente agitado, a que algo pase y que se tenga que ir. No por irse, que ya tiene el cuerpo hecho, sino por ese sofoco de las personas de bien cuando ocupan un asiento en el avión que no es el suyo, esperando a que no se cubra y llega su legítimo titular y lo reclama. “Ese asiento es el mío..Vea…14 A..” “Huy…ejem…pues si…me he debido equivocar”.

 

Fuera del maniqueismo de buenos y malos con que se puede afrontar la política por los ciudadanos, convictos y votantes irredentos, mi particular taxonomía de los partidos los divide entre los que se lo creen y los que no se lo creen. Y el Partido Popular, lamentablemente, no se lo cree. Frente a ellos, los hay mesiánicos como Izquierda Unida que siguen atravesando el desierto convencidos de que ellos son los elegidos, y los titulares, como el PSOE, a los que alguna lesión los aparta del terreno de juego, pero contando con que se recuperan en tres partidos y vuelven con renovado ímpetu. Esa seguridad del PSOE le ha llevado a remontadas apoteósicas y a mantenimientos contra toda apuesta, porque, al fin y al cabo, lo que hayan hecho mal ha sido sin malicia, frente al natural perverso de la derecha, que siempre obra dolosamente. Frente a una misma tangana, la derecha miente, mientras que la izquierda decepciona, siendo juzgada de forma mucho más suave, pues no ha habido intencionalidad.

 

Resulta también que el Partido Popular siempre tiene en viento en contra. Por ejemplo, nadie se ha acordado de argumentar que el incumplimiento de un programa electoral por un partido electo supone la ruptura del “contrato electoral”, la deslegitimación del mismo para gobernar y, en consecuencia, su obligación de dimitir en bloque y convocar elecciones anticipadas hasta que le toca al PP. Nadie se lo reclama al PSOE, por ejemplo, en Andalucía, posiblemente porque no hay incumplimiento: se dice que no habrá recortes en gastos sociales, sanidad y educación; sin embargo, se llevan a cabo – por activa o por pasiva – y si a alguien se le ocurre señalar ese extremo, sale una Consejera o un Consejero, dice que eso no es verdad y desaparece el incumplimiento por ensalmo. Cuestión de convicción en quien lo dice, y de fe en quien lo escucha.

 

En ese viento a contramano se le vienen todas las hojarascas a la cara, y lo que no se habían exigido a otros gobiernos, se lo exigen a ellos. ¿Injusto? Puede. Pero a los gobiernos se viene estudiado y llorado. Estudiado porque no creo que personas inteligentes supongan que el contrario les vaya a dar muchas facilidades, y es su obligación hacer las cosas que hacen los gobiernos con probidad, rectitud, claridad y eficacia, máxime cuando, en el contexto de las elecciones de 2011, el ánimo de sus votantes – y de no pocos de sus no votantes – era encontrar un gobierno que actuara probidad, rectitud, claridad y eficacia.  Con una mayoría absoluta y el público entregado, los penaltis hay que tirarlos con decisión, dando por el hecho que el portero va a hacer lo posible por pararlos. Y al gobierno se viene llorado. ¿Te han engañado con el déficit? Tonto eres, por habértelo creído ¿Te montan huelgas? ¿Critican medidas que son imprescindibles? ¿Critican con dureza tus actos, incluso los más nimios? Nadie te obligó a presentarte, así que cada lamento que lances es tiempo que pierdes en ponerte a trabajar.

 

“Dios mío, dame paciencia, pero dámela YA”

El Partido Popular debería de cambiar de agencia de publicidad. Creo que uno de los problemas fundamentales que tiene es que parece un grupo de amateurs metidos a pilotar un avión, cuando realmente no es así. El que más y el que menos ya tiene la mili hecha, y deberían haber valorado en qué momento entraban en escena, y que esperaba el respetable. Supongo que deberían haber intuido que se les exigían medidas de gobierno, adoptadas para solucionar una gravísima situación económica, y dotadas de las virtudes de los frijoles mágicos: hace usted un hoyito, riega abundantemente, y en tres meses tiene usted el déficit a cero, paro meramente estructural, y todo el mundo contento.

Se han tomado medidas. Que sean acertadas o no, lamentablemente, exigirá esperar a su periodo de maduración, y la garantía de acierto no es predicable de una acción de gobierno, dado que no es una ciencia exacta, ni para el Partido Popular ni para ningún otro. Lo que si se exige es la capacidad de generar confianza que es lo que hace al soldado reprimir su instintivo deseo de disparar a bulto, pero atiende la orden del sargento que espera hasta verle el entrecejo al enemigo. Y hay que reconocer que es difícil mantenerla en situaciones límite, pero, también, es en esas situaciones en las que la desbandada acelera la llegada del mal que se pretendía evitar.

 

“Ola, Mariano, K ase?”

 Si la base de una acción de gobierno eficaz es generar la confianza de quienes esperan soluciones a sus problemas, Rajoy ha dejado que desear. Esperábamos a un salvador y nos hemos encontrado con un señor con barba, al que muchos le han acentuado sus defectos, y que casi nadie le cuenta sus virtudes. Se esperaba un arranque más resolutivo y decidido, exigido por las circunstancias y amparado por una mayoría de gobierno, y, sin embargo ha contemporizado ajustando lo que era urgente y necesario a determinadas situaciones coyunturales, sin que se haya visto verdadera decisión o contundencia en las medidas adoptadas; a vista de pájaro, este año holgado de gobierno me parece titubeante, a medio camino entre hacer las cosas que hay que hacer, pero sin molestar mucho, lo que lleva a que nadie quede contento: ni los que piden la medida, ni quienes la rechazan.

 

Confío – no tengo otra – en que en el tiempo que resta, una cierta mejoría económica permita desahogarse de lo inmediato y buscar esas reformas de gran calado que parecen necesarias.

 

“Toma el dinero y corre”

Hablar del PP y no hablar de Bárcenas y sus papeles me parecería deshonesto. Barcenas no es una criatura nacida al calor de Génova 13: todos los partidos tienen sus Bárcenas, en las salas de máquinas, con su forma de hacer las cosas, que nadie sabe o nadie quiere saber, que ponen una vela a Dios y otra al Diablo. Sus notas, oportunamente filtradas, son una prueba de fuego de la integridad del partido del Gobierno, y del propio Gobierno, y aquel debe dar una respuesta tajante y convincente a este órdago.

 

En las redes y en los medios de comunicación ya he leído verdaderos tratados caligráficos sobre las notas. Ayer, en Génova, solo faltaban teas ardientes para escenificar un linchamiento en toda regla. Parece que todo el mundo formó ayer una convicción sobre los hechos, en base a los datos que se habían publicado, mientras los más cercanos al Partido Popular guardaban silencio, estupefactos. Personalmente tengo mis dudas, posiblemente por deformación profesional, pero tengo una cosa clara: hay una medida de la gravedad de las cosas, y no habría que esperar a la exigencia de responsabilidades para que, de ser cierto que los altos cargos del Partido Popular cobraron sistemáticamente sobresueldos opacos, nadie tenga que decirles que se vayan, sino que motu proprio, vayan saliendo en fila.

 

Pero ¿ qué hacemos con los demás? ¿No es grave el escándalo de los EREs en Andalucía, por ejemplo? ¿Aplicamos la teoría de que eran “unos cuantos golfos” y condenamos a Bárcenas y a uno que pasaba por allí? ¿Dimite el Gobierno andaluz en pleno o nos convencemos de que el “patio” es como el de la canción infantil, que cuando llueve mucho sólo moja a la mitad?. Si hay que poner una raya en el suelo y decir “Hasta aquí hemos llegado”, que sea así y para todos; de lo contrario, no va a ser dignidad, sino vendetta.

 

Alcanzar la trascendencia es fácil, si sabes cómo

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Se preguntaba Percusión por qué no consigue hacer nada, no consigue arrancar. Yo sé perfectamente por qué no consigo hacer nada. Por los atracones.

Me explico.

Yo nací y crecí en la URSS. En ese país había de todo. Inclusive graves problemas de logística y distribución. Inclusive de alimentos. Eso quiere decir que las tiendas eran sitios para quedar más que nada. Siempre había leche y pan, pero para todo lo demás había que pasarse de vez en cuando, para ver qué habían traído. A veces era agua mineral con gas, otras, jamón cocido cortado a cuchillo. Por la pinta que tenía, por estudiantes de charcutería en su primer día de clases. Por lo tanto había que comprar no lo que tenías planeado o lo que te apetecía cocinar, sino lo que habían traido, y en cantidades determinadas por el dinero disponible. No podías reflexionar o planificar, había que actuar en el momento.

Como consecuencia, de vez en cuando en casa había cantidades ingentes de algo. 4 cajas de zumo de zanahoria. 2 cajas de manzanas variedad Richter. Recuerdo una vez que mi madre compró 3 kilos de caramelos. Empecé de manera razonable, un caramelo de vez en cuando. Acabé llenándome la boca de caramelos, un puñado tras otro, hasta acabar los 3 kilos.

Así desarrollé esta característica de mi personalidad: pegarme atracones. Apasionarme por algo. Tragarme todos los libros que pueda encontrar sobre un tema. Pensar y hablar sobre una sola cosa durante 3 meses o, con suerte, 3 años. Empezar comprando “Una historia del pueblo judío” y acabar con “Objetos de culto judaico en los museos rumanos”. Y como el último es un coñazo mal editado con fotos borrosas y texto que mancha los dedos, perder el interés.

Las cosas no se consiguen así.

Para que una cosa se haga hace falta ser aburrido y comedido. Para no desfondarse. ¿Habéis visto los ladrillos firmados en la Mezquita de Córdoba?… Me flipan. La trascendencia se consigue así. Vas por la mañana al trabajo. Haces lo de siempre. Pones ladrillos por ejemplo. Pero ese día te sale todo particularmente bien. Y, contento, vas y firmas un ladrillo. Y luego, 600 años más tarde, resulta que es monumento de valor artístico, histórico y patrimonio de la humanidad y que la gente viaja 5.000 kilómetros para ver tu firma que ni siquiera te ha salido demasiado bien, pero ahí está.

Además es que miramos las cosas equivocadas. Los héroes. Los que se han esforzado un momento, han apretado los dientes 15 minutos, han sufrido lo inimaginable durante 5. Eso no es difícil. Es como hacer puenting. Cierras los ojos, inspiras, y luego las circunstancias lo hacen todo por ti. Es dejarse llevar.

Lo difícil es elegir sufrir un poco todos los días. Otra vez el despertador. Otra vez hacerse el desayuno. Atasco. El niño llorando detrás, no quiere ir a la guarde. Llegas tarde a la oficina. El mismo jefe inepto que ha tenido la suerte de haber coincidido en la carrera con el director general que ha tenido la suerte de tener el mayor rango de toda su panda cuando les echaron de la multinacional en la que estaban. Comer en la cafetería los mismos platos insulsos, mirando con compasión a los ejecutivos con corbatas. Y firmar un ladrillo, si un día te ha salido particularmente bien.

Esta es la receta. Pero las revoluciones son más divertidas.

Imagen: Виктор Скерсис. Пионерки