Monthly Archives: febrero 2013

La política es como un paquete de chicle…

Cuando era joven tuve la suerte de poder hacer la mili. Digo trabajar en una agencia de publicidad multinacional. Es más o menos lo mismo. (De hecho el director general de la agencia era ex espía). Es más, tuve la enorme suerte de pasar mi tiempo de formación en el grupo que trabajaba para Procter&Gamble. Porque si alguien sabe cómo hacer comunicación, es esta empresa.

Una cosa que recuerdo son las instrucciones muy precisas del Cliente sobre qué se podía y qué no se podía decir que hace el producto. (Queridos estudiantes de Ciencias de la Comunicación, es así de triste). Era muy interesante ver cómo estas instrucciones (llamadas “brief”. No, “briefing” no.) se transformaban en un spot de televisión. Uno que nunca ganaba premios, pero siempre generaba ventas. ¿Os he dicho ya que Procter&Gamble hace comunicación como nadie?

De ahí mi costumbre, al ver un spot, de intentar averiguar qué ponía en el brief del Cliente y cómo consiguen hacernos creer lo que en realidad no pueden decir, pero les gustaría mucho, porque así es como nosotros nos desprenderíamos de nuestro dinero y compraríamos su producto.

El mejor ejemplo son los anuncios de chicle sin azúcar que te hacen pensar que previenen la caries, cuando en realidad lo único que dicen es que su producto “es beneficioso”, “ayuda a equilibrar”, “contribuye a prevenir”. No “imprescindible”, no “equilibra”, no “previene”. Pero claro, te ponen la cara de una chica con dientes perfectos a toda pantalla mientras te lo dicen, y tú te lo crees todo.

He vuelto a pensar en la diferencia entre lo que vemos en una pantalla y lo que pensamos que vemos esta misma mañana, al leer este artículo.

“…Un irreverente discurso que indigesta la comilona…”. Mmmm… A ver el vídeo…

¿Alguien ha visto la reacción del público?… ¿Platos de comida sin tocar en el restaurante del hotel?…

Yo he buscado, pero sólo he encontrado esta foto:

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Entonces empecé a imaginarme el brief…

 

 

Desafectos, huérfanos y estados intermedios de la opinión

George Ferguson

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Venía escuchando en Onda Cero a Jose María Fidalgo, tertuliano habitual,
acompañado de dos pasajeros que representan, con bastante nitidez, los
extremos que el secular hooliganismo ideológico de este país nos presenta
en bandeja en todas las cuestiones sobre las que se pueda hablar. Desde el
papel de la Corona hasta la elección el pregonero de la Feria, cualquier asunto
por nimio que sea se analiza desde posiciones absolutamente irreductibles
y antagónicas, bajo el velo que en la razonabilidad y el entendimiento pone
una ofuscación extraña en personas que, por lo común, se rigen precisamente
por planteamientos razonables. Es un caso parecido al de los efectos que
las convocatorias de juntas de propietarios provoca en los individuos que
las integran, y en las que bondadosas ancianas, Premios Nobel de la Paz y
misioneros en Nigeria serían capaces de pasar por la quilla de un barco al
vecino que montó una fiesta en el tercero derecha o a la vecina que una vez
usó tacones en el interior de su domicilio.

Sobre la intervención de Fidalgo, las opiniones que escuchaba, ora a la
izquierda, ora a la derecha, eran tan dispares como los destinos de dos canicas
tiradas en un tejado a dos aguas y con idéntica posibilidad de encontrarse,
lo que me situaba en la incómoda posición de defender la mesura, dando
razones que convencían, alternativamente, al cincuenta por ciento de la tertulia,
y consiguiendo que ambos me miraran con una cierta condescendencia,
entendiendo que si no le daba la razón era porque no estaba suficientemente
informado.

Parece, por ello, que tener una opinión que no se estabule en los dogmas
de un bando o del otro, supone que uno usa un argumento a medio cocer,
como un estornudo pendiente o un estado intermedio, necesitado de muletillas
estimulantes. Si uno no está de acuerdo con las propuestas literales de la
dación en pago como remedio a las ejecuciones hipotecarias, la advertencia de
ser cómplice de asesinatos debe ser un argumento para salir de esa orfandad
ideológica. Si consideras que los cargos electos son cargos públicos si, pero no
para que les paguen los masters que los demás ciudadanos nos pagamos de
nuestro bolsillo, pasados desmanes debe ser la espuela que me lleve a salir de
esa incómoda indefinición, un argumento de fuerza, un empujón definitivo.

Mi único consuelo: cada vez veo, oigo y leo a más gente en esta ciudad, en
esta comunidad y en este país con ganas de colocarse unos pantalones rojos.
Puede que en ese momento nos empecemos a dar cuenta de que no estamos
tan solos.

Infoxicación

la paradoja de la eleccion - infoxicacion - the paradox of choice

En la Paradoja de elegir que es un libro de Barry Schwartz se presenta la idea de que no siempre más información es mejor que menos información, ahora todos queremos saber de todo y estamos “obligados” a decidir muchas cosas sobre muchos asuntos, esto esta cambiando estrepitosamente los proceso de decisión, desde comprar un producto alimenticio hasta el mero hecho de ir a la consulta del médico.

Ahora tenemos mucha más información sobre las cosas pero no necesariamente esa información es útil o realmente nos produce felicidad, según dice Nate Silver, cuyo blog en el New York Times ha sido uno de los más leidos políticamente este año,  en su reciente libro The signal and the noise, actualmente se generan 2,5 quintillones de bytes cada día, un crecimiento exponencial de información que no necesariamente significa que la información útil esté creciendo, como ejemplo podría ser esta entrada en este blog y las miles como esta que se están generando en este mismo instante, no necesariamente tiene que ser información útil pero es información que generará a su vez más información, comentarios, etc.

Volviendo al ejemplo de la consulta del médico, poder elegir no necesariamente nos hace más felices, tener toda la información que ahora tenemos sobre nuestras dolencias puede hacer que la decisión que se tome no sea mejor, entrar a formar parte del proceso decisorio junto con el médico en qué es mejor hacer o que alternativas asumir no te hace más feliz. Pero no sólo nos afecta a nosotros sino que también afecta a como los médicos, abogados, y casi cualquier profesional se enfrenta a un proceso de decisión, enfrentarse a personas más informadas pero no necesariamente más formadas cambia la manera de relacionarse, mejora algunos aspectos pero empeora otros, “Doctor, lo que usted diga” no se escucha ya en los pasillos de los hospitales, “Estimado letrado, sé que hemos hecho lo mejor como usted dijo” no resuena en las salas de los tribunales, esto acarrea ciertos problemas de infoxicación que es una intoxicación por exceso de información.

Yo personalmente creo que debemos construir una sociedad basada en unas fuertes relaciones interpersonales en el que haya la confianza suficiente como para que cada uno se encargue y responsabilice de lo que sabe, un “zapatero a tus zapatos”, que no sea la desconfianza lo que nos lleve a querer saber más de algún asunto y sí haya un flujo de información entre personas que consiga que las decisiones se tomen en el mayor numero de ocasiones por los mejor preparados para ello.

Si en lugar del libro queréis oirlo podéis ver una charla de Barry Schwartz aquí.

 

 

photo credit: cavale via photopin cc

En busca de la canción de amor que nos hará libres I Franco Battiato, la estrategia del derviche

Where´s the love song to set us free? Esta quiere ser una serie de relatos sobre las canciones que guardan polvo en las estanterías de la memoria, en los discos del pensamiento débil, en los cassettes de bucles de cinta, en los archivos que nadie encuentra. Esas canciones sobre las que deslizo los dedos o el cursor del ratón y cambian continuamente de sitio sin avisarme. Esta es la música que sonaría en una tarde de agosto entre los pinos de Ortaköi, en el iPod en el vuelo de Hong-Kong a Osaka o en las calles de Londres bajo la lluvia que ni 100 paraguas son capaces de parar. Es la que bailaba en las pistas subterráneas y después en los campos del amor; con la que me echaban de las discotecas y bares llenos de humo a esas horas en las que no quería que nada terminase. La canción desconocida de aquella película que ahora me acompaña en las noches de insomnio. La banda sonora de una generación que su única identidad es no tener identidad. Y, cómo no, esa canción para ver el mundo, girando despacio, quedarse sin tiempo, y con la que nos quedamos sin tiempo.

Reunámonos en el año 2000.
¿No será extraño al haber crecido completamente?
Ve a las 2 a la fuente, al final de la calle.

A las Puertas del Cielo

¿Te acuerdas cuando los veranos duraban más de un verano? Yo, lo que más recuerdo, de esa época, es esta canción; ni los coches, ni las carreteras, ni las estaciones. Estaba en una cinta de cassette o como se llamase, por una cara tenía grabada a Gigliola Cinquetti y por la otra a Nicola di Bari. No se si el aparato tenía autorreverse o el auto-eject se unía a la pericia del que le daba vuelta, pero la cinta no paraba de girar. Parecía que no existía el tiempo esperando que sonase ella, los climax del viaje llegaban con ese estribillo: “A las puertas del cielo, al confín de los mares”. Todos cantábamos con la Cinquetti, suavemente, mecidos por su voz, imitando su limpio fraseo y sus suaves consonantes. Balanceaba las manos fuera del coche en aquellos tiempos en los que la inocencia y no la seguridad te protegía de los descuidos. Muchos años por la N-340, en las caravanas de ida y vuelta; el aire caliente y los nervios por llegar a la playa en busca de la canción perfecta.

Centro de Gravedad Permanente

En los primeros años 80, mis veranos ya eran más cortos, estaba en otras “cosas” y había olvidado los anteriores a las puertas del cielo. Cinquetti había sido sustituida por la Carrá, Umberto Tozzi, Ricci Poveri y muchos más italianos sin apenas interés, música para usar y tirar.

De pronto, la música empezó a cambiar; new wave británica, tecno-pop, movida española. Entre todas esta nueva ola aparece un extraño e inclasificable personaje, entre la tradición de la música italiana y las nuevas olas británicas: Franco Battiato. Con un solo single en italiano y de difícil primera escucha consigue encumbrarse como uno de los músicos europeos y mundiales más conocidos y respetados. Hoy, todavía, sus canciones se bailan y se cantan como en un karaoke religioso por sus seguidores. Todo entendido o DJ influyente tiene entre sus discos alguno de este italiano.

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Toda una vida dedicada a la música pero no es un músico pop típico de drogas, sexo and rockandroll. Vive con su madre en Sicila, a las faldas del Etna, alejado lde toda la industria discográfica. Battiato es ese músico al que todos conocen y todos desprecian. Al menos a primera vista, si su biografía no es interesante, su pinta lo es menos. Su pinta, su voz y sus letras son poco comprendidas, pero que al final siempre te enganchan, tejen una leyenda de amor y odio. Sus canciones son una decena de píldoras encadenadas que funciona por separado o todas juntas en una mezcla explosiva.

Centro de gravedad permanente. Los vídeos de los ochenta son víctimas de su época, no aguantan el tiempo, parecen un Bitelchus de cinco minutos de Tim Burton. Nariz, gafitas redondas, coletilla, pantalones estilo Steve Urkel y esos bailes tan ochenteros, mejor no recordarlo.

Necesito un centro de gravedad Permanente. Me gusta la mención al las matemáticas, física y geometría como algo que dibuja la perfección de la canción Estribillo cantado por barítonos, gran influencia de la ópera en la música italiana. Desde la primera vez que la escuché se ha convertido en un cdg permanente dodecafonico en mi vida.

Nómadas

En los descansos entre sus viajes, en las noches de invierno, Marco Polo narra a Kublai Kan las maravillas y las costumbres de la gente que vive en “Las Ciudades invisibles”. Quizá el maestro Italo Calvino está en su cabeza o en las de los que lo escuchamos.

Una noche cuenta cómo bailan esas gentes de las ciudades invisibles. Empieza con un suave “Yo Quiero Verte Danzar” y con la estrategia de un derviche, va girando tres veces en torno a la habitación. Con los brazos extendidos, una palma de la mano hacia arriba para recoger la gracia de Dios y otra hacia abajo para repartirla al mundo, girando sobre la espina dorsal para alcanzar el éxtasis y la comunión con dios. El ritmo irá desacelerándose hasta terminar con un vals. Esa noche terminó con un “Sentimiento Nuevo”. Una anatomía de como hacen el amor las civilizaciones de esas ciudades. Tumbado en el diván de Freud el Eros se hace palabra.

Otra noche cuenta las historias de amor, mezclando las suyas con las que ha ido escuchando. Los espejismos de “Los Trenes de Touzeur” que pasas por ciudades abandonadas, ciudades que vieron los ojos de los judíos deportados por Mussolini. Después “La Estación de los Amores” viene y va; y llegará sin avisar, ya verás, te sorprenderá. Volverá y no sabemos lo que durará. Las oportunidades viajan en los trenes de Tozeur, vibles para unos y unos espejismos para otros. Esa noche terminó con “Perspectiva Nievski” mezcla de los días de la revolución rusa. Un suave piano, leve como copos de nieve; Nijinsky, Stravinsky y las danzas rusas

La última noche, antes de partir, con la melancolía de la triste despedida, contará cómo los Nómadas buscan los ángulos de la tranquilidad dibujando la geometría de la inmensidad. El mundo que nos presenta Battiato es un mundo tumultuoso, en el que somos unos nómadas que solo encuentran refugio cruzando el desierto. Las canciones se despliegan sobre un suelo cubierto por miles de alfombras mediante una música dodecafónica en los que no predomina ninguna nota conformando una melodía.

Povera Patria

No sé donde leí una pintada que ponía: “La revolución es el opio de los intelectuales”. Si, en cambio, recuerdo a Battiato cantar: “Las barricadas se alzan por cuenta siempre de la burguesía que crea falsos mitos de progreso” en “Up Patriots to Arms!”, una canción que llamaba, en 1980, a la rebelión porque el agua de los ríos ya descendía muy crecida. Diez años después, en 1.991, un tsunami llamado tangentopoli arrasó la política italiana. Battiato profudiza en el sufismo se deja barba y da los conciertos sentado como si fuese Nusrat Fateh Ali Khan y compone esta maravillosa y triste Povera Patria:

Pobre país, aplastado por el abuso de poder
por gente mala, que no saben lo que es la vergüenza
se creen que son poderosos y que lo hacen bien
y que todo les pertenece

Entre los líderes, cómo bufones perfecta e inútil
Este país está devastado por el dolor…
pero no te dan un poco de dolor
los cuerpos en el suelo, sin más calor?

No va a cambiar, no va a cambiar
no va a cambiar, tal vez va a cambiar.

¿Pero como excusar a esas hienas en los estadios y a esos periódicos?
Hundimiento de la bota en el barro del cerdo,
Me avergüenza un poco y me duele
ver a un hombre como un animal.

No va a cambiar, no va a cambiar
es lo que va a cambiar, se verá que va a cambiar.

Espero que el mundo comparta de nuevo la normalidad
se puede contemplar el cielo y las flores,
ninguno de ellos es más de las dictaduras,
si tenemos un poco más de vida.

¿Les suena? No se vayan todavía, aún hay más. La historia ya sabes si que estamos condenados a repetirla. Berlusconi sube al poder y al cabo del tiempo, la corrupción y los escándalos vuelven a ser cumunes del día a día.  Battiato compone “Inneres Auge”, que le valen la enemistad de todo el grupo del Cavaliere.

Como una manada de lobos que baja de los altiplanos ululando
o un enjambre de abejas hambrientas devoradoras de pétalos olorosos
se precipitan rodando como piedras de altísimos montes en ruina.

Uno dice: ¿qué tiene de malo organizar fiestas privadas
con bellas chicas para agasajar a Líderes y Servidores del Estado?

No lo hemos entendido,
y, ¿por qué habríamos de pagar también los extras a los pelotudos?
¿Qué pueden las leyes donde reina sólo el dinero?

La justicia no es otra cosa que una mercancía pública…
De qué vivirían charlatanes y estafadores
sí no tuvieran dinero en efectivo para echarlo como anzuelo entre la gente.

Totalmente actual. Pasada la primera década del siglo XXI no se cuanto tiempo tendremos que aguantar todo esto. Es difícil hacer la revolución con una canción, pero mientras tanto superaré las corrientes gravitatorias.

Átomos versus bits

 

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En el año 388 antes de cristo, en la Academia de Atenas, que fundó Platón, paseaban el propio Platón y Aristóteles, el primero con la cara de Leonardo da Vinci en el cuadro de Rafael que cuelga en los museos vaticanos de Roma, Aristóteles a su lado sostenía la Ética.

Ver este cuadro es uno de los motivos por los que merece la pena ir a Roma, el otro es, por supuesto, pasear con alguien a quien ames por la ciudad Eterna, cualquier rincón, cualquier vista. Inolvidable.

Personas y conversación así se aprendía y se enseñaba, no había tecnología, ni ipads, ni libros ni prácticamente ningún utensilio de los que ahora vemos por cualquier aula.

Hoy en día estamos sufriendo un cambio en otro sentido pero volviendo quizá a las formas de la academia de Platón, la música se compraba en atomos (vinilos, cedés, casettes, etc.) y ahora son sólo bis que nos llegan desde multitud de dispositivos, los libros no se leen en papel sino en pantallas, los billetes, los tickets, las revistas, cada vez los atomos están siendo sustituidos por los bits, parece que no hay mucho más alla que sustituir pero las gafas de google  dan una vuelta de tuerca más a toda esta conversión de átomos en bits ¿y si ya no hiciera falta tener un ordenador, ni una pantalla, ni un móvil? todo esos “atomos” se convertirían en bits, y mas aún podríamos ir un paso más allá y convertir las cosas, “átomos” que nos producen ciertas sensaciones en una simple cadena de bits que nos produjera esas mismas sensaciones, más aún podríamos conectar un sistema informático con nuestro cerebro o sistema nervioso e interactuar directamente con la parte del cerebro que se encarga de hacernos sentir lo que necesitamos sentir.

No sufriríamos. O sí.

Aislamiento.

O podríamos convertir todos los átomos en bits y todos los bits en conversaciones con los demás y pasear con otras personas por la academia.
photo credit: recombiner via photopin cc

Obligados a la indignación

 

¿Cuándo nos hemos dado cuenta de todo? ¿Cuándo hemos despertado del dulce sopor de la conformidad y la vida muelle, nos hemos arrebatado y nos hemos asomado a la ventana con otra mirada? ¿Acaso los periódicos han dejado de destapar escándalos en los últimos veinticinco años? ¿No hemos escuchado en la radio tropelías y desmanes, bolsas de billetes, golfadas consistoriales, autonómicas y nacionales? ¿No se han dedicado esfuerzos teatrales en procesos judiciales que han resultado decepcionantes para el ciudadano? ¿No han existido gastos faraónicos, mordidas de todo color, tejemanejes sobre alfombras de seda, almuerzos en los que se dejaba todo atado? ¿Es qué, acaso, han cambiado la Ley Electoral y nuestros elegidos, ahora, son estabulados en listas inamovibles, designados por los partidos a quienes deben disciplina y voz, y antes no lo eran? ¿No hemos visto otras crisis, otros culpables, las mismas víctimas? ¿No hemos asistido a todo tipo de enchufes, contrataciones de favor, concursos con nombre y apellidos?

 

Todo no ocurrió ayer, pero hemos hecho como si así fuera.

 

En nuestro examen de ciudadanía se nos ha olvidado ejercitar la indignación, más allá de la barra del bar. En el ejercicio de nuestros deberes – ¡deberes! – como ciudadanos se nos ha adormecido una parte de la ética, unas veces la izquierda, unas veces la derecha, condenando a unos y absolviendo a otros, según viniera la brasa a la sardina de nuestras filias o fobias. En nuestras intervenciones en redes sociales nos faltan teas para prender piras en un lado, y nos faltan mangueras para extinguirlas en el otro, meros fuegos de artificio que duran lo que tarda en encenderse otro foco y llevarnos a la carrera a ejercer de pirómanos o de bomberos.

 

Hay que subir un escalón más. Todos – y yo me cuento – debemos subir al atril de la exigencia con una visión más amplia de lo correcto, lo ético, lo justo, lo debido, sin bandera y sin cuartel. Hagamos que el l’esprit de l’escalier no tenga que recordarnos en la bajada lo que tuvimos que decir en la tribuna.

A single house

La experiencia no es lo que le pasa a un hombre, sino lo que un hombre hace con lo que le pasa.

Siéntese cómodo. Para empezar, hablar de un clásico y de un tópico, 2. 001 Odisea en el espacio; y una secuencia en particular, la final. Después de uno de los viajes más alucinógenos, agobiantes y herméticos de la historia del cine, David Bowman, el protagonista y el espectador, exhaustos, creen llegar al final de su trayecto. Pero se encuentran en una misteriosa habitación, fría en te desnuda en la que parecen superficialmente dispuestos elementos característicos el hábitat humano. Poco a poco se descubre el misterioso objetivo, servir de jaula de observación en la que vivirá el resto de sus días. La escena no sería tan sobrecogedora sin esa misteriosa y milimétrica puesta en escena; la mezcla de vacío y muebles Luis XVI  ideada por el obsesivo Stanley Kubrick. A veces, la escenografía y el decorado se pueden convertir en un actor más de una película. Un buen decorado puede sugerir tanto como un buena construcción de los personajes o una buena actuación. Alimenta la necesidad humana de querer saber más lo que hay detrás del protagonista.

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Siempre me han gustado las casas de las películas, no se si por desviación profesional o porque soy un mirón o un cotilla. Pero, lo que en realidad intento, es saber más de los personajes por el lugar en el que habitan y saber de lugar que habitan por los personajes. La casa de George Falconer, interpretado magistralmente por Colin Firth, el protagonista de A Single Man (2.009) es una de mis obsesiones. La relación vivienda–propietario me parece una de las más interesante del cine de  últimos años.

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La elección del escenario y la relación con el protagonista demuestran la pericia de su director, Tom Ford, adquirida como responsable de los diseños y campañas publicitarias para la marcas de moda Gucci e Yves Saint Laurent. Los trajes, el coche y la casa nos transportan a la vida del protagonista, un elegante profesor de universidad que no puede sobreponerse a la perdida de su pareja:

“El auténtico dolor que supone perder a alguien querido no se produce en el momento traumático de su muerte, sino en los pequeños detalles que, día a día, te van recordando su ausencia. Durante los últimos ocho meses, despertarme ha sido doloroso. La fría certeza de que aun estoy aquí me invade lentamente. Nunca fui de los que saltan de la cama y reciben el día con una sonrisa.”

Los detalles del día a día que contiene la casa, fotografiados con luz anodina provocan los recuerdos del pasado, de una casa viva con una luz limpia y dorada rasante del atardecer.

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La casa Schaffer

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John Lautner (1.911–1.994) es un arquitecto de cine, diseñó las viviendas más fotogénicas y cinematográficas de Los Angeles, que representan la construcción del sueño americano y la época dorada de Hollywood. Los Schaffers compraron una parcela en Glendale, condado de Los Ángeles, al finalizar la guerra. Durante un tiempo la utilizaron para ir los fines de semana y hacer picnic debajo de los frondosos robles que daban sombra en toda la parcela. Enamorados del lugar, al hacer el encargo al arquitecto, lo dejaron bien claro: “una casa en la que me sienta como debajo de los árboles, en un picnic”.

La vivienda se construyó en 1.949. El arquitecto cumplió con los deseos de los clientes o ahora se puede decir eso porque no conocemos sus quejas. La casa tiene una distribución sencilla: tres dormitorios, dos baños, salón, cocina, garaje y lavandería.
Una de las principales características de la casa es que no tiene fachada principal. Una valla es lo único que se puede ver desde la calle. La entrada principal se sitúa al lado del garaje, señal de la integración del automóvil en la sociedad de la época. Dentro de la vivienda, toda la superficie del tejado parecen hojas nervadas que se apoyan en un tronco formado por la chimenea del salón, que a su vez articula los distintos espacios del interior. La situación de la casa en la parcela conforma distintos espacios a los que se abren las habitaciones; a los dos patios principales el salón, con doble orientación y los dormitorios a distintos patios que resguardan su privacidad. Los porches son lugares intermedios entre el interior y el exterior. Los aleros salientes, que dan sombra e intimidad y recogimiento a la casa protegen los grandes ventanales, que dan luz al interior. Las cubiertas superan el espacio delimitado por muros bajos y ventanas longitudinales, que hacen parecer que todo el techo flota sobre la vivienda.

Las grandes superficies acristaladas parecen un gran inconveniente a primera vista, pero todo el suelo de la vivienda es radiante, con lo que se aseguraría una buena temperatura en invierno. En los cálidos veranos de California, la sombra de los árboles, los grandes aleros y las ventilaciones cruzadas garantizarían una buena temperatura.

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En esta, una de las primeras viviendas unifamiliares de Lautner, se deja notar la influencia de su maestro, Frank Lloyd Wright y a través de este, de la arquitectura japonesa. Es una “casa de la pradera”. Se nota claramente la influencia de la Taliesin West, donde trabajó como delineante, en la inclinación del lucernario del techo de la cocina. La influencia de la arquitectura japonesa se hace presente en la graduación de la luz para la división de los espacios y la relación con el paisaje. La horizontalidad, los grandes aleros y el porche como prolongación del jardín integran la casa en el espíritu de la naturaleza o kami, base del sintoismo japonés. El jardín también es de influencia japonesa; utiliza la técnica del Shakkei o paisaje prestado, incorporando el paisaje que hay más allá del jardín como elemento propio. La influencia de Wright y la arquitectura japonesa se unen con la influencia organicista. ¿La forma sigue a la función? Sí, pero lo que importa más ahora es que la forma y la función son una. Las cubiertas como hojas que se posan suavemente en el suelo y la expresividad de los los materiales naturales, como la sequoia roja, madera de esos árboles típicos de California.

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Todo esto conforma una máquina de habitar perfectamente emsamblada, con los materiales cómodos y cálidos. En el interior, la vista busca los ángulos por los que escapar hacia el paisaje, como debajo de un gran árbol.

Affiches. Visite nuestro ambigú.

Me gustaba cuando se colgaban los affiches en las fachadas de los cines. Cada tarde, cuando volvía del colegio, me paraba a mirarlos intentando hilar un argumento para ellos e imaginar cómo era la película. Ahora, al mirar las fotos de esta casa intento hacer lo mismo, hilar un recorrido para comprender mejor su funcionamiento y cómo podría ser la vida de las personas en ella. Es el proceso contrario a la creación arquitectonica; o en realidad, es el mismo, partir de una imagen y crear una historia.

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Foto 1. Entrada. Lo único que se ve desde la calle es el garaje y una valla que protege la vivienda de miradas indiscretas. La entrada a la vivienda no se muestra directamente, se encuentra siguiendo la valla de lamas de madera.

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Foto 2. Entrada vivienda. Doblando la valla de lamas de madera, bajo un techo bajo se llega a la puerta principal de la vivienda. Suelo exterior de hormigón continuo. Hay otra entrada directamente a la cocina desde el interior del garaje, para facilitar la entrada de la compra.

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Foto 3. Recibidor. Desde el recibidor se domina la casa.

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Foto 4. Salón. El techo asemeja una hoja nervada descansando sobre la chimenea.

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Foto 5. Salón. Transparencia y aleros que protegen la casa del sol.

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Foto 6. Exterior. Lucernario de la cocina. Puertas pivotantes.

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Foto 7. Cocina. Esta es “la cocina que enamoró a Frank Ghery” y que copiará en su propia casa. El techo se eleva el inclina para recibir el sol de la mañana. A continuación el comedor, para ser usado cerca de la cocina.

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Foto 8. Pasillo. Pasillo exterior totalmente acristalado que conduce al las habitaciones y baños.

Foto 9. Habitación. Muebles y armarios originales.

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Foto 10. Habitación. Muebles y armarios originales.

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Foto 11.Habitación. De forma triangular, sorprende el gran ventanal con vistas a un patio privado.

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Foto 12. Baño. Sobresale el sorprendente revestimiento de chapa  galvanizada ondulada y los radiadores empotrados. Los focos se encuentran camuflados en una doble viga.

Ya no cuelgan los Affiches en las fachadas de los cines. Me gustaban esas cajas donde se exponían, forradas de terciopelo rojo; pinchadas con alfileres como si fueran insectos, siempre en el mismo sitio, para no descubrir la diferencia de color del terciopelo comido por el sol. En realidad ya no hay cines, se han convertido en la prolongación del centro comercial. Quisiera ser como Julius Shulman el fotógrafo del Movimiento Moderno en Los Ángeles. Su sintonía con el espíritu la arquitectura era tan intenso que cuando empezó a tener encargos de arquitectura posmoderna se sintió tan vacío que decidió dejar de hacer fotos. Me siento vacío cuando voy al cine y cuando veo algunas casas. Casas, cine y el material con el que están hechos los sueños

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The End.

En la actualidad, la casa Schaffer, se encuentra deshabitada y en venta por 1,395 millones de dólares. La crisis económica y su singularidad hacen difícil su venta; nadie quiere comprar una casa donde no pueda colocar su vida, hay casas que tienen vida propia y es difícil imponerles otra. Debajo de sus porches y los árboles de su jardín escuchas a quien te cuenta que los amantes son como los autobuses, que basta con sentarse y esperar a que pase otro; y que hasta de las peores cosas sale algo bueno, como los bellos colores del anochecer fruto de la contaminación. O mejor, como dice George Falconer:

“Unas cuantas veces en mi vida he experimentado momentos de una claridad meridiana. En los que durante unos breves segundos, el silencio ahoga el ruido y puedo sentir en lugar de pensar. Todo parece muy definido, el mundo claro y fresco como si todo acabara de nacer.”

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