Monthly Archives: enero 2013

Esta película ya la he visto

Para mi que esa estadística de pernoctaciones la he visto ya antes...

Esa estadística de pernoctaciones la he visto yo antes…

 

La imagen que tengo, como ciudadano, de la actividad política no es, de entrada, ni buena ni mala: es previsible. Abrir el periódico u oir la radio me causa una extraña sensación de deja vú. “Esto ya lo he oído antes”, pienso, y si no fuera porque el tabaco sube de precio y mis hijas crecen de estatura, creería que me han encerrado en un tortuoso chiste sin gracia que se repite sin principio ni fin.

Hay cosas que se repiten y gustan. Esa canción que cuando suena en la radio subes el volumen, la tapa de ensaladilla rusa que siempre pides o una película imán que no puedes dejar de ver aunque la repongan todas las semanas. Otras, sin embargo, han conseguido arrancarles todo interés, toda curiosidad, hasta el punto que parece siempre la misma canción. Un ejemplo: Fitur. Sus cifras, sus asistentes, las previsiones, la presencia de Málaga, la presencia de Andalucía, su estand, la visita de los Príncipes, la ruptura de la estacionalidad, la ampliación de la oferta, el sol, la playa, el turismo cultural, Picasso. Esas cifras ya las he escuchado yo, ese tonillo, esos latiguillos, esas frases hechas. No se si se aprovechan las crónicas de un año para otro, o los informes, sacándoles el bajo para que sirvan un añito más. ¿Por qué no hacen la prueba de la intrascendencia de esa información? Que salga alguien y diga que el turismo anglosajón ha incrementado su presencia en una ratio inversa de 3, que los turistas toman más helados en agosto, y que se quiere fomentar que los consuman especialmente en Mayo – por exigencias de producción -, que se han firmado convenio de colaboración con el Buró Internacional de Gestores de Trabalenguas y Amigos de la Cria Caballar para potenciar la presencia de Málaga, de Andalucía y de España en los Campeonatos Mundiales de Petanca, que tendrán lugar en Kuala Lumpur en 2020 y que este año, en lugar de cumpleaños feliz, le han cantado al Príncipe “Paquito el Chocolatero”. Nadie se sorprendería, porque nadie habría prestado atención.

Hacer que las cosas importantes resulten tediosas es el arte de la letra pequeña, y nada ata más que el desentenderse.

 

La Leyenda del Santo Bebedor. Collage de textos.

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Cuarenta y cuatro años.

No era bueno contemplar con sus propios ojos la depravación de uno mismo; mientras uno se ve obligado a contemplar su propio rostro, es como si simplemente no se tenga rostro, o que éste sea el antiguo, aquel de antes de caer en la depravación.

Lo noto al entrar. Por primera vez en toda la mañana siento el latir mi corazón, ese segundo es lo que me da la vida todas los días para seguir. Un olor dulce, mezcla de madera y vino agrio entra en mis pulmones convirtiéndose en un latigazo que, cuando llega al corazón, me hace resucitar. La habitación siempre es la misma, podría estar en cualquier sitio. Solo una barra y algunas mesas de formica y patas negras, igual que las sillas. En la pared hay una estatua de la virgen protectora,  un fetiche de los barcos que hace tiempo no salen al mar. Aquí enjuago mi tristeza alcohólica para no oír el paso del tiempo. Esperando que llegue algún conocido o desconocido al que contarle mi historia por un vaso de vino para saciar mi sed de olvido.

Justificar un regalo de me parece un crimen contra la humanidad, y contra lo espontáneo que nos hace humanos. Nunca lo he hecho. Nunca he practicado el regalo práctico ni he buscado una justificación para hacerlo. “Pasaba por una tienda en Berlín, te imaginé con esta bufanda y te la he traído” o “Una edición preciosa que no puede menos que resaltar en tu inexistente biblioteca”.

Ahora que lo pienso, igual he regalado sólo por vanidad…

En este caso, el regalo ha sido, no por vanidad, sino por igualdad, por el compañerismo que da servicio partenaire de banco entre los galeotes. Verás que es un libro mínimo, que (como la mayoría de ellos) encierra el poder de hacernos reflexionar sobre nosotros mismos -tu y yo- que andamos perdidos entre el ser y el deber ser, insatisfechos por no poder dar lo que se espera que debiéramos, deseando infatigablemente que se valore el esfuerzo y no los resultados.

Ahora que lo pienso, igual este regalo no lo he hecho por igualdad sino por vanidad.

Por la necesidad de encontrar el compañerismo que da tener alguien que comparta el banco de los galeotes, ensoñando en la idea de que pueda haber un “nosotros”, y no sea yo quien ande sin rumbo entre el ser y el deber ser, con la insatisfacción de no poder dar lo que se espera que debiera y deseando con ardientemente esperanza que haya alguien más a la espera de que se valore el esfuerzo y no sólo el resultado.

Sea por un motivo o por otro, espero que lo disfrutes. A mí me calma. Igual a ti, no. No lo se, sinceramente.

No recuerdo si estuve allí o alguien me lastró con una maldición al contarme esta misma historia. Ya ha pasado un día más. Lunes, miércoles, domingo, todos iguales. No hay fin de semana, ni navidad ni huelgas que cambien el paso del tiempo ni el destino. Las horas, los días se consumen pronto mirando el fondo de este vaso, contemplando como baja lo que haya dentro. Vivo en este dulce conformismo que calienta mis venas, como en la aparente felicidad de esa  gente que vivía en el paraíso. Así son mis días, no recuerdo nada de lo que ha pasado, solo espero entrar mañana otra vez por esa puerta y sentir ese latigazo que me haga llegar al día siguiente.

“Denos Dios a todos nosotros, bebedores, tan liviana y hermosa muerte”

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Interesante…

Percusión: Somos un jodido laboratorio de ideas

Percusión: Alguien debería reflexionar sobre ello

Piano: El primer libro de desprendedores escrito en guasap!

Piano: Con ilustraciones

Piano: En el mercadillo había uno que liberaba móviles… Una mesa, un ordenador y células solares para el ordenador. Estos africanos… Han aprendido lo q es el
Marketing.

Bajo: Hablando de libros

Bajo: El Secreto

Bajo: Ese libro que sigue siendo un éxito de ventas

Bajo: Lo habeis leido

Bajo: Que es?

Saxo: Yo sí

Saxo: New Age

Saxo: Si de verdad quieres algo, el universo conspira para dártelo.

Saxo: Si estás harto de “Está todo mal”, lo puedes leer para equilibrar

Piano: Jajaja

Saxo: Voy a rt un enlace de Economist sobre emprendedores, echad un vistazo. Resumen: por eso Europa está fatal.

Percusión: Os recomiendo como lectura estival “Crimenes a largo plazo”. Mafia londinense en los sesenta.

Piano: Hummmm… Me encantan las películas de Guy Ritchie

Piano: Cerdos y diamantes, Rockandrolla…

Percusión: Es más descarnado de Ritchie

Piano: Jajaja

Percusión: Además, los protagonistas se mueven en el submundo gay de la época

Piano: Si, se casó con MDN para disimular

Percusión: Lores, policías corruptos, chaperos, anfetaminas

Piano: Joder! El mundo en el que me muevo!

Piano: Tenéis alguna anécdota sobre la muerte, El Ocaso, seguros o parcemasa?

Piano: Os la copio

Saxo: Te patrocinan la columna?

Piano: No, al revés… Sobre el IVA de morirse

Piano: Reirte de la muerte sale barato y cuando te mueres no lo pagas

Piano: Jajaja… Lo vamos a defraudar?

Saxo: Ah…. Eso se llama “cliente cautivo”. Recauda donde no le queda más remedio que pagar.

Piano: Jajaja

Piano: Robado!

Saxo: Necesito un consultor que me ayude sacar dinero de mis ideas. Le doy un porcentaje de lo que gane.

Percusión: Saxo!

Percusión: Ya me engañas con otro!

Saxo: No, tu quieres que yo trabaje, yo quiero que me paguen por las ideas.

Saxo: Sé que hay gente que vive de esto. En EEUU.

Percusión: Dios

Percusión: Donde ha quedado ese espíritu calvinista…

Saxo: En la cesta de los labores, al lado del sofá.

Percusión: El mundo se acaba. Esto es el signo definitivo.

Saxo: Lo de vender ideas es como prostituirse, una solución provisional mientras encuentro a qué dedicar mi vida.

Percusión: Ejercer la abogacia de forma temporal… es el sueño. Luego, nunca lo dejas

Saxo: Es posible, pero mírame, he conseguido salir del mundo del trabajo por cuenta ajena.

Percusión: Un golpe de suerte

Piano: Miradme a mi, la arquitectura ha sido temporal… Ahora fregando el cuarto de baño

Piano: Es una bendición los baños de 4m2 de las vpo!!!

Piano: Gracias arquitectos! Los arquitectos amos de hogar os agradecen los baños de 4m2!!!

Percusión: ¿Cual es el problema? ¿Que hace que nos sea capaz de arrancar?

Piano: Tuiter y guasap

Piano: Nuestra creatividad se hunde en el pozo en el que se crea

Percusión: Interesante

Foto: Phil Campbell

Verdades, ¿universales?, ¿eternas? (2): la crisis de valores

 

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Así a bote pronto los valores no están en crisis, no por nada sino porque, en sí mismo los valores o son buenos o son malos, por tanto “los valores no entran en crisis, sino los sinvergüenzas en acción”, todo esto viene a cuento de una conversación de twiter (que se puede consultar aquí) en la se pretendía analizar la actual crisis de los medios de comunicación, y como no, la tan manida falsa verdad de estamos en una crisis de valores, ha salido a relucir.

Que unos cuantos hayan cometido delitos, malversado fondos públicos (políticos) , tomado malas decisiones en sus inversiones (bancos), dado subvenciones a amigos sin mirar para qué ni porqué (políticos otra vez) o ahogado a los pequeños empresarios con intereses, comisiones, seguros o cualquier otra artimaña (bancos de nuevo) no significa que no haya valores o que los valores buenos no existan.

Echarle las culpas a los que no están, los que no pueden defenderse o simplemente lo que es intangible, como los valores, es no querer darse cuenta de que la solución la tenemos que traer nosotros.

No hay una crisis de valores.

El mundo está cambiando y precisamente son los valores lo que se mantienen.

Hagámos valer los valores y adaptémonos al mundo, otra cosa será tirar balones fuera.

photo credit: Hayes Valley Farm via photopin cc

Dos desconocidos.

3167833417_34dda71ff2_zNo sé muy bien por qué terminé hablando con aquel tipo enorme que no me dijo su nombre. Tal vez me lo presentó alguien, o sencillamente yo estaba allí justo a tiempo para escuchar su historia. Siempre me fascinan esas personas que están dispuestas a revelar a un desconocido el secreto de su éxito en los negocios, la clave para conquistar veinteañeras o el ingrediente secreto de su exquisito soufflé. Este era uno de esos casos.

-Aquí donde me ve tengo cincuenta y cuatro  años, tres divorcios y dos quiebras a mis espaldas. Aproveche mi sabiduría amigo mío, sé cuanto hay que saber de la vida. 

No se me ocurría ninguna forma mejor de arruinar una noche de jazz. En el escenario un trío acústico con una cautivadora cantante revisitaba “It was a very good year” de Ervin Drake, mientras yo me disponía a recibir una “lección magistral” sobre todas las cosas.

-En los años gloriosos de la construcción gané muchísimo dinero especulando con pisos de lujo. Recorría toda la ciudad eligiendo los mejores rascacielos en construcción. Compraba sobre plano y vendía a los pocos meses con un suculento beneficio. Pero cuando realmente me forré fue cuando descubrí a “The Collins company”. Aquellos tipos sí que tenían clase construyendo; ya no se hacen edificios como aquellos. Compré un apartamento en la planta 34 de “The pinnacle” y lo revendí a los seis meses. Más tarde invertí los beneficios y todos mis ahorros en varios apartamentos de las torres “Paramount” que los Collins construyeron junto al parque central y… ¡bingo! De nuevo duplique mi inversión gracias a aquellos Irlandeses que parecían construir para que otros nos enriqueciéramos a su costa.

En condiciones normales ya habría utilizado alguna de mis más exquisitas evasivas para poner un final anticipado al monólogo pero algo me condenaba a resistir hasta el desenlace. Le ofrecí otra copa y continué escuchando.

-Los muy bastardos continuaban construyendo proyectos cada vez más impresionantes. Nadie cómo los Collins para elegir los mejores terrenos y erigir sobre ellos edificios exquisitos con todo tipo de comodidades; aparcacoches, conserje, piscina cubierta, club social. Una vez más lo aposté todo a la torre “Summit” que erigieron  en la avenida que corre paralela al río. Las mejores vistas de la ciudad. En esta ocasión compré dos de los cuatro áticos y dos apartamentos en la planta treinta. Me instalé en uno de los áticos para gestionar mis inversiones desde allí.     

-Magnífica elección – apostillé para darle la oportunidad de respirar.

-Nada de eso, amigo mío. La demanda empezó a decaer y los precios a desinflarse. Tan sólo puede revender uno de los cuatro apartamentos y no recuperé ni el precio de compra. Las hipotecas se hicieron insoportables y el banco embargó todo cuanto tenía. ¡Maldigo a esos Collins, irlandeses de ego inflado que me llevaron a la ruina! Aquellos extravagantes edificios de exquisitos materiales me hicieron perder el juicio y todo cuanto tenía. 

-Lamento mucho lo que le ocurrió pero no acierto a ver que responsabilidad pudieron tener los Collins en su desgracia. 

-Mi querido amigo, cuanto tiene usted que aprender. de la vida. Además, no creo que entienda usted nada de este negocio. ¿a qué me dijo que se dedicaba?  

-Mi nombre es Paul Collins y soy promotor inmobiliario. 

En el escenario la cantante saboreaba cada palabra de la maravillosa “How Insensitive” de Antonio Carlos Jobim. Nunca hubiera podido escoger una canción más oportuna.

Ya no hay nadie Ayumi…

Ayumi adora Tokio. Desde niña soñó con vivir en la gran ciudad. En aquellas interminables noches de estudio, se imaginaba trabajando como abogada en uno de aquellos imponentes edificios del barrio Marunouchi.

Ayumi lo ha conseguido. Cada mañana, cuando sale del metro y atraviesa la avenida Hibiya Dori, siente que la dicha le invade y sonríe. Sabe que está en el lugar que merece.  A las siete en punto llega impecablemente vestida al edificio Meiji Seimei Kan. Hoy lleva un perfecto traje de chaqueta gris claro con unas finas rayas color tiza, blusa azul cielo y zapatos de salón de tacón medio. A diferencia del resto no mira la pantalla de su móvil.

A sus veintiséis años Ayumi siente que ha alcanzado la felicidad.  No le pesan las catorce horas de trabajo diarias. Pronto tendrá su primera semana de vacaciones desde que termino la carrera y podrá volver a Sendai con su familia.

Sobre las 12:46 nota un breve temblor en el edificio; nada fuera de lo común en Tokio. Un inmenso minuto mas tarde el temblor se convierte en terribles sacudidas. Hay pánico y confusión. Todos siguen el protocolo de seguridad al pie de la letra. Ayumi piensa en sus padres y en su hermana. Al fin las sacudidas terminan y todos bajan a la calle por las escaleras. Ha sido el mayor terremoto en mucho tiempo.

Ayumi camina sin rumbo intentando calmarse. Suenan alarmas, la gente corre y habla por teléfono agitadamente.  Ayumi marca el número de su casa pero no obtiene respuesta. El móvil de su hermana Haiko parece apagado. Llama a la consulta de su padre pero nadie responde. Ayumi no piensa, solo camina. Sin saber por qué entra en un centro comercial en Ginza. Todo el mundo se agolpa en el escaparate de una tienda de electrónica. Ayumi espera pacientemente su turno para pasar al frente.

Ya nadie habla. Docenas de pantallas de plasma muestran imágenes de su ciudad. Ayumi reconoce las calles, los edificios y los parques. La lengua de lodo grisáceo, escombros y chatarra avanza lentamente engulléndolo todo a su paso. Casas a la deriva, barcos chocando contra puentes, autobuses y coches flotando como juguetes en una piscina. Por un momento Ayumi se siente como atrapada en un sueño. El sonido del teléfono le sobresalta. Antes de mirar la pantalla se detiene unos segundos en los que recorre con la mente toda su vida. Quien llama es Aiko, su hermana.

Durante una eternidad ninguna de las dos puede romper el silencio. Aiko, entre sollozos, apenas logra decir:

-Ya no hay nadie Ayumi… No hay nada; estamos solas.

Verdades, ¿universales?, ¿eternas?

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Seguro que han oído hablar del experimento de los monos y los plátanos (aquí lo cuenta Antonio España fenomenal así que no les voy a cansar: Lo privado funciona en la sanidad también) lo explicaron originalmente  Gary Hamel y C. K. Prahalad en su libro Compitiendo por el futuro y creo que demuestra como a veces sin saber porqué se siguen haciendo las cosas de una manera que ni es la mejor ni nos gusta, pero que la rutina se empecina en enquistar, esto pasa en casi cualquier ámbito de la vida pero cuando pasa con la “cosa” pública uno tiene la sensación de que entre todos debemos de cambiarlo.

Existen muchas y seguro que a ustedes se le ocurrirán decenas, una de ellas ocurre en la gestión de proyectos de la administración, se ha establecido como norma ad eternum que el político debe decidir qué se hace y llama a un técnico y éste dice cómo se hace, se forma así una especie de estructura de compartimentos estancos en la que en muchas ocasiones difícilmente se pueden depurar responsabilidades cuando algo ocurre.

Hoy en día desde casi todo se puede modelar (les recomiendo que echen un vistazo cómo se puede aprender de este asunto en Model Thinking) y si bien no se pueden predecir al cien por cien lo que pasará si se pueden tomar decisiones sobre los grandes proyectos con una fuerte dosis de certidumbre, desterrando así el indeseable método de prueba y error, no porque sea un asunto poco científico sino porque cada error en dicho método suele significar una gran cantidad de dinero, por supuesto de los contribuyentes.

Los políticos ya deben saber como hacer las cosas y si no saben, y deben hacerlas los técnicos, sobran.

Las inversiones se pueden hacer en función de parámetros objetivos y basadas en criterios concretos, y así se debe hacer y no al revés buscando informes o estudios que avalen caprichosas decisiones.

Si hace falta un metro se hace un metro y si no se puede pagar, ni siquiera se estudia esa posibilidad,  y si un tranvía es capaz de resolver un problema no se hace un metro.

A la hora de diseñar soluciones casi nunca se usa la solución que resuelve algo en el cien por cien de los casos, no se puede diseñar una red de saneamiento como si todos los días fueran cómo el pasado 17 de noviembre en Málaga, eso sería costosísimo e inútil por mas que los políticos se dediquen a decir  lo contrario de cara a la galería.

Estos son los problemas y las consecuencias de tener un gran numero de responsables públicos cuyo bagaje es más dentífrico que científico, sí dentífrico pues parece que solo saben sonreír para salir en la foto.

Así nos va.

Fotografía de Alexis Miranda Villarán